Suscriptor digital

Un muestrario elocuente del argentino de hoy

"El mundo contra mí" (Argentina, 1996). Intérpretes: Paulina Rachid, Luis Brandoni, Mirta Busnelli, Irma Córdoba, Daniel Fanego, Jorge Marrale, Carolina Papaleo, Pablo Rago, Gustavo Garzón, Magalí Moro, Gloria Carrá, Victoria Oneto, Mauricio Dayub, Maurice Jouvet. Dirección: Beda Docampo Feijóo. En el Santa Fe 1, Monumental, Complejo Tita Merello, Multiplex Belgrano, General Paz, Coliseo de Flores, Tren de la Costa Libertador.
(0)
19 de septiembre de 1996  

Dos grandes problemas tiene Florencia el día que cumple veinte años: está pasadita de kilos y es una romántica empedernida. Se lo cuenta a una cámara de video, como si ésta fuera su silencioso confesor, y le promete suicidarse si en ese fin de semana no resuelve algunas cosas. A partir de ahí, asistimos al encuentro de Florencia con sus pintorescos familiares, con sus amigos de siempre y los del momento y con personajes ocasionales. Lo que parecía sólo una historia centrada en el inconveniente social de no tener el perímetro adecuado donde corresponde se convierte en un muestrario simpático, elocuente y contemporáneo de los modos de ser de los argentinos de hoy. Como es hija de padres separados, las partes entran en juego cada una por su lado. La circunstancia le sirve al hábil guión para centrar buena parte de las relaciones humanas en diálogos incisivos y en un muestrario de los usos y costumbres verbales de la juventud porteña y de los alrededores de estos días.

Era de suponer: la cuestión de las medidas y el peso pasan pronto a un segundo plano. La chica cuenta con otras dificultades para enfrentar el mundo conocido. Es tímida pero pronta para la respuesta justa, conoce lo que puede del mundo, toma como proeza mantenerse virgen y no acepta las imposiciones de una familia en la que no sobra el buen ejemplo.

A partir de ahí, y dada la falta de una narración anudada en una historia que deba seguirse en su entramado, el relato prefiere dispersarse en una galería de caracteres ceñida sólo a la presencia de Florencia, que se va encontrando con uno y con otro. La galería inclina la acción hacia el "film de actores". En esto no hay casi altibajos. También convierte al relato en una sucesión episódica. La joven Paulina Rachid -Florencia- es buena en lo suyo y tiene mucho encanto.

Uno más, otro menos

El poco recomendable padre adoptivo está a cargo de un Luis Brandoni frenético, de respuesta rápida y mordacidad amarga. La madre "verdadera" tiene en Mirta Busnelli a lo más insólito y espontáneo del elenco (de verdad, le bastan unas pocas frases para desear uno que ocupe más el plano). Jorge Marrale y Carolina Papaleo son los padres de fuera de casa, el "verdadero" y la nueva mujer de éste. La ocasión de los trabajos paternos le da al relato oportunidad para hacer buenos y eficaces chistes sobre la televisión, porque allí trabajan los papás, uno como autor de teleteatros y el otro en la conducción de un programa de escándalos. La narración apoya la subjetividad de la protagonista en unos cuantos encuentros de ella frente a la cámara de video ante la que se confiesa. En más de una oportunidad, esa cámara coincide con los ojos de los espectadores, en la medida en que la chica la/nos enfrenta y nos convierte en jueces. Esos altos en el camino sirven para penetrar en el mundo interior de Florencia, y para que ella reflexione sobre un fin de semana en el que ha decidido poner en tela de juicio a todo el mundo, ella, la primera.

Beda Docampo Feijóo, guionista y director, no ahorra ironía en su muestrario humano, tanto en los adultos como en los jóvenes, aun cuando los propósitos del film parecería que se dirigen a estos últimos. El realizador se expresa mediante un academicismo subrayado en el cuidadoso manejo de los encuadres, en el sostén de un guión trabajado hasta la médula, y en el dibujo humano de un mundillo burgués que conoce y al que describe desde la ironía, pero sin acentuar los matices satíricos, aunque Busnelli y Brandoni, para suerte de la platea, tienden a esta nada ocasional y mordaz manera de revisar desde el tono de las frases el ánimo de sus personajes. El cuidado de la realización por no mostrar fallas es tal que, sobre el desenlace, la chica prefiere a uno igual para sus futuros diálogos; es verdad que se trata del más perverso y desaliñado, pero seguramente Docampo Feijóo lo pondrá en vereda. Y no hace falta un próximo film para entender que así será.

Un regalo para el buen gusto es volver a ver en la pantalla grande a Irma Córdoba, en el papel de la abuela, una actriz que cuenta los momentos desprejuiciados y bien vividos de su larga vida. Como en las narraciones inteligentes, los chicos sólo escuchan a los viejos, porque "los de nuestra edad" estamos siempre muy ocupados. Además, el film demuestra que una cámara -la del cine, por ejemplo- es un buen dispositivo para escucharlos.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?