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Inevitable

Alejandro Lingenti
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22 de marzo de 2014  

Inevitable (Argentina-España/2013)/ Dirección: Jorge Algora/ Guion: Jorge Algora, Héctor Carré, basado en una obra teatral de Mario Diament/ Elenco: Darío Grandinetti, Federico Luppi, Carolina Peleritti, Antonella Costa, Mabel Rivera/ Fotografía: Suso Bello/ Sonido: José Alberto Suárez, Rubén Piputto / Montaje: Guillermo Represa/ Música: Berrogüetto/ Producción: Susana Maceiras, Luis Sartor/ Duración: 97 minutos/ Calificación: apta para mayores de 16 años.

Nuestra opinión: regular

Son demasiadas, y bastante forzadas, las casualidades que hilvanan la historia de esta película del español Jorge Algora. Basada en la obra teatral Cita a ciegas, de Mario Diament, tiene como protagonista a un gerente bancario agobiado por las miserias de su trabajo y la rutina de su matrimonio que se enamora perdidamente de una escultora, cuya madre es paciente de su esposa psicoanalista. Al mismo tiempo, el gerente se encuentra por fortuna con un escritor ciego que escucha sus problemas y lo aconseja. De ese escritor -que Federico Luppi compone a imagen y semejanza de Jorge Luis Borges- está enamorada desde hace años, y en silencio, la madre de la escultora que se psicoanaliza.

Hay que hacer un esfuerzo importante para comprar esa trama llena de vínculos calculados desde el guión, para terminar de aceptar su verosímil. Y también para no aburrirse con una serie de tópicos muy transitados sobre los que la película de Algora no dice nada nuevo: la abulia de la vida en pareja, el impiadoso mundo de los negocios, la extravagancia de los artistas... Inevitable, una palabra repetida hasta el hartazgo en el film, parece condenada desde su propio título a replicar lugares comunes de un cine solemne y didáctico que por acá estuvo en boga en los 80.

El elenco resuelve con eficiencia las ataduras que impone un argumento tan remanido, aun cuando los actores estén obligados a decir cosas como "acá no se viene a trabajar, sino a hacer dinero" y "mientras usted se compra esa blusa hay gente que no tiene para comer" y deban moverse en el ámbito de una ficción donde los artistas callejeros odian a los banqueros y un marchand es necesariamente gay. Sobre el final, una abrupta vuelta de tuerca que sataniza al alienado personaje interpretado con solvencia por Grandinetti termina por confirmar que la sutileza nunca estuvo en los planes de Algora.

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