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De tal palo, tal astilla

Con su protagónico en el policial Muerte en Buenos Aires, estreno del jueves, el hijo de Ricardo Darín se consolida como actor
Pablo Gorlero
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10 de mayo de 2014  

Chino Darín heredó del padre la habilidad de convertir una entrevista en una conversación interesante, una conversación en la que entrevistador y entrevistado podrían quedarse horas charlando. Macanudo y educado, es de esos pibes de veintipico que todavía dicen hola, gracias, buen día, de nada? Un tipo que mira a los ojos y que no cambia su humor aunque la pregunta no sea de su agrado.

Ya hace un par de años que su nombre resuena con insistencia, pero él se sigue sorprendiendo y continúa disfrutando cada trabajo como si fuera el primero.

Éste será un gran año para él. Con su protagónico en Muerte en Buenos Aires, que se estrenará el jueves, se lo ve particularmente feliz. Tiene motivos. Esta ópera prima de Natalia Meta es una superproducción del cine nacional en la que hace todo lo que a cualquier actor le gustaría hacer para "jugar" un rato a ser otro: anda a caballo, a los tiros e interpreta a un personaje sumamente atractivo, jugando con el humor y el dramatismo al mismo tiempo.

"Es un laburo buenísimo. Pero más que la acción y todo lo que pude jugar en esta película, me atrajo muchísimo la personalidad de este personaje, de «el Ganso». Es un tipo con una dualidad muy marcada. Me encantaba eso porque no sabés qué pito toca. No conocés mucho de su pasado. Por un lado, es un tipo humilde que tiene una vidita en La Boca y, de pronto, tiene un vínculo con un tipo al que recién conoce; no sabés bien qué lo motiva, por qué acciona o hacia dónde va. Es muy ambiguo todo el tiempo", describe con pasión "el Chino".

Muerte en Buenos Aires es un policial con toques de humor, ambientada en los años 80. Es el caso del homicidio de un hombre perteneciente a una familia patricia, asesinado presuntamente por un taxi boy, luego de un encuentro sexual. La investigación corre por cuenta del inspector Chávez (interpretado por el mexicano Demián Bichir), un hombre de familia y policía rudo. En la escena del crimen conoce al agente Gómez, alias "el Ganso" ("el Chino" Darín), un policía novato que se convierte en su mano derecha y que accede a sumergirse en el mundo gay de la alta sociedad para poder atrapar al asesino. En diversos roles importantes participan Carlos Casella, Mónica Antonópulos, Hugo Arana, Emilio Disi, Luisa Kuliok, Jorgelina Aruzzi y Humberto Tortonese.

Fue un proceso largo el de Natalia Meta. Se inspiró en una sucesión de crímenes con algunos puntos en común que ocurrieron en los 90, luego del asesinato de su amigo Claudio "la Clota" Lanzetta. Primero se hizo un piloto para lo que sería una miniserie de trece capítulos que llegó a avanzadas charlas con señales internacionales, como Fox y HBO, pero todo se dilató hasta que alguien le sugirió convertir esa idea brillante en película.

"Es grande para lo que es el cine nacional en general –dice el actor–. Mirá que he visto producciones en las que ha laburado mi viejo, con gran parafernalia. El despliegue que se hizo en Diagonal Sur para grabar la escena de los caballos fue de locura. Natalia quería hacer su película a todo trapo desde el comienzo. Tenía el proyecto entre ceja y ceja, y nos fue convenciendo a todos. Un ímpetu así te agarra de la mano y te lleva. En la película estamos todos los que participamos del piloto de la miniserie y la incorporación de Demián fue la frutillita del postre. La película tiene unos toques de realismo mágico que me encantan. Hay un retrato exacto de la década del 80, además, y tiene muchos toques satíricos sobre el mundo policial y judicial", cuenta el joven actor.

Hasta hace un tiempo, por la calle, uno podía encontrarse con miles de afiches y gigantografías de una marca internacional coreana con la imagen de "el Chino" Darín. Hoy, es más común toparse con su imagen, pero en el afiche de Muerte en Buenos Aires, con una gráfica que remite muy bien al género policial. Eso lo enorgullece. Es su trabajo, su criatura. "Me encanta ver mi imagen en personaje. Estoy acostumbrado a que me reconozcan como hijo de, ni siquiera como actor o quien soy yo. Empezar a ver que la gente identifica a los personajes en algún lado da cierta satisfacción", indica.

Hace algunos años, en una entrevista a este diario, Ricardo Darín comentó orgulloso que su hijo estaba estudiando cine y que creía que lo suyo estaba detrás de cámara. De todos modos, al mismo tiempo, "el Chino" ya estudiaba actuación con Raúl Serrano, como alternativa a sus estudios en la FUC. Finalmente, la providencia lo empujó por el camino de la interpretación. "Soy un tipo que necesita llevar la teoría en una mano y la práctica en otra. Siempre me gustó ver trabajar a mi viejo, no por él en sí, sino porque me daba acceso al otro lado de las películas. El detrás de escena es un mundo espectacular. Después ves la película terminada y te transporta. Eso me parecía alucinante. Creo que en mi cabeza tenía emparentados ambos lados de la cosa. Empecé a aprender cómo era el laburo del actor, al mismo tiempo que comencé a aprender cuál era el contexto en el que un actor trabaja. Uno no puede aislarse del contexto a la hora de laburar como intérprete. Hubo un momento en el que sentí que había algo que tenía que ver con cierta expresión artística y que en el cine iba a tardar en lograrla porque no soy de escribir ni de generar algo propio", explica.

Trabajó como asistente de producción cerca de su padre y de Juan José Campanella en El secreto de sus ojos, pero luego el destino lo condujo hacia otro lado. Participó de varios castings y lo empezaron a elegir. En televisión comenzó a llamar la atención con Los únicos y en Farsantes se ganó muy buenos comentarios por interpretar al hijo de Guillermo Graziani, personaje interpretado por Julio Chávez. Luego, el camino lo condujo al cine.

Esa exposición también lo convirtió, en más de una oportunidad, en blanco de los programas de chimentos y las revistas del corazón. Pero no vive eso como algo traumático, sino como una consecuencia más de la popularidad. "Ahora me doy cuenta de que, por más que quieras mantenerte fuera de eso, por algún lado te entra alguna bala. Me tocó una etapa mucho más brutal que la de mi viejo. Cuando yo era chico, había periodistas especializados en espectáculos y punto. No en vidas personales y farándula. Tiene que ver con cierto viraje cultural que tuvo la televisión en estos años, una cierta involución en ese sentido. Se arma un círculo vicioso, quedás en el medio y entran tiros por todos lados. Tienen que generar contenido todos los días y a veces te inventan cosas. Pero en general no me hago mala sangre. Me parece que es fundamental tratar de tomárselo con humor. Tampoco se metieron mucho conmigo, más que nada con cosas de amoríos. Cuando te meten el dedo en la llaga y hay mala leche, te da bronca", explica. Y es sincero, tanto como cuando le confesó el domingo pasado a Mirtha Legrand que Calu Rivero se fue de su vida cuando ella se cansó. "Eso es un hombre", dijeron muchas de sus seguidoras en Twitter.

Además de Muerte en Buenos Aires (filmada el año pasado), en cinco meses filmó tres películas y tiene previsto otra más antes de fin de año. Eso indica que el cine tal vez sea un camino seguro y que deba postergar un poco sus deseos de trabajar en alguna obra de teatro. "Me están llegando muchos proyectos como actor y tengo la necesidad de probarme a mí mismo en espacios distintos y buscar variedad en el mismo rubro. Esta semana terminé de filmar mi tercera película en este año y eso no es normal", dice. La película a la que se refiere es Voley, dirigida por Martín Piroyansky, en la que trabaja junto con Violeta Urtizberea, Inés Efrón, Vera Spinetta y Justina Bustos. Antes, con el pelo teñido de rubio, actuó en la ópera prima de Helena Tritek: Angelita, la doctora, en la que participan Ana María Picchio (gran amiga de su padre), Norma Aleandro, Hugo Arana y Mario Alarcón. Retrata la vida de una mujer de Berazategui, y él hace de su hijo rebelde. La tercera es Uno mismo, de Javier Arregui, junto con María Dupláa, sobre un solitario de rutina organizada y fanático de Quilmes, a quien una mujer le trastoca sus esquemas. "Es una suerte esto que me ocurre, no a mucha gente le pasa, siento que debo disfrutarlo y agradecerlo. Lo estoy gozando muchísimo", concluye.

Una familia que tiene los pies en la tierra

Aunque ya tiene previsto mudarse dentro de muy poco, convive cómodo con sus padres y su hermana. "Nos arruinó la mesa de ping-pong con sus cosas de artista plástica –dice en referencia a su hermana menor–. Es un crimen, pero es tan buena en lo que hace que se lo perdono." A su vez, cuenta que su madre (Florencia Bas) y su hermana, Clara, son quienes se ríen de la popularidad de los hombres de la casa y los llevan a tierra permanentemente. "Se matan de risa, se lo pasan defenestrándonos, pero se divierten. Tiene que ver con desacralizar un poco lo que pasa con las figuras públicas. Dentro de esa polaridad, ellas buscan el costado humorístico. Las dos son muy pícaras y se toman con mucho humor lo que pasa con nosotros. Mi vieja es quien le ha mantenido los pies sobre la tierra a mi papá durante muchos años. Es muy terrenal", afirma con orgullo.

–¿Te gustaría trabajar con tu papá como actor?

?Sí, claro que me gustaría, pero forzar eso por el simple deseo de laburar justos sería medio raro. Cada tanto hablamos de que tenemos sentarnos a escribir algo, no sabemos si una peli o una obra. Queremos generar algo nosotros porque siempre tenemos anécdotas que tratamos de rescatar, de mantener, de contar, pero nos cuesta llevarlas al papel. Somos muy vagos para eso y el deseo puede llegar a quedar para la eternidad.

–Cuando te llega una propuesta, ¿la compartís con él o le consultás?

?No tengo la mecánica de ir a contarle inmediatamente. Primero veo qué me pasa a mí con eso. Depende de qué me pase, por ahí busco una opinión afuera. De todas maneras, hablamos un poco de todo, incluso de las cosas que decido que no voy a hacer. Todavía vivo con mi familia. Constantemente compartimos todo. Hablamos de todo.

–¿En algún momento tuviste miedo de que digan que todo es porque sos hijo de Ricardo Darín?

?Seee… Creo que no tengo muy en claro qué es lo que me pasaba al principio, que no quería ir a castings o exponerme a que alguien pudiera juzgar mi laburo. Primero porque no me sentía preparado, estaba estudiando. Puede tener algo que ver con eso, pero no lo adjudico completamente a mi viejo. Porque yo también soy muy autocrítico. Me veía en los cortos que filmaba para la facultad y me quería matar. Siempre habrá alguno que adjudique que todo tu laburo es porque sos el hijo de Ricardo Darín. Hay que convivir con eso también y no pasa nada. Después hay mucha más gente que no sabe que soy el hijo de mi viejo y me vio en algo y le gusta. Te encontrás con todo tipo de personas. El prejuicio de arranque no es algo que yo comparta, pero cada uno puede pensar lo que quiera

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