Suscriptor digital

La honradez como un bien institucional

Antes y después: de la austeridad del ex mandatario se pasó a una larga noche de infamias; merecido lugar en la historia.
Norberto Firpo
(0)
28 de junio de 1996  

A las 5 y cuarto de la mañana el general Julio Alsogaray entró en el despacho del presidente. Con buenos modos le dijo que debía desalojarlo. El jefe del Estado estaba autografiando algunas fotos levantó la vista y le hizo saber calmosamente que ésa no era su voluntad.

Cerca de las 6 el mismo reclamo se lo formuló el coronel Luis Perlinger y el rostro habitualmente apacible del presidente denotó cierta crispación: "Usted no representa a las Fuerzas Armadas. Yo soy el comandante en jefe" le respondió.

Rodeado por sus ministros Arturo Umberto Illia deslizó que sólo si se producían hechos de violencia acataría la demanda militar. A eso de las 7 una dotación de agentes de la compañía de gases lacrimógenos de la Policía Federal tomó posiciones dentro de la Casa Rosada y entonces el presidente tomó unos papeles descendió la escalinata que rodea el Salón Azul y salió a la calle.

Lo aguardaban un centenar de civiles que vivaban su nombre y una doble fila de soldados echados sobre la vereda de la Plaza de Mayo apuntando con sus ametralladoras al poder constitucional. "Consíganme un auto de alquiler" musitó el presidente al oído de su ministro del Interior Juan Palmero pero enseguida apareció una limusina oficial que lo llevó a casa de su hermano Ricardo en Martínez. Era una linda mañana fresca y soleada ésa del martes 28 de junio de 1966.

La voz del mayor Ramón Camps llegó horas después a todos los rincones del país: "La transformación y modernización son los términos concretos de una fórmula de bienestar que reconoce como presupuesto básico y primero la unidad de los argentinos. Para ello era indispensable eliminar la falacia de una legalidad formal y estéril bajo cuyo amparo se ejecutó una política de división y enfrentamiento que hizo ilusoria la posibilidad del esfuerzo conjunto".

Camps leyó la proclama desde la Casa Rosada en nombre del triunvirato castrense que integraban el general Pascual Pistarini el brigadier Adolfo Alvarez y el almirante Benigno Varela ejecutores del derrocamiento de Illia. Al día siguiente esa junta tomaría juramento como presidente al teniente general Juan Carlos Onganía.

Los episodios que precipitaron la llamada Revolución Argentina fueron incruentos en todo caso asumidos con beneplácito o resignación ya que el Gobierno carecía de otro sustento que no fuera el de la ley.

A medianoche del lunes 27 cuando el Presidente había dispuesto relevar a Pistarini jefe del Ejército "por haberse colocado en estado de rebelión" el poder militar ya había copado las emisoras radiales y de Canal 7 y Canal 9 las estaciones ferroviarias y los aeropuertos y otros objetivos. Dueño de la situación Pistarini transmitió a los mandos que "el comunicado del señor Illia carece absolutamente de valor".

En tanto la CGT de Augusto Vandor se sumía en complaciente silencio y Perón desde su exilio madrileño vaticinaba que se abría a su movimiento "la última oportunidad si el nuevo gobierno actúa con grandeza" la primera tajante manifestación antigolpista fue expresada por Hilario Fernández Long rector de la UBA: "Debemos comprometernos a mantener vivo el espíritu que haga posible el restablecimiento de la democracia" arengó a profesores y alumnos.

Exactamente un mes después sobrevendría la calamitosa y brutal Noche de los bastones largos y la intervención de los claustros.

Illia resignó el gobierno a los militares al cabo de dos años ocho meses y dieciséis días de mandato que obtuvo en comicios que reportaron a la UCR del Pueblo algo más del 22 por ciento de los votos con el peronismo (el Frente Nacional y Popular) proscripto. Pergaminense radicado en Córdoba médico rural tenía 64 años. Su esposa Silvia Martorell le había dado tres hijos.

Durante su administración redujo a cero la deuda externa; el producto bruto nacional creció al 10% en 1964 y se situó en el 9% al año siguiente casi no hubo desocupación y el índice inflacionario osciló entre el 22 y el 32%.

Las Fuerzas Armadas se habían tornado decididamente conspirativas a fines de 1965 cuando el sonsonete del vacío de poder se convirtió en prédica y soliviantó a las jerarquías castrenses enfrentadas en azules y colorados luego de la expulsión de Arturo Frondizi y durante el gobierno de José María Guido. Onganía era reconocido entonces como el numen capaz de aglutinar a esos bandos.

Una de las subrepticias banderas del golpe de Estado era la de impedir las elecciones de gobernadores de marzo de 1967 y que proyectaban al peronista Andrés Framini como el más firme candidato bonaerense. Una vicisitud que los altos mandos no tolerarían.

Con la Revolución Argentina el presunto vacío de poder derivó en vacío de representatividad. Prohibida la actividad política el cordobazo de mayo de 1969 fijó el primer hito de una larga serie de desbordes populares de truculencias que la proliferación de bandas guerrilleras acentuarían luego: el terrorismo clavó sus zarpas en una sociedad carcomida por miedos e incertidumbres a la que se había prometido -vanamente- bienestar social orden público y paz interior.

El derrocamiento de Illia aquella linda mañana de hace 30 años precipitó al país en una larga noche de infamias.

El médico rural murió el 18 de enero de 1983 cuando el país padecía las consecuencias de la Guerra de las Malvinas y ya alboreaba una nueva democracia.

Había acrecentado su prestigio de hombre cabal de político austero honrado a ultranza sin perder su apariencia campechana y parsimoniosa.

Pero los chistes de que era una tortuga ya no hacían gracia absolutamente a nadie.

Si gana De la Rúa dedicará su triunfo al ex presidente

No fue un acto puramente proselitista. Tampoco un acto enteramente conmemorativo ya que hubo varias alusiones a los comicios del domingo próximo -de lo que se informa por separado-.

Sin embargo el homenaje estuvo cargado de emotividad sobre todo cuando se aludió a la honestidad y a la decencia del ex presidente Arturo Illia tema que había enfrentado al presidente Menem y a Jorge Domínguez con el candidato a la intendencia Fernando De la Rúa y a la conducción de la UCR..

Aunque hoy se cumplen 30 años del derrocamiento de Illia por las Fuerzas Armadas la UCR decidió recordar este acontecimiento con un día de anticipación en un acto celebrado ayer frente al cementerio de la Recoleta. Participaron De la Rúa; su compañero de fórmula Enrique Olivera y los candidatos a estatuyente.

El senador aprovechó la ocasión para fustigar una vez más las declaraciones del presidente Carlos Menem sobre la "honestidad e ineficacia" de Illia. "Aquellos que dicen que la honestidad no alcanza para gobernar son los mismos que luego provocan golpes de Estado en el país" sostuvo en su discurso.

Tras elogiar la figura de Illia y enumerar los avances logrados durante su gestión se refirió a la actual campaña electoral: "Este acto no es proselitilsta. Sin embargo les aseguro que si la UCR triunfa el domingo nuestra gestión se fundará en los valores éticos y en la honestidad tal como lo hizo don Arturo".

Seguidamente agregó que "si el pueblo nos apoya con su voto para el triunfo que sea en homenaje a Illia".

Pese al frío una multitud se acercó a Recoleta. Además de viejos militantes radicales estuvieron conocidos dirigentes del partido como Jesús Rodríguez Héctor Lombardo Sergio Montiel y Marcelo Stubrin También participaron familiares del fallecido presidente: Ricardo su hermano y sus hijos Martín Emma y Leandro. Todos ellos acompañaron a De la Rúa a depositar una ofrenda floral al pie del Monumento a los Caídos del ´90 que aloja los restos del ex mandatario.

Homenaje en el Congreso

Hoy a las 12 en el Senado de la Nación se impondrá el nombre del ex presidente Illia al Salón de Lectura de ese cuerpo durante un acto al que concurrirán entre otros el jefe del Ejército Martín Balza y el ex mandatario Raúl Alfonsín.

Dicho salón está enfrentado al que lleva el nombre de la segunda esposa de Juan Domingo Perón Eva Duarte.

La decisión de rendir homenaje a Illia se tomó hace poco más de 15 días cuando el Senado votó por unanimidad un proyecto radical instituyendo ese nombre para uno de los principales salones de la Cámara alta.

El acto ocurrirá a 30 años del derrocamiento del ex presidente radical y se completará con el descubrimiento de una plaqueta que lleva su nombre.

También estarán presentes en la ceremonia además de Balza otros miembros de las Fuerzas Armadas el vicepresidente de la Nación y titular del Senado Carlos Ruckauf y quienes se desempeñaron como funcionarios durante el gobierno de Illia además de sus familiares directos.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?