Ay, Dolores

Entre la mamá dedicada y la femme fatale que se apodera de la escena aparece una Dolores Fonzi más luminosa. En plan familiar con Gael García Bernal, no busca seducir, pero...
Franco Spinetta
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13 de abril de 2014  

Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Gutierrez

Dolores Fonzi es capaz de hipnotizar con su mirada. Tiene un par de ojos verdes intensos que profundizan un aura de seducción enigmática, de chica rara y cool, que desde hace tiempo pulula con su magia entre la pantalla chica, el teatro y el cine argentino. En El crítico, la película que protagoniza junto con Rafael Spregelburd y que se estrenará el 17 de este mes, interpreta a Sofía, una chica-niña fresca, espontánea y atrevida, que a fuerza de gestos mínimos tuerce la trama para ganarse el amor del protagonista.

Cuando Dolores y el actor mexicano Gael García Bernal se conocieron en 2001 filmando Vidas privadas, de Fito Páez, no estaba muy en claro que ese chispazo inicial modificaría la vida de ambos. Una subtrama se abría. Fueron contactos pacientes, constantes, que llevaron muchos años hasta que ambos estuvieron en plena sintonía. Y lo que se suponía de una manera –en un paralelismo con El crítico– terminó de otra: giros cinematográficos en la vida real. Gael, que ya era toda una estrella de Hollywood, dejó a otra estrella, Natalie Portman, para hacendar su amor en la Argentina. Desde entonces nacieron dos frutos: Lázaro, de 5 años, y Libertad, de 3.

Hay una nueva Dolores. Ella reconoce y percibe el cambio: ya dejaron de convocarla para interpretar personajes oscuros. Lejos quedaron las trasnoches interminables, el coqueteo con la experimentación. Está más luminosa, a tono con la vida en familia, que le ha cambiado (a quién no) las perspectivas. "La maternidad es muy fuerte", dice. Y asegura que ahora, con 35 años, su desafío es encontrar el tiempo para "cultivar la individualidad".

Por eso está también con proyectos. Va a protagonizar otra película, con la dirección de Santiago Mitre (realizador de El estudiante), y tiene ganas de volver al teatro de la mano de la dramaturga Mariana Chaud, con quien trabajó en Isósceles. Además, le gustaría repetir la experiencia ("dentro de un año y medio o dos") en producción para TV, donde hizo la tira Soy tu fan.

En medio de esa vorágine (familia, trabajo, marido ultrafamoso), Dolores se planta con un existencialismo a prueba de dubitaciones:

"Estoy acá, transcurriendo, atravesando los momentos que son todos intensos. Lo vivo así desde que tengo memoria. Maternidad a pleno, tratando de encontrar espacios".

El director de El crítico, Hernán Guerschuny, dice que te eligió porque sos enigmática, fresca, con sentido del absurdo y tremendamente hermosa. ¿Qué hay de Sofía en vos?

Hay mucho de mí. El personaje exacerba su color y la comedia, pero yo también suelo reírme de la tragedia de lo cotidiano. Al mismo tiempo, Sofía sufre por el padre y el marido, y eso la hace humana. Hay que humanizar todo: el drama y también la comedia. Creo que tengo buen timing para la comedia ( risas) porque me divierto y me río de mí misma. Me gusta eso.

Hay una cosa relacionada con la seducción, algo más bien subliminal... ¿Es así tu vida real?

¿Histeria decís?

Hay un poco de histeria en toda seducción.

Y sí, una es mil cosas… Es parte de mí. Depende en qué situación, cómo, dónde. No es lo mismo levantarte a alguien en un cine que en un bar. Igual, el levante es algo que quedó muy lejos…

Por ahí no tiene que ver sólo con el levante, sino con situaciones cotidianas.

Sí, hay seducción en todas las actitudes. El personaje de la película también tiene algo de infantil.

¿Vos tenés eso?

Sí, lo tengo. Es una búsqueda curiosa… Pero ahora tengo dos hijos, no tengo tiempo para andar dando muchas vueltas sobre la seducción.

* * *

La maternidad es un tema sobre el que Dolores reflexiona mucho: busca un equilibrio, mientras atraviesa un presente que la ocupa al ciento por ciento. "Es muy fuerte, los niños son muy pequeños, se pone arduo, difícil", dice. Y remarca la demanda de integridad que requiere ser mamá: "Te enfrenta todo el tiempo a vos misma, la necesidad de estar bien plantada para convertirte en una guía sin volverte loca, sin sentir que se te va la vida. Es muy complejo. Es apasionante como todo, pero es muchísimo trabajo, como la pareja, tener ideas y mantener la creatividad".

Su rutina está marcada por el ritmo que imponen los más chicos. Todos los días se encarga de llevarlos y traerlos del colegio; organiza las comidas (la sopa de zapallo casera es su preferida) y cultiva el costado lúdico. Su auto es testigo de la maternidad al palo: además de las dos sillitas para los niños instaladas en la parte trasera, hay una pelota de fútbol de Boca, muñecas y más juguetes desparramados entre muchos paquetes de pañuelitos de papel.

Dolores pone su esfuerzo en "mantener las mil partes" que la conforman como persona. "Es intenso", reconoce. Le gusta imaginar, mientras tanto, el futuro: sus hijos con 30 años y ella con 60 "andando en auto con amigas, charlando de la vida". Un futuro que, dice, es necesario para "quitarle peso al presente. Pienso mucho en mí; mi vida es todo lo que tengo y mi carrera es mi vida. No separo las cosas".

También reflexiona sobre el matrimonio: "Los paradigmas tradicionales tienen que caer porque no funcionan", sentencia. Según ella, el hombre de hoy debe compartir los deberes cotidianos con la mujer, aunque reconoce que esa paridad es "difícil porque estamos criados a la vieja usanza: si sos mujer, tenés que tener a cargo la casa, los niños, tu trabajo, cuidar el nido".

Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Gutierrez

¿Vos estás logrando ese equilibrio?

Creo que no te queda otra. Todo el mundo está en la misma: la pareja como era antes no va más. Consciente o inconscientemente, todo el mundo está disconforme o tratando de buscar alternativas al modelo. Es un trabajo, también una búsqueda personal para entender qué es lo que uno quiere. Hay mujeres a las que les fascina ser madres y está buenísimo mientras quieran eso. Hay otras que lo viven más como una carga. Pero todo es entendible porque es un gran trabajo ser madre, ama de casa y, encima, querer tener un mundo privado… Es muy complicado.

Entonces, ¿creés o no en el matrimonio?

Creo en la gente que se quiere. Una puede fantasear con mil cosas, habría que encontrar un modelo diferente: una comunidad tipo los 70, donde los niños se críen juntos y los adultos vayan rotando en los roles. Se pueden inventar mil cosas. Hay muchos hombres que son mucho más madres que antes. Pero obviamente, el común denominador es el padre que se va.

Gael es una persona muy conocida, todo el tiempo está produciendo, filmando y encarando proyectos. ¿Cómo hacen para encontrar conexión, paz y armonía en esa vorágine?

No hay nada distinto al resto de las parejas. Cada uno toma sus decisiones, cada uno hace lo que quiere… Digo, en el caso de ser un privilegiado como él, que hace lo que quiere. Cada uno va forjando su propio camino en comunión con la familia. Después, es la misma ciencia que en todas las parejas: encontrar el momento, el espacio, que puede depender de cualquier cosa.

¿No tienen ningún ritual para encontrar esos espacios?

No, la verdad que no. Se trata de aprovechar cada momento. No es que nos vamos los fines de semana a tal o cual lado. Es algo normal, hay una cotidianidad.

¿Viven todo el año acá?

Sí, él va y viene por su trabajo. Los chicos tienen la escuela acá.

¿Es una decisión tuya?

Es que los chicos necesitan un espacio. Porque podrían vivir en cualquier lado. Sí, pero yo trabajo acá, esa es la diferencia.

* * *

Dolores tiene una relación muy especial con María Magdalena del Carmen Pilar, su abuela, de 89 años, un personaje clave en su vida: cuando tenía 12, la llevó (medio a escondidas) a tomar clases de teatro en Adrogué. Fue una experiencia crucial, que la marcó tanto como posteriormente lo haría el ejemplo de vida de María Magdalena. "Es toda una transgresora: se divorció cuando nadie se divorciaba y estudió Trabajo Social cuando muy pocas mujeres iban a la Facultad", cuenta.

La abuela estudiaba teatro con Mirta Arlt (hija del escritor) y estaba atenta también a los movimientos de su nieta: había tomado nota de un comportamiento que se repetía y que, quizá, valía la pena explotar. "Los que me conocen de chica dicen que cuando terminaba de ver una película me angustiaba porque ese universo se terminaba y había que volver a la realidad. Quise ser actriz toda la vida", cuenta Dolores.

Desde entonces emprendió el camino de la actuación y fue mutando, creciendo. "Siento que todo el tiempo hay pequeños quiebres y despertares –asegura–. A los 17, cuando empecé a trabajar; a los 19, cuando empecé a experimentar otras cosas." Es decir, desde sus primeras clases de actuación hasta el desafío que percibió a la hora de participar de la serie En terapia, todo lo vive como una invitación a superarse para "no quedar encasillada", aunque al mismo tiempo es consciente de algo crucial para cualquier artista: su particularidad. Para Dolores, el cambio es consecuencia de la naturaleza del crecimiento artístico: "Sé lo que tengo para dar y también sé que es único, que nadie más lo puede dar. No es ni buena ni mala, es una particularidad".

¿Cómo te llevás con la crítica?

Siempre gusta que hablen bien de tu obra. Todo influye, pero entra y sale. Puedo deshacerme rápido. No leo lo que no quiero. Depende cuánto participé: si yo la produje, entonces estoy más atenta. Si actuás un poquito, es diferente. Igualmente, me gusta que me digan que gustó algo, aunque me tiene sin cuidado. También es cierto que a veces uno hace algo con muchísimo esfuerzo, que le costó horrores, y viene un tipo que tuvo una mala mañana y te la destruye. Destruir no es bueno en ningún campo. Es medio cobarde. Es lo fácil, lo difícil es ver lo bueno. En el cine, el gran trabajo es rescatar lo que se hizo bien. Así cualquiera, es muy fácil criticar.

¿Cuáles son las voces que más escuchás?

Las de mis amigos, mis hermanos… Mi círculo más cercano. También me gusta escuchar que actores y actrices que admiro hablen bien de mi trabajo.

* * *

Fonzi es parte de la generación que cambió el cine nacional a fines de los 90 y comienzos del nuevo milenio. Trabajó en continuado con directores como Daniel Burman (en Esperando al Mesías, 2000), Luis Ortega ( Caja negra, 2001), Damián Szifrón ( El fondo del mar, 2003) y Fabián Bielinsky ( El aura, 2005). Participó en telenovelas, pero sobre todo se destacó en miniseries y unitarios, desde Tiempo final y Disputas hasta Mujeres asesinas y En terapia. De roles mayormente conflictuados pasó años más tarde al irradiante papel de Sofía, en El crítico.

Durante la sesión de fotos de la Revista en un bar de Palermo ella se transforma una vez más y crea un contrapunto entre la mamá dedicada y la femme fatale que aparece finalmente para apoderarse de la escena. Su presencia se torna ineludible. "Me gusta exagerar", dice. Se divierte, hace chistes, posa.

¿Qué referencia buscaste para el personaje?

Sally, cuando conoce a Harry. Las referencias al cine clásico siempre están, de todos los tiempos. Ya ni siquiera hace falta ver esas películas, están en el inconsciente colectivo. Y a la vez estaba todo muy bien planteado en cada escena. Me redivertí.

En el film hay tensión entre lo racional y lo emocional.

Es que de manera racional estudiás lo emocional. Por eso es tan importante la terapia, saber qué emociones tenés que resolver. Frustración, abandono, pavadas o temas dramáticos de la vida. Uno tiene todo en uno. Alegría, amor... Hay que saber dónde está cada uno para encontrarlas y tener un control y poder usarlas. Saber dónde encontrar eso y usarlo. El trabajo del actor es supercontrolador: soltar controlando.

¿Te costó?

Es experiencia, trabajo, conocerse a una misma.

¿No se te filtran las emociones?

Vas regulando. Hay actitudes previas que te condicionan: si dormís mal, si comés mal. Si yo tengo que estar recontra copada, alegre, trato de comer bien y dormir mucho. Si tengo una escena dramática, duermo menos y pongo el cuerpo ya predispuesto para esas emociones. Si yo como poco, estoy de pésimo humor. Todo sirve. Te podés ir a dormir con la conciencia de qué emoción necesitás para el otro día. Cuando uno se conoce, ya sabe qué cosas pueden generar determinadas reacciones.

De repente suena la alarma del celular: es hora de volver al traje de superchica y salir volando sobre la hora para recoger a los niños del jardín.

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