La Plata: volver a empezar después de la tragedia

Una Cabello perdió a su marido aquel fatídico día; ella estaba embarazada, pero todavía no lo sabía
Eduardo D'Argenio
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30 de marzo de 2014  

Ayer y hoy:  el bebe que llevaba en su vientre se llama Javier, como el padre muerto
Ayer y hoy: el bebe que llevaba en su vientre se llama Javier, como el padre muerto Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

LA PLATA.- Ana Gisel Cabello jamás hubiese imaginado que el destino le iba a jugar una carta de las más difíciles. Sus días transcurrían sin mayores sobresaltos. Hasta aquel martes 2 de abril , cuando el agua se llevó la vida de su marido. Y la respuesta a esa muerte llegaría una semana después, cuando se enteró de que estaba esperando su tercer hijo.

Un año más tarde, esta mujer de 36 años sonríe y juega con su bebe, que cumplió seis meses. Se llama Javier, como su papá. Y también comparte esos momentos con Benjamín, de dos años, mientras Mateo, el perro, no quiere ser dejado de lado. En su casa del barrio Cementerio, ella tiene necesidad de hablar. De relatar una y otra vez lo que ya tantas veces habrá contado en los últimos doce meses. S eguramente, como un acto de catarsis.

Y más allá de tanta locuacidad a la hora de rememorar esos momentos cargados de dolor, impotencia, bronca y preguntas sin respuestas, sus ojos no pueden disimular que el dolor la acompaña desde aquel trágico día en el que La Plata vivió la peor inundación de su historia.

Es la media tarde de una soleada jornada otoñal, y en un rato más debe ir a buscar a la escuela a Santino, de ocho años, su hijo mayor. El mismo que, por una lógica cuestión de edad, fue quien más conoció a su padre. El mismo que lo extraña. Y lo llora.

"Él tiene todos los recuerdos muy frescos -comenta Ana-. Y a pesar de estar siempre acompañada por gente amiga y familiares, cuando llega la noche empieza el momento más difícil del día. Ahí te enfrentás realmente a la soledad."

Es cuando durante la cena empiezan las preguntas. Preguntas que se repiten noche tras noche. "Yo siempre intento hablarles con la mayor claridad posible. Ellos saben que estamos solos. Y que su papá ya no estará más con nosotros." Por eso mismo, no duda en afirmar que "la vida se complicó mucho. Y sigo adelante por ellos".

Y sí, no es fácil para ella seguir en esta lucha. Después de todo, fueron 15 los años que compartió su vida con Javier Díaz, ex futbolista de Estudiantes de La Plata y de Gimnasia y Tiro de Salta.

Aquella noche del 2 de abril, y mientras la lluvia era cada vez más intensa, él decidió ir a buscar a sus padres, que sí sufrían el ascenso del agua, en su casa de la calle 31 entre 58 y 59. Tardó dos horas en volver con su madre, a quien cargó en andas para sortear la peligrosa correntada a lo largo de treinta cuadras. Después, volvió a salir para buscar a su padre. "Gordita, preparate algo caliente que cuando vuelvo comemos", le dijo a Ana. Pero nunca volvió.

Además de las dificultades económicas que debe sobrellevar (Ana cumple tareas administrativas en el Club Universitario, de Gonnet, y es el único ingreso fijo en el hogar), en las últimas semanas ha debido consumir energías y derramar lágrimas por una burocrática cuestión que se prolonga en el tiempo: que Javier lleve el apellido de su padre.

Sin embargo, una cuestión a todas luces tan sencilla de resolver es objeto de no pocos vericuetos y enredos. La Justicia la obliga a llevar adelante una filiación post mórtem, lo que implica un análisis de ADN para determinar que su pareja muerta era el padre del bebe.

Ahora se autorizó a que el estudio en cuestión les sea practicado al abuelo y a su nieto, para evitar de esa manera la exhumación del cadáver para cumplir con ese requisito legal.

La sonrisa de Ana Gisel contrasta con una mirada que refleja tristeza. Dice que le preocupa el futuro. Por ella. Pero sobre todo por sus hijos. Y que toda vez que se acerca una tormenta, se asusta. Algo inevitable. Porque una tormenta fue la que la obligó a jugar una de esas cartas bien difíciles.

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