Conocé cuatro escritoras que te hablan al oído

Crédito: Corbis
La fuerza de las mujeres es el común denominador que comparten las novelas elegidas de Liliana Heker, Gioconda Belli, Gabriela Cabezón Cámara y Vera Fogwill
Daniela Chueke
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8 de mayo de 2014  • 16:59

Esta vez en el Club de lectura Ohlalá te proponemos dialogar sobre cuatro novelas que nos impactaron. Escritas por autoras que en apariencia solo tienen en común que son mujeres, contemporáneas y latinoamericanas. De hecho son muy diferentes su formación y sus trayectorias literarias, también pertenecen a distintas generaciones.

Sin embargo estas cuatro novelas tiene un mismo común denominador: sus protagonistas son mujeres que, conscientes o no de la poderosa fuerza que se esconde tras sus debilidades, se atreven a ponerla en juego hasta sus últimas consecuencias.

Estas mujeres tienen convicciones fuertes. Por distintas circunstancias la vida las obliga a defender sus valores hasta extremos inesperados. En algunas hasta parecen llegar al límite de lo sobrenatural.

Estos personajes le ponen el cuerpo a la vida y nos interpelan a los lectores: ¿vivimos como queremos o vivimos como nos dejan?

Liliana Heker: Zona de clivaje (1987, Alfaguara)

Crédito: Archivo

El personaje y su poder especial: Irene es una chica de 30 que hace trece años está en una relación de pareja muy particular con un hombre trece años mayor. Hacé la cuenta: están juntos desde que ella tenía 17 años, cuando todavía era una adolescente y él su profesor. Llevan adelante una pareja abierta, es decir con libertad para tener distintos compañeros sexuales aunque el único que aplica esta parte del trato es Alfredo. Ella no tiene interés en otros. Irene oficia de amante, mejor amiga, confidente, es la que lo conoce en profundidad y no tiene problema en escuchar con atención los pormenores de sus conquistas. Sabe que son sólo aventuras pasajeras. Después de todo, es ella es la que ocupa un lugar en su corazón, por eso se siente poderosa, libre, dueña del destino que eligió. Hasta que sucede algo que la empieza a incomodar. Experimenta los celos frente a la llegada de una nueva adolescente en la vida de Alfredo y siente que se está quedando afuera del juego. Por primera vez registra que es capaz de sentirse vulnerable y desprotegida como cualquier mujer enamorada, como cualquier vecina del barrio. Como la más fuerte de las piedras preciosas Irene se ve forzada a reconocer su propia zona de clivaje, el lugar adonde la unión de los átomos se muestra débil y por lo tanto, se puede quebrar.

Un párrafo: "Vuelve a la lectura de "Setenta balcones y ninguna flor" y otra amenaza la acecha: el castigo para los que no tienen jardín. Es cruel, el poema lo dice. Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave. ¡Eso no! Besos quiere y también un clave, sea lo que fuere no piensa privarse de nada, placeres clandestinos, famosos actos de heroísmo, la vida estallará como una alegre granada. Así que a los doce años decide que va a tener jardín. Y a los treinta se ha conseguido este lindo balconcito de tres por uno donde en la dorada mañana del 1° de septiembre, recién regados y pimpantes, fulguran al sol un malvón pensamiento, una alegría del hogar, un incipiente gajo de enamorada del muro, otros verdores inciertos y esta azalea que Irene, con la regadera a un costado y en cuclillas, contempla embelesada. Ya que acaba de dar su primer pimpollo."

Sobre la autora: Nació en Buenos Aires en 1943. Es novelista, cuentista y ensayista. Fue directora de dos revistas literarias: El Escarabajo de Oro y El Ornitorrinco. En ellas sostuvo polémicas, publicó ensayos y críticas y participó de los encendidos debates ideológicos y culturales de los últimos veinticinco años. Sus novelas Los que vieron la zarza (1966) y El fin de la historia (1996) la consagraron como una de las grandes narradoras argentinas contemporáneas.

Vera Fogwill: Buenos, limpios y lindos (2013, Seix Barral)

Crédito: Gentileza Telám

El personaje y su poder especial: Ana tiene la habilidad de teletransportarse en el tiempo y en el espacio mientras su cuerpo está inmóvil en un estado indefinido entre el coma y la muerte. No maneja sus recorridos, simplemente sobrevuela momentos vividos por seis personas que hasta el momento del accidente no conocía. Lo único que las une con ellas es el hecho de que todos mueren el mismo día en que ella entra en ese estado tan peculiar. Cual guía turística nuestra narradora omnisciente nos lleva a espiar las vidas de estos seres desesperados, que no paran de sufrir, sentir y alardear por motivos banales. Y es esa banalidad, cercana a la frivolidad, al fundamentalismo, a la inocencia y la lisa y llana estupidez lo que nos atrae. Queremos saber hasta dónde serán capaces estos seres de profundizar en sus caprichos. ¿Logrará Nadia que sus padres aprueben su rinoplastia? ¿Saldrá adelante Sonia al huir del barrio privado sin marido y a cargo de una hija pequeña? ¿Será aceptada Alma por sus compañeros de colegio aunque ande enfundada en su velo integral? ¿Johnattan tendrá finalmente su playstation como cualquier chico de su edad? ¿El enano Diosnel conseguirá con su talento para los negocios compensar en altura moral la estatura que la naturaleza le escatimó? ¿Raymundo podrá casarse con la mujer de sus sueños a los 90 años? ¿Y Ana? ¿Podrá llegar a ser una madre menos disfuncional, abandonar su fanatismo juvenil por Gustavo Cerati y estar más presente para su propio hijo?

Un párrafo: "Estoy feliz, sobrevuelo la ciudad parada en mi tarjeta de crédito que es una alfombra mágica. Pero dura poco, me estrello contra un banco. Le explico a un cajero automático que no he podido pagar mi tarjeta los últimos meses. Que el interés por mis monumentales gastos de desquiciada se hizo imposible para mi ineficiente economía. Que las cartas del banco se apilaban sobre la mesada de la cocina y que me la habían cortado. Y me entiende. Me pide que me quede tranquila y me explica que ahora se cubrirán todos mis gastos, incluso el crédito personal de ocho mil pesos que solicité hace cuatro meses. Todo será saldado por el banco gracias a mi muerte. Que morirnos vale plata. Mucha más plata que vivir."

Sobre la autora: nació en Buenos Aires en 1972. Dirigió el film Las mantenidas sin sueños, recibió más de treinta premios internacionales como actriz, dramaturga y como directora. Entre ellos el Primer Premio del diario La Nación por su obra teatral Las feroces en 1995 y el premio New Voices del Festival Internacional de Cine de Bangkok en 2006. Es la hija del uno de los mejores escritores argentinos, el fallecido Enrique Fogwill, más conocido como Fogwill a secas.

Gioconda Belli: El país de las mujeres (2010, Norma)

Crédito: Gentileza radio.rpp.com.pe

El personaje y su poder especial: Viviana Sansón es la presidenta de Faguas, un pequeño país de América Latina, donde gobierna el PIE, partido de la izquierda erótica, compuesto por mujeres decididas a resolver todos los problemas de su nación a base de humor, amor y erotismo. Alguien dispara contra la presidenta quien se salva de la muerte pero queda grave, en estado de coma. Mientras las miembros de su partido se ocupan de analizar cómo reorganizarán el país, ya que el cargo de vicepresidente había sido eliminado –Viviana pensaba que no se debía llegar a la presidencia por accidente o azar- nuestra heroína rememora partes de su vida y su lucha por establecer un nuevo orden de cosas. El camino no ha sido fácil pero se ha logrado vencer siglos de dominio masculino para ofrecer una alternativa amorosa en el manejo de la sociedad.

Un párrafo: "Viviana continuó su recorrido por el redondo escenario. A sus cuarenta años tenía un físico envidiable: un sólido cuerpo moreno claro de nadadora, una mata de pelo oscura de rizos africanos hasta los hombros-herencia del padre mulato que nunca conoció- y el rostro delgado de su madre, de facciones finas pero con grandes ojos negros y una boca de labios anchos y sensuales. Aquel día, Viviana vestía una camiseta negra de escote profundo, por el que sobresalían los pechos abundantes cuya utilidad solo aceptó cuando se metió en política. Durante su adolescencia su tamaño la incomodó de tal manera que practicó el nado como deporte cuando se fijó que todas las nadadoras eran planas como tablas de planchar. Ella, aunque brilló en sus proezas acuáticas y hasta llegó ser campeona nacional de natación, apenas si logró hacer mella en el desarrollo desaforado de sus ya famosas tetas. Al final no le quedó más que abrazar sus generosas proporciones. Terminó pensando que debía celebrarlas y convertirlas en sinónimo del compromiso de darle a la población de aquel país los ríos de leche y miel que el mal manejo de los hombres le habían escatimado."

Sobre la autora: Nació en Managua el 9 de diciembre de 1948. Su producción literaria aborda desde la poesía revolucionaria hasta la novela y el cuento infantil. Algunas de sus obras más renombradas son Sobre la grama, con la que obtuvo el premio de poesía Mariano Fiallos Gil, Línea de fuego, Truenos y Arco Iris y De la costilla de Eva.

Gabriela Cabezón Cámara: Romance de la negra rubia (Eterna Cadencia, 2014)

Crédito: Archivo

El personaje y su poder especial: Para resistir el desalojo policial de una comunidad de artistas, escritores y poetas, Gabi, se prende fuego a lo bonzo. Sobrevive y se convierte en performer. Su acto heroico la convierte en santa, en leyenda, en objeto de admiración y esto la lleva a viajar por el mundo exponiendo como espectáculo su piel arruinada. En una de sus presentaciones internacionales se enamora de una millonaria suiza y se va a vivir con ella a su mansión a orillas del lago Leman. Sabiendo que está a punto de morir, la amante de Gabi decide donarle la piel de su cara y toda su fortuna. Gracias a su nueva posición económica consigue viviendas para todos sus amigos y ex compañeros. Vuelve al país y se mete en política hasta que la eligen gobernadora de Buenos Aires. La novela delata, en tono fantástico, el problema de la vivienda en las grandes ciudades y pone de relieve gran parte de la crítica actual al arte moderno (qué merece ser llamado arte y que no es más que otro de los tantos objetos de consumo valor estético destacable).

Un párrafo: "Yo sólo les trabajé de víctima todo el día, hasta me volví obra de arte: me metieron en el medio de una mega instalación en la Bienal de Venecia. Yo era la sacrificada. Me quedaba ahí sentada de la mañana a la noche los cuatro meses de muestra. Atrás estaba Jesús agonizando en su cruz, un holograma mojado que lloraba agua y sangre. A los costados, videos. Y por todos lados fotos de militantes caídos. Los críticos se coparon, a todos les parecía que habíamos superado a la loca de Abramovic, qué oscuros sus latigazos comparados con mis llamas, qué bella su cara rusa al lado de ese amasijo que era mi cara quemada."

Sobre la autora: Nació en Buenos Aires en 1968. Publicó La Virgen Cabeza (Eterna Cadencia, 2009) y Le viste la cara a Dios. Es editora de Cultura en Clarín.

¿Conocías a estas autoras? ¿Cuál leerías?

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