Yuri Maier se motiva en el frío ruso para el calor de Río

Yuri Maier con el paisaje nevado de la ciudad de Vladikavkaz
Yuri Maier con el paisaje nevado de la ciudad de Vladikavkaz Crédito: Secretaría de Deportes
El luchador argentino, que ayer ganó la medalla de plata en los Odesur, en Chile, vive en una zona inhóspita, cerca de los campeones y le apunta a los Juegos de Río 2016
Gastón Saiz
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11 de marzo de 2014  • 09:11

Cayó de punta con todo el peso de su cuerpo y el de su rival sobre su hombro derecho. Se rompió los dos ligamentos que sujetan la clavícula. Un dolor insoportable que a mediados de octubre de 2013 le interrumpió a Yuri Maier su carrera deportiva. Entonces se entrenaba fuerte en San Petersburgo y quería rendir a pleno para los Juegos Odesur . Pero no pudo ser: vivió la incertidumbre de 90 días de rehabilitación y llegó con lo justo a la cita en Santiago de Chile. Al final, ayer se llevó una recompensa: la medalla plateada en lucha libre (97 kg.), tras perder en la definición por 6-1 ante el colombiano Jarlys Mosquera. "Bastante bien. Estuvo parado tres meses y se entrenó 15 días", argumentó Erick León, el coach cubano del seleccionado nacional.

El correntino Maier, N° 15 del ranking mundial de la Federación Internacional de Lucha (FILA), apostó varios plenos para moldear el futuro: su vida gira hoy alrededor de los Juegos Olímpicos de Río 2016. Es su objetivo y su obsesión. Resignó los rituales de su tierra natal, Laguna Seca, y encontró un lejanísimo punto del mapa que él considera el paraíso de los luchadores. Desde hace tres años se radicó en Vladikavkaz (315.000 habitantes), en la República de Osetia del Norte, Alania, en el sur de Rusia. Al frío riguroso de ese lugar inhóspito -sin boliches ni diversión- este atleta de 24 años le contrapone el fuego de un sueño que terminará justo después de Río, porque se retirará de la actividad.

"Estadísticamente es la cuna de los campeones olímpicos y mundiales. Sólo en los Juegos de Londres 2012, cinco o seis medallas fueron ganadas por luchadores que se entrenan en ese lugar donde resido, incluso representando a otros países", dijo a deportes.gov.ar.

Comenzó a los 9 y tres años después ya había obtenido el Open Internacional de Chile. Su nombre ruso y su apellido alemán nada tienen que ver con su vocación por la lucha; fue una decisión exclusiva de él. Tampoco hubo un factor genético para que se dedicara a este deporte basado en tomas y llaves; nadie de su familia lo practicó.

Yuri es un rara avis del deporte argentino que hasta convivió con el estruendo de los bombardeos en Chechenia (ciudad que queda a 40 kilómetros) y los continuos rumores sobre ataques terroristas. Pero encuentra muchos puntos positivos en ese paraje ruso. Los luchadores son muy bien vistos en esa sociedad. Se los trata de una manera tan particular y distinta del resto, que hasta obtienen ventajas "para los negocios o para contraer matrimonio", según contó alguna vez.

Además del desarraigo, el idioma y la adaptación a una cultura totalmente diferente, Maier -medallista de bronce en los Panamericanos de Guadalajara 2011- tiene el orgullo de haber ganado otra batalla: que la lucha siguiera en el programa olímpico. Este deporte casi se queda afuera de Tokio 2020, pero él colaboró para la defensa que efectuó la Federación en la 125° Asamblea del COI, en Buenos Aires. Editó videos, ensayó discursos y participó de varias reuniones. Finalmente, los votos a favor del Comité Olímpico lo llenaron de satisfacción.

Ahora mismo, los Odesur no le dieron el oro que él ansiaba, pero sabía que llegaba disminuído físicamente. Tuvo que recurrir a un planteo de combate más mezquino para reservar energías. Sin embargo, no le alcanzó. Tras su paso por Santiago, Maier ya regresa a Rusia para reanundar los entrenamientos diarios de siete horas. "Me quedo hasta fin de año y me voy a preparar para varios torneos. En julio tengo el festival Panamericano, en México, y en septiembre está el Mundial. Después vuelvo a competir en la liga alemana", explica Yuri, trotamundos de la lucha.

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