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Un barrio de costumbres olvidadas

"De mi barrio con amor" (Argentina 1995) con guión de Jacobo Langsner y José Santiso sobre una idea de este último. Intérpretes: Luis Brandoni Alicia Bruzzo Roberto Carnaghi Fabián Vena Ana María Giunta Pepe Novoa Mario Pasik. Dirección: José Santiso
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21 de junio de 1996  

El director José Santiso ya dio pruebas de su afición por la forma teatral aun en el traslado de una anécdota al cine. De lo teatral le interesa el concepto de representación evidente que proviene de aquélla. Su anterior "Malayunta" (1986) lo corrobora.

"De mi barrio con amor" película estimable pese a discordancias de ritmo y a la desubicación de algunos personajes recibe presiones del sainete porteño y del grotesco local esa suerte de "penumbrón" expresionista del anterior. El título y el género lo señalan: el patio tradicional se extiende al barrio y los caracteres son antes tipos delineados que personalidades que fluyen de la acción. Como suele decirse podrían integrar una "galería".

Hay un sitio que es como el corazón de la barriada el café -un café metafísico- donde se cuecen almas y amores y en el que a cada uno le sucede lo mejor. El lugar carece de forma definida y en el estaño se quitan las penas. Es un espacio sin tiempo que configura un notable hallazgo dramático.

Hay varias historias en la narración unas explícitas las otras sugeridas o apenas apuntadas. El centro lo ocupan los intereses afectivos esquivos de Pirucho un muchacho madurito del barrio (Luis Brandoni) por la viuda carnosa (Alicia Bruzzo) de la otra cuadra. Esta puso un aviso para conseguir candidato y después de años de soledad anda a la pesca.

La exposición de este conflicto no impide que asomen otros habitantes de la pequeña región a quienes el guión les regala su atención por algún momento. Un ejemplo la hija del almacenero del teléfono un carácter al pasar que Victoria Onetto sin esfuerzo con simpatía y por buena actriz que es eleva al nivel protagónico. Otro el dueño del café de un solo cliente curiosa creación (muy teatral) que el excelente Roberto Carnaghi elabora sin que el director le ajuste el personal masticado del personaje.

La realidad pero no tanto

Cerca de allí entre quienes no parecen de esta tierra está el músico del violín serrucho un ex preso (Pepe Novoa) que construye su andar entre los versos del tango "A la luz del candil" singular hallazgo. Si Pirucho es el prototipo del "chantún" con buena suerte el malintencionado es quien viene de lejos el lindo con aire de joven (Mario Pasik) que se lleva a la paloma a su pieza.

Una vez más Santiso recurre al escritor Jacobo Langsner para congeniar los aspectos expresivos de la acción. Una vez más Langsner ("Esperando la carroza" "Malayunta") se entretiene en entramar la vieja acción del sainete sobre la más contemporánea -aunque ya no tanto- del barrio. La acción sucede hoy mismo pero el enredo remite a una reminiscencia del director Santiso de veinte o treinta años atrás cuando la ausencia de los shoppings dejaba vivir al almacén y cuando la impensable fibra digital hacía suponer un único teléfono en el microcosmos humano de dos o tres cuadras.

Algunos personajes se ven añadidos como el del rockero por ejemplo a quien Fabián Vena supera porque en el guión no tiene remedio y el del patriarca (Sergio Corona) del bar sin resolución dramática.

El vaivén entre la realidad y la fantasía es uno de los puntos en favor donde unos casuales zapatos con polainas al frotarlos dan vida al genio de Carlos Gardel cuyos deseos son como corresponde tres gauchadas. En el mismísimo comienzo un sueño de Pirucho marca su temperamento y también alude a la posterior gramática donde la realidad nunca lo es del todo y en la que la ensoñación se parece demasiado al "color local" de un género inapelablemente porteño elegíaco y canturreado.

Están estupendos Luis Brandoni y Alicia Bruzzo cuando se muestran esquivos o al descubrir que son uno para el otro. En cuanto a Santiso responsable de lo bueno y de lo no tanto se lo advierte enamorado de su material y atado a un deslumbramiento que le impide tronchar alguna escena en bien del ritmo o apretar el ánimo de un actor para que sea parte de la acción y para evitar que la tire abajo.

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