El verdadero legado de Villa Ocampo

Dolores Bengolea
Dolores Bengolea PARA LA NACION
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11 de abril de 2014  

Por tercera vez, la Unesco trata de sacarse de encima Villa Ocampo , la casa que le legó Victoria Ocampo y que ese organismo internacional aceptó con la condición de que le fuera legada también Villa Victoria, en Mar del Plata, para poder garantizar el sostén de San Isidro. La excusa hoy es la misma de siempre: falta de fondos .

Villa Victoria se vendió inmediatamente después de la muerte de su dueña, previo remate de su contenido del cual la Unesco no hubiera debido disponer por legado. Esos fondos fueron a parar a París, a las arcas del organismo internacional que nunca rindió cuentas de su utilización ni acreditó intereses por su inversión.

Victoria nos legó un proyecto espiritual basado en la cultura, la creatividad, el encuentro entre los hombres y la búsqueda de una mejor calidad de vida para todos, en paz y con respeto. A pesar de la claridad del proyecto, la Unesco se reservó el derecho de redactar las actas de donación tanto de Villa Ocampo como de Villa Victoria, por lo que Victoria publicó en sus Testimonios dos artículos en los que acotaba los términos de la donación. Hubo trampas desde el primer momento. Un argentino, en representación de la Unesco, se percató de un error involuntario en el acta de Villa Victoria: se habían olvidado la reserva de usufructo, cláusula que sí constaba en el acta de San Isidro. Rápidamente armó un proyecto para demoler la casa de Mar del Plata, lotear y vender a beneficio del organismo internacional, con una importante comisión para él. Desde París le dieron luz verde. No sé cómo llegaron los planos a manos de Victoria, pero recuerdo su impotencia el verano en que se enteró que pretendían sacarla de su casa; no paraba de rumiar su indignación y la vergüenza ajena frente a la indignidad del organismo internacional. Finalmente llamó al director general, Amadou-Mahtar M'Bow, quien se indignó con lo sucedido y envió una misión urgente a aclarar el asunto. Así llegó al país el subdirector, Jacques Rigaud, ex viceministro de Cultura cuando André Malraux inauguró ese Ministerio en Francia. Rigaud, un intelectual honesto y sensible, tranquilizó a Victoria y se volvió conmovido por el brillo y la espiritualidad de su anfitriona. En el siguiente número del Correo de la Unesco publicó la única nota referida a Victoria y al espíritu de la donación que supo interpretar su dimensión y su valor. Desde entonces, Victoria ha sido ninguneada por la Unesco. Mientras la mezquindad, la miseria humana, los lobbies, los intereses políticos, económicos y sociales y la estupidez sigan queriendo apropiarse del lugar, seguirá el fracaso.

Si se leyera más a Victoria de lo que se habla de ella, saldrían a relucir sus ideas genuinas, austeras, libres de jactancia y propias de una persona que supo sacarle a la vida el máximo de su potencial brindándose generosamente a la causa con la que se identificó. La grandeza de la vida de Victoria trascendió las pequeñeces cotidianas en las que otros se regodean. La sacaban de quicio la hipocresía y la estupidez, la pobreza de quienes se creen superiores. Ella condenaba toda idea o conducta indignas por más elegantes, poderosas, inteligentes y cultas que fueran las personas que las promovieran, por más políticamente correctas que parecieran. Para ella la verdad no era ni buena ni mala. Era lo que era. Lo mismo con la justicia. Y verdad y justicia fueron siempre el leitmotiv de su vida. "Cuando no se tiene el coraje de vivir como se piensa, se termina pensando como se vive", escribió.

Un proyecto espiritual de esta índole está en consonancia con las consignas y los mensajes que nos manda permanentemente el papa Francisco: "Cuiden a los chicos, cuiden a los viejos, cuiden el planeta, hagan lío". No es casual que monseñor Bergoglio haya bendecido y adherido a la Asociación Por Villa Ocampo cuando ésta fue creada para frenar el intento de la Unesco de entregar la casa al Proyecto Villa Ocampo 2000 y transformarla en un centro de convenciones -hotel de lujo incluido- al servicio de una universidad vecina previo paso por la inefable experiencia de Casa FOA.

La lista de agravios contra la memoria de Victoria es mucho más larga, pero no viene al caso ahora. Cuando en París se rasgan las vestiduras por conseguir la dirección general de tan prestigioso organismo, los candidatos ya conocen el tema Villa Ocampo debido a que hizo mucho ruido durante la gestión de la Asociación Por Villa Ocampo que frenó el descabellado proyecto del hotel y que, venciendo sólidas trabas de la Unesco, confeccionó y ejecutó - con fondos propios- el plan de relevamiento y los inventarios de bienes muebles y de la biblioteca de Villa Ocampo y Villa Victoria (inventarios que luego la Unesco se adjudicó). La Asociación también colaboró con la Dirección Nacional de Arquitectura en el proyecto de conservación y puesta en valor de la propiedad; gestionó el relevamiento del jardín, memorable trabajo realizado ad honorem por el estudio Thays-Baya Casal; abrió las puertas de la casa para actividades que difundían el espíritu de la donación de Victoria y mucho más.

La Unesco es un organismo que se ha politizado y burocratizado, no paga impuestos y es inimputable e inembargable; sus funcionarios se saben intocables. Quienes hoy asumen puestos allí saben que tendrán que sacar adelante este tema tan espinoso para un organismo que se encuentra en las antípodas del espíritu de la donación.

Sólo nos queda pedir nuevamente al querido socio Jorge Mario Bergoglio que nos ayude a abrir los ojos, las cabezas y los corazones de quienes pierden su vida en ganar dinero y poder.

La autora es sobrina nieta de Victoria Ocampo, cofundadora de la Asociación. Por Villa Ocampo y de la Fundación Victoria Ocampo

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