Educar para superar la desigualdad

Alieto Aldo Guadagni
Alieto Aldo Guadagni PARA LA NACION
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30 de abril de 2014  

El principio básico de la justicia social es la vigencia de la igualdad de oportunidades para todos, más allá de las circunstancias de origen económico, social o de género. "Lo igualitario parte de la convicción de que la mayor parte de las desigualdades son sociales y por tanto eliminables. El pensamiento no igualitario, en cambio, parte de la convicción opuesta , que son naturales y como tales no se pueden eliminar", señaló Norberto Bobbio. Es así, aunque lograr el objetivo de eliminar las desigualdades exige un gran esfuerzo político.

Hay en el país una gran segmentación social entre quienes se incorporan capacitados a la sociedad tecnológica y quienes quedan excluidos de los beneficios del incremento global de la productividad del trabajo. Existe una amenaza creciente que se nutre de la segmentación del mercado laboral, que amplía la brecha de remuneraciones entre el personal calificado y el no calificado. Por eso el acceso a la escuela secundaria es clave para poder alcanzar buenos empleos. No olvidemos que la falta de empleo castiga mucho más a quienes tienen menos educación.

La gran desigualdad en la distribución del ingreso es una traba para el desarrollo económico, ya que altos niveles de desigualdad tienden a reducir las tasas de crecimiento. Las sociedades inequitativas impiden la acumulación eficiente del principal capital en esta era de la globalización: el capital humano. La desigualdad y la pobreza hacen que muchos queden marginados de los procesos educativos aptos para abrirles el nuevo mundo tecnológico, que es la característica de esta época. Esos muchos son los más pobres, hijos de pobres, que a su vez tendrán hijos pobres condenados así a la reproducción intergeneracional de la pobreza.

La injusticia social potencia círculos viciosos que mantienen a muchas familias y provincias en el mundo postergado de la pobreza, impidiéndoles así una vida más digna. La pobreza estructural es un problema intergeneracional, y por esa razón debe ser abordado desde esa perspectiva, ya que estamos más en presencia de un problema de distribución permanente de capital que de meros ingresos temporales, pues los pobres no acceden a la capitalización en términos de recursos humanos. Las nuevas generaciones de jóvenes cada vez se parecen más a las de sus padres; es decir, ahora tenemos estructuras sociales con menos movilidad que en el pasado. La igualdad de oportunidades educacionales es decisiva para favorecer la movilidad intergeneracional, sobre todo si observamos que entre nosotros el capital humano acumulado por la educación se comporta como un patrimonio heredable, ya que el nivel educativo de los padres es un determinante principal del nivel educativo de los hijos.

Las diferencias en la educación se propagan de una generación a la siguiente a través del núcleo familiar. La acumulación de capital humano se hace entonces en el seno de la familia; son los padres de esta generación quienes con sus ingresos financian la educación de sus hijos, que luego en el futuro recibirán un mayor ingreso laboral por su propio trabajo. Los pobres tienen hoy menos capital humano acumulado (representado por años de escolaridad), y por eso generan menos ingresos hoy y no están en condiciones de financiar una mayor acumulación de sus hijos (más escolaridad). Se establece así la circularidad de la reproducción intergeneracional de la pobreza.

El aumento en los años de escolarización requeridos en las últimas décadas para acceder a cualquier empleo significó, para una gran parte de la sociedad argentina, un desafío de actualización y capacitación. Sin embargo, para muchos otros representó directamente la falta oportunidades laborales. La situación que enfrentan los hogares de menores ingresos está directamente relacionada con los cambios que se están produciendo en el mercado de trabajo; aquellas personas que poseen un escaso nivel educativo apenas sobreviven con empleos informales y, además, padecen los mayores niveles de desocupación.

Sabiamente, Confucio expresó: "Donde hay buena educación no hay distinción de clases". Esto significa que la "buena educación" tiende a fortalecer la igualdad de oportunidades, más allá de las diferencias en el nivel socioeconómico y la provincia de residencia de las familias de los alumnos. Lamentablemente, nuestra realidad es muy distinta. Las evidencias del Ministerio de Educación, por provincia y tipo de escuela, son las siguientes: (1) el 36% de los alumnos de sexto grado primario no sabe Matemática; sin embargo, este indicador negativo se ubica en apenas 8% en las escuelas primarias privadas de la ciudad de Buenos Aires y trepa al 51 en las escuelas estatales en el conurbano y Formosa. (2) El 45% de los alumnos del último año del secundario no sabe Matemática; pero en muchas provincias del NOA y del NEA este porcentaje en las escuelas estatales se ubica entre 70 y 80%, mientras que en las escuelas privadas de La Pampa apenas llega al 17%. (3) La considerable deserción de la escuela secundaria está íntimamente vinculada al nivel socioeconómico de las familias. De cada 100 alumnos que ingresaron a primer grado en el país en 2001 se graduaron 33 en 2012; pero esta cifra no refleja bien la realidad, ya que mientras las escuelas privadas graduaron 64, las estatales apenas graduaron 25. Esta significativa desigualdad es aún mayor en muchas provincias, como Santiago del Estero, donde apenas se graduaron en escuelas estatales 17, o en Misiones, donde la graduación secundaria fue de apenas 15 alumnos cada 100 ingresantes en primer grado.

Si se pretende mejorar las condiciones de vida de los más pobres, las propuestas no pueden agotarse simplemente en la cuestión del "ingreso" de las familias. En la economía moderna, el ingreso es la retribución por la utilización de alguna forma de capital, siendo el capital humano un ingrediente fundamental en esta ecuación. La clave consiste en generar iniciativas para que los grupos de menores ingresos puedan acumular rápidamente capital humano a través de una mejor educación. De lo que se trata es de aumentar la capacidad de los pobres para obtener mejores ingresos que sean permanentes en el tiempo. Para lograr este objetivo, es imprescindible avanzar rápidamente hacia una mayor igualdad de oportunidades en educación. Cuando una escuela no abre sus puertas, todos perdemos.

El autor es miembro de la Academia Nacional de Educación

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