No hay edad para el amor

"Besos en la frente": el jueves próximo se estrena el film protagonizado por China Zorrilla y Leonardo Sbaraglia, que describe un amor entre un joven de 26 años y una mujer de ochenta.
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3 de septiembre de 1996  

Carlos Galettini mira hacia el costado -allí está su mujer, la escritora Irene Ickowicz- cuando le advertimos que se viene notando un cambio favorable en su producción de director de cine. Intuye en la intensa colaboración con su esposa que esa transformación tenía que llegar.

Hace un tiempo que Galettini abandonó la crencha que caía sobre sus hombros en favor de una calva caballeresca y confiable. Después de una intensa dedicación al cine de aventuras y a un trabajo continuado de artesano -"experimentación" prefiere llamar Galettini a esos momentos previos, constituidos por veinticuatro títulos, incluido "Policía corrupto", que no firmó con su nombre-, el realizador de "Convivencia" estima qué bien le hace filmar una historia de amor.

"Una historia de amor romántico -confirma-; la historia de un amor diferente, entre un muchacho de 26 años y una mujer de ochenta." China Zorrilla y Leonardo Sbaraglia son los protagonistas de "Besos en la frente", esa insólita aventura amorosa que imaginó Jacobo Langsner para el escenario y que, según éste, tiene que ver con las confidencias de una anciana a la que conoció en Montevideo. El film se estrena pasado mañana.

Empezar a vivir

Según Galettini, la verdadera experiencia de esa mujer era empezar a vivir, aunque fuera a los ochenta. La idea no es mala, pues la vida es bienvenida y oportuna siempre. "Esta mujer sintió que empezaba a madurar, y su decidida aventura apunta al sentimiento y a la emoción. "Besos en la frente" es una película para llorar", sonríe el director.

Puesto a recordar, Carlos Galettini trae a la memoria "Juan que reía", una obra suya anterior. "Allí había un fuerte contraste entre el humor y la tragedia, porque el grotesco fue el modelo elegido para elaborar los personajes y las acciones. En "Besos en la frente", el contraste se da entre el humor y el dolor. En esa fórmula radica su romanticismo."

Tiene razón cuando señala que China Zorrilla "es una chica de quince años en el cuerpo de una mujer de setenta y tantos". China, que aquí se llama Mercedes (como en la pieza de Langsner, "Una margarita llamada Mercedes"), se enciende en el amor con la sorpresa y la ingenuidad de una adolescente.

La película se propone un mensaje: la mujer alcanza la madurez gracias al amor tardío pero no inoportuno, y con ella, el adolescente pasa también a la edad de los realizados. Galettini sueña con el éxito de "Sol de otoño", de su colega Eduardo Mignogna, que también trata un tema adulto y sobre seres adultos.

Carlos Galettini se sabe un artesano de la función cinematográfica, y ante la pregunta de su compromiso con esa realidad advierte que la investigación sobre estilos y modelos de trabajo y el "cruce de géneros" como estilo es su mejor logro. "Siempre he investigado problemas como el del ritmo, el humor y la aventura. Me gustaron desde mis comienzos el cruce de géneros -ya habló de los resultados en el grotesco- y los resultados: eso de mostrar que una cosa que parece serlo, en realidad, es otra cosa. Para un personaje, el drama nace cuando descubre que el otro no es lo que él cree. La resultante es risa más llanto. En ese punto está lo mío personal: cruzar romanticismo con humor no es simple, porque significa ponerle humor a las situaciones de amor anteriormente idealizadas."

La imagen nacional

"El cine argentino de estos días -entiende Galettini- está en un momento floreciente, gracias a la nueva ley del cine. Posibilita, mal o bien, filmar, y le permitió sobrevivir al cine argentino como imagen nacional." A Galettini le preocupa que el modo que los argentinos tienen de verse a sí mismos desde los medios de comunicación no se pierda.

"Las imágenes nacionales tienen que apoyarse en las nuevas tecnologías, para estar presentes y reconocibles el día en que doscientos cables entren en una línea telefónica. Tenemos que portarnos bien los directores, los productores, los técnicos, porque si sobrevive el cine, también sobrevive la imagen nacional."

Según Galettini, el negocio, en pocos años, se viene muy grande, y "ya se pueden prever sumas de seis mil millones de dólares por año". El director no se refiere sólo al cine, apunta también al medio audiovisual en general y a la televisión en particular. "Con la televisión, nuestra imagen deja de ser territorial y pasa a ser internacional."

La letra de una historia de amor

Irene Ickowicz tiene fuerte presencia en las películas de Carlos Galettini, su marido. En "Besos en la frente" figurará en los títulos como coguionista, al lado del director y de Jacobo Langsner -también en el guión-, pero su función, en la realización de la película, supera las instancias de la escritura. Irene participa de los rodajes, conversa con los actores, les ofrece asistencia y, ante el realizador, mantiene una suerte de bienvenida continuidad dramática.

Irene es diminuta de tamaño, viene envuelta en una cabellera tupida y tiene claras las ideas.

En su carrera, con "Besos en la frente", cuenta ya con tres trabajos al lado de su marido. Los otros son "Seré cualquier cosa pero te quiero" y "Convivencia". Asimismo, Ickowicz es conocida por su colaboración literaria en el ciclo "Luces y sombras", de Oscar Barney Finn, en ATC; por historias para otro ciclo, "Alta comedia"; por la realización de miniseries, y por la escritura de guiones, algunos inéditos. Entre éstos figura el que la llevó a obtener una beca para estudios de perfeccionamiento en el Sundance Institute, que dirige Robert Redford, y que, seguramente, cuando sea película, será la primera que Irene Ickowicz dirija.

Tiene aire romántico y soñador cuando sostiene que le gusta escribir guiones, "pero más me gusta imaginar historias... y escribirlas, claro". Irene siente que ha tenido que superar una etapa -"la de mi generación"- que la obligó a trabajar desde la segmentación de la cultura. "Hay que poner el lenguaje al servicio de contar una historia, y no al revés."

Con modestia, Ickowicz cree que su trabajo en la nueva película de Galettini es sólo una colaboración. "Carlos sabe bien qué quiere y qué está de más; por eso trabajó la cuestión del punto de vista, que, ahora, está en el personaje de Leonardo Sbaraglia. En la pieza teatral de Langsner no había un punto de vista colocado en alguno de los personajes. Respecto de Mercedes (China Zorrilla), su drama comienza cuando descubre que no hay diferencias entre ella y su nieta."

Dice Irene que esa modestia del segundo puesto la descubrió en sus muchos años de redactora en agencias de publicidad: "Ahí aprendés que tu creatividad no pierde nada por usar o desarrollar ideas de otro".

El punto de vista puesto en Leonardo le permite al personaje revisar su pasado e ingresar en el mundo personal de otro hombre, Fabio (Claudio García Satur), un escritor que vive con Mercedes desde hace veinte años.

Esencias del séptimo arte

Irene Ickowicz quiere expresar en el texto fílmico las categorías de tiempo y espacio, esencias del cine. "Cuando Mercedes y Sebastián (Sbaraglia) se encuentran, el tiempo se sucede con otras normas; ya no importa que ella, cada vez que se siente mal, se refugie en el arte sin ser artista. Asistimos a la sucesión de la acción casi sin elipsis, en tiempo real, marcando formas de la convivencia: cuando se conocen y se enamoran, cuando se atemorizan por lo que sienten y cuando se asustan por convivir, cuando viene la crisis de la convivencia, cuando se separan y cuando vuelven a convivir."

En claro contacto con las ideas del realizador, la guionista imagina haber creado un espacio idílico permanente, sugerido por una cámara que describe las transformaciones. "La cámara -Irene dibuja el espacio con las manos- envuelve a los personajes buscando envolver las situaciones . Todo lo vemos por los ojos de Sebastián, que son ojos asustados."

"En esta película no sólo trabajé en la redacción del guión -se ufana la escritora-; también realicé la coordinación artística." Habiendo director y asistentes, qué función es ésa. "No existe -confiesa Ickowicz-, pero cuando se termina el guión hay una unidad sólida. Como decía Pasolini, el guión es una obra que pide ser filmada, y ese tránsito es de gran placer. Lo que produce significado tiene que ver con narración, y esto es lo que coordino en el área técnica y artística. Un personaje no es sólo su actuación y cómo está vestido. Hay otros elementos que lo caracterizan indirectamente. En la industria del cine argentino, tan vertiginosa, el guión sólo es una hipótesis: se realiza en la filmación. En mi tarea no me superpongo a otros; soy quien mantiene en la memoria de todos la unidad de lo que queremos comunicar."

Le preguntamos si ésa es su exigencia cuando escribe para el cine. "Con otro director que no sea Carlos no lo exigiría, lo propondría, porque hay muchos arreglos para hacer mientras se filma un guión. Esto va de las líneas de diálogo a la propuesta y a la escena. Se ofrece seguridad."

Con Galettini, Irene admite que participa en la totalidad de la película: "El hace el recorrido emocional y yo preparo el porqué de cada movimiento: mover un cenicero puede ser todo un gesto, es decir, una escena".

Para Irene sólo es posible un guión vivo y, en el trabajo, no modificar la esencia sino mantener el sentido de la síntesis.

Irene Ickowicz es, además, docente universitaria en la especialidad de guión, un rol que, admite, fue profundizando y modificando. "Mi idea es que estaba muy ligada a lo dramático; hoy estoy atada a lo narrativo, es decir, al cuento que estamos contando. Respecto de mi trabajo en el equipo, lo explico antes y lo dejo claro. No deben sentirme como la intrusa."

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