Carlos Ortiz de Rozas: una voz con peso propio en la diplomacia

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15 de marzo de 2014  

Figura de referencia en el campo diplomático e incansable impulsor de acuerdos y misiones de paz fue el embajador Carlos Ortiz de Rozas, que murió a los 87 años, luego de brillar por sobrados méritos en el servicio exterior de LA NACION. Dos veces presidió el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) y encabezó la Asamblea General del organismo, además de destacarse como embajador en Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia, muchas veces en circunstancias complejas.

Nacido en Buenos Aires en 1926, era tataranieto del brigadier Juan Manuel de Rosas, a quien le reconocía su encendida defensa de la soberanía nacional. Ello no impedía, sin embargo, su admiración a otros próceres que lo combatieron, como Domingo Faustino Sarmiento.

Se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires y egresó de la Escuela Diplomática de la Cancillería. En 1948 ingresó al servicio exterior y alcanzó el rango de embajador en 1967. Fue dejado cesante en 1956 por la Revolución Libertadora y reincorporado dos años después por el presidente Arturo Frondizi, quien lo designó consejero de la misión permanente ante la ONU.

Comenzó, así, una destacada trayectoria en la diplomacia internacional. Ministro plenipotenciario en Egipto, fue observador en la conferencia de países no alineados de El Cairo, en 1965. Presidió el Consejo de Seguridad de la ONU en marzo de 1971 y en julio de 1972. En ese tiempo, Francia lo propuso como secretario general de la ONU y obtuvo 13 votos sobre 15, pero el veto de la Unión Soviética impidió su designación.

Luego de haberse desempeñado como ministro plenipotenciario en Londres y embajador en Austria, Ortiz de Rozas fue testigo de una negociación secreta en torno a las islas Malvinas. El canciller de Perón en 1974, Alberto Vignes, lo llamó para participar de una gestión con Gran Bretaña, que le propuso a la Argentina establecer un condominio sobre las islas. El documento reservado fue entregado el 11 de junio de 1974 y proponía enarbolar las banderas de ambos países en Malvinas, proclamar el inglés y el castellano idiomas oficiales y que el gobernador del archipiélago fuera designado de manera alternada por la Reina de Inglaterra y el presidente argentino. "Si ponemos un pie en las islas, no nos sacan más", le confió Perón a Ortiz de Rozas, pero el líder justicialista murió tres semanas después y la negociación se frustró.

Entre 1980 y 1982 fue embajador en Gran Bretaña. Designado jefe de la misión especial ante la Santa Sede para las negociaciones con Chile por el Canal de Beagle, en un hotel en Roma se enteró del desembarco de fuerzas argentinas en las Malvinas. Ortiz de Rozas la consideró una decisión política equivocada y dramática. "Malvinas es siempre una causa nacional. Pero no tenemos una política de Estado", declaró después.

Con el retorno de la democracia, el presidente Raúl Alfonsín lo nombró embajador en Francia e integró la Academia Diplomática Internacional, con sede en París. Carlos Menem lo designó en 1991 embajador en Estados Unidos, función que cumplió durante dos años.

De profundas inquietudes culturales, Ortiz de Rozas ejerció la docencia universitaria y presidió la Fundación Bunge y Born y la Alianza Francesa de Buenos Aires. Fue uno de los fundadores del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Autor de varias publicaciones, en su libro Confidencias diplomáticas, publicado en 2011, relata sus memorias y comparte anécdotas. Estaba casado con María del Carmen Sarobe.

Sus restos fueron sepultados ayer en el cementerio Jardín de Paz.

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