Pharrell Williams - Girl

Columbia
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4 de abril de 2014  • 17:17

El 2013 fue el año de Pharrell. Claro que ha estado presente en los charts pop por más de una década, componiendo beats y hits para todos, desde Snoop Dogg y Jay-Z hasta Justin Timberlake y Britney Spears. Pero el año pasado, coronó su transición a estrella central con "Get Lucky" de Daft Punk y "Blurred Lines" de Robin Thicke, dos megahits conducidos por la desenfadada petulancia y el estilo funk granjero de Pharrell. La música pop se puede tornar muy dominante y demasiado seria en la era de Drake, Kanye y Lorde. En comparación, los discos de Pharrell son como el enorme sombrero que usó para la entrega de los Grammy y para los Oscar.

A pesar de haber sido ridículamente consistente en sus papeles secundarios, nunca tuvo demasiado éxito en su papel protagónico: proyectos como N.E.R.D., la banda de rap-rock de principios del 2000 que lideraba con su amigo de The Neptunes Chad Hugo, y su álbum solista del 2006, In My Mind, pasaron sin pena ni gloria. La mala suerte acaba con el segundo álbum de Pharrell. Girl es un disco simple y ligero, y esto es definitivamente un cumplido. Todos los artistas pop le deben un favor, pero las actuaciones especiales son pocas y los favores se devolvieron fácilmente: está "Brand New", la fantasía disco que hizo con Justin Timberlake; y los Daft Punk, que a puro vocoder apuntalan el groove astral de "Gust of Wind". La música está muy poco recargada al igual que la lista de temas, y lo que marca el rumbo del álbum es la eufórica vibra que Pharrell despliega en "Happy", el éxito del álbum que alcanzó el Número Uno en las listas. La única condición para entrar en este club es admitir la propia alegría.

Las diez canciones de Girl están sumidas en sol, aire, y en los compases más naturales y universales del R&B de los 70 y 80. Los beats jugosos están llenos de batidas de palmas y falsetes sexuales; finalmente lo que expide el álbum tiene menos que ver con un champagne de 300 dólares en el VIP de una disco y más con una cerveza de litro en las escaleras de un edificio en verano. Mientras que Jay-Z habla maravillas de sus Basquiats y Kanye presume sobre Le Corbusier, Pharrell planta su bandera en el apestoso suelo de la cultura pop norteamericana de la forma más tonta: "[El reality] Duck Dynasty está bueno, sí/ Pero no entienden nada acerca de las demandas de una mujer", bromea en la elegantemente necia "Hunter", una explosión de payasadas montadas sobre una base disco.

Cuando Pharrell irrumpió en escena a escala masiva por primera vez hace quince años con los cortes geniales de The Neptunes, como la canción "Shake Ya Ass", de Mystikal, su beat experto era sucio y sureño. Ultimamente, Pharrell ha estado sacando beats de una paleta más amplia y suavizada: "Hunter" evoca a la sofisticada banda new wave Kid Creole and the Coconuts, y las brillantes cuerdas y el teclado jazzístico en "Gush" podrían acalorar al Quincy Jones de 1979.

Girl suena como un álbum conceptual; el concepto sería que a Pharrell le gustan mucho las chicas. Pero hay que reconocer que nunca es agresivo o bruto al respecto. En el primer tema del disco, "Marilyn Monroe", Pharrell menciona a Juana de Arco como una pionera gangsta y poderosa en su canon histórico de chicas hot. Y la canción más encantadora del disco, "Lost Queen", es un doo-wop con algunos elementos de mbube africano maravillosamente cantada con un sentimiento precioso y generoso: "Aunque mi mundo esté lleno de guerras, vos hacés que parezca un sueño". En tiempos como éstos, es lindo ver triunfar a un buen tipo.

Por Jon Dolan

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