Uriburu y el verde Venecia

Alicia de Arteaga
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4 de abril de 2014  

La muestra de Fundación Proa, la más importante del alemán Beuys en nuestro país, pone en evidencia la trascendencia de la obra de Nicolás García Uriburu, figura liminar en el compromiso del arte con el cuidado del planeta y protagonista de una forma de protesta visible y solidaria. Su gesta de Venecia resultó ser el hecho saliente de esa edición, la de 1968, marcada por los ecos globales del Mayo Francés. Hay que leer y releer a Pierre Restany en su magnífico libro sobre Uriburu para entender la magnitud de esa acción audaz e inesperada que resultó la coloración de las aguas del Gran Canal; de alguna manera, fue el prólogo del encuentro con Beuys muchos años más tarde, invitado a despertar conciencias con la coloración del Rin.

Era junio del 68 cuando Uriburu partió en tren hacia Venecia con la garantía de que en Milán encontraría la fluoresceína producida por el Establecimientos Carlo Erba con la que pensaba teñir las aguas venecianas. La "operación", recuerda Restany, sería el 19 de junio a las ocho de la mañana, la hora de pleamar, momento en que las aguas de la laguna invaden los canales. La idea, primero conversada con los gondolieri, verdaderos "dueños" de La Serenísima, era recorrer el canal y distribuir el color, mientras Blanca Álvarez de Toledo, su mujer, sacaba las fotos. Con 30 kilogramos de sodio fluorescente, Venecia fue verde durante ocho horas. ¿Arte efímero, acción, performance, protesta? Ese solo gesto consagró al argentino que había ganado el Premio Braque. Los diarios europeos se ocuparon de él, mientras era interrogado por la policía acerca de la insólita coloración.

El encuentro con Beuys será en 1981, invitado por Uriburu para colorear las aguas del Rin. La acción es premonitoria. Un año después, en la 7a edición de la Documenta de Kassel, frente a los muros de basalto y de espaldas a la neoclásica fachada del Museo Fridericianum, inician la plantación de 7000 robles. La historia de Beuys se puede recorrer en la muestra de Proa a través de las obras que testimoniaron su paso por el arte y por la vida. Un "raro", diría Federico Manuel Peralta Ramos. Mientras tanto, Uriburu está en plena producción; finaliza un retrato de Bolívar y prepara la participación en la Bienal de Taipei, invitado por su director, el francés Nicolas Bourriaud.

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