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En retirada: Irán toma distancia de sus aliados en América latina

Luego de casi una década de hacer causa común con Venezuela y otros gobiernos ante Estados Unidos, el nuevo gobierno rediseñó su agenda; cancela negocios y cierra oficinas de la compañía petrolera iraní
Ramiro Pellet Lastra
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18 de mayo de 2014  

Fue una auténtica despedida. Sentado en primera fila junto al cubano Raúl Castro, el entonces presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, asistía sin disimular su dolor al funeral de Hugo Chávez, su gran aliado latinoamericano. "Hemos perdido a un gran amigo, tengo la sensación de haberme perdido a mí mismo", declaró esa tarde de marzo de 2013.

La sensación se transformó en realidad. En los meses siguientes, Ahmadinejad salió de escena al finalizar su segundo mandato y el nuevo gobierno comenzó a dar vuelta la página de sus aventuras latinoamericanas.

Desde entonces Irán tiene nuevas prioridades. La orden del día es conciliar con las potencias occidentales. El viejo camino se comenzó a desandar con la cancelación, en las últimas semanas, de proyectos petroleros y el cierre de filiales de empresas iraníes. Y, sobre todo, por el distanciamiento político de Teherán con el bloque bolivariano, que lidera Venezuela, con el que, hasta hace sólo meses, hacía causa común en sus proclamas antiimperialistas.

Atrás quedaron ocho años de gobierno y nueve visitas de Ahmadinejad, convertido en viajero frecuente. Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador y Bolivia eran sus puntos de interés, sobre todo Venezuela, escala obligada. Todos ellos con el mismo libreto confrontativo hacia Estados Unidos, el cual logró dar un aire de familia a países tan distintos.

De buenas a primeras, sin embargo, Teherán cambió de objetivo. Puso proa a resolver las sanciones internacionales que pesan en su contra, a las que fue sometido por sostener un programa nuclear sospechado de tener fines militares. La economía se ahoga, la inflación se escapa, la gente no la pasa bien... Lo mejor era negociar. La idea es concertar una salida decente, que deje a todos conformes, en una serie de reuniones que se tramitan en Viena con Estados Unidos y Europa. Lo demás está en receso.

Así lo explicó a LA NACION el analista Paulo Botta, especialista en temas iraníes. "En los últimos dos años de mandato, Ahmadinejad se había convertido en un presidente más débil. Sobre todo desde la llegada de su sucesor, Hassan Rohani, a mediados de 2013, la idea de un acuerdo con la comunidad internacional comenzó a ser tema de la agenda de Irán. Los propios iraníes decidieron bajar el nivel de las relaciones con América latina", dijo.

Crédito: Fotos Reuters y AFP/archivo

Profuso e irrelevante

¿Qué relaciones eran ésas? En lo económico, por cierto, fue todo tan profuso como irrelevante. Chávez y Ahmadinejad firmaron la febril cantidad de 200 acuerdos por miles de millones de dólares. Los hubo sobre petróleo, plantas de autos, de bicicletas, de cemento. Irán también cerró tratos con Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba, todo el elenco bolivariano, y aumentó el número de sus embajadas en la región.

Una lista impresionante, si no fuera porque muchos de esos cientos de acuerdos nunca llegaron a destino. O lo hicieron bajo sospecha, como el Fondo Binacional Venezuela-Irán, que, según Washington, operaba en nombre del Banco de Desarrollo de Exportaciones de Irán, una institución incluida en el listado de organismos bajo sanción internacional.

Los especialistas coinciden en que las relaciones que forjó Ahmadinejad con los gobiernos bolivarianos, en efecto, fueron literalmente de la boca para afuera. Más discursos que hechos. Más insultos contra los enemigos de los desheredados del mundo que fábricas en marcha.

Como dijo desde Washington el analista político Juan Carlos Hidalgo, del Cato Institute: "En un momento en que Teherán enfrentaba el aislamiento internacional, encontró un puñado de regímenes latinoamericanos que le ponían alfombra roja. El hecho de que Irán empiece a disminuir su presencia da fe de que no respondía a intereses geopolíticos verdaderos, sino a una coyuntura que resultó bastante efímera".

Ahmadinejad incluso flirteó con el Brasil de Luiz Inacio Lula da Silva, que en sus dos últimos años de gobierno alentó un acercamiento. Pero ese entendimiento "fue un sueño de una noche de invierno, de un invierno diplomático, cuando Brasil perdió el rumbo de sus objetivos estratégicos", dijo a LA NACION el historiador Marco Antonio Villa.

Crédito: Fotos Reuters y AFP/archivo

Bajar la cortina

Con la llegada de Rohani al poder la decisión fue bajar la cortina de lo que ya no funcionaba. Irán acaba de cerrar, por ejemplo, dos oficinas de la Compañía Nacional de Petróleo de Irán (NIOC), una en Bolivia y la otra en Venezuela. También canceló en Venezuela un proyecto del Persian Gulf Petrochemicals Holding.

Y siguen vaciando locales. El nuevo director de la NIOC, Roknoddin Javadi, dijo que la empresa cerrará gradualmente sus oficinas en toda América latina. "No había ninguna justificación económica verdadera [para las filiales], más que nada lo que hacíamos era apoyar nuestros objetivos políticos", declaró el funcionario.

"El nuevo presidente ha decidido limitar la presencia en América latina por dos razones: los negocios marchan en cámara lenta y la política exterior iraní se ha centrado en llegar a un acuerdo con Estados Unidos y la Unión Europea -dijo a LA NACION el politólogo venezolano Carlos Romero-. Si llegan a un acuerdo habrá mayores oportunidades para que se acerque a América latina. Ahora no es posible."

La metáfora de la cámara lenta no es exagerada. Con todos los viajes de cortesía, los abrazos fraternos, los coros contra el imperio, con todo ese bagaje solidario, los países bolivarianos no representan más que una mínima parte del comercio entre Irán y América latina, dado que el 95% se lo llevan la Argentina y Brasil.

Hasta los deportistas tambalean en estas tierras: los futbolistas que van al Mundial de Brasil tienen órdenes de no intercambiar camisetas con los rivales. Un ritual innecesario en tiempos de ahorro. Ya lo dijo el presidente de la Federación de Fútbol Iraní: "No les vamos a dar a los jugadores una camiseta por partido; deberán manejarse económicamente con sus camisetas".

Crédito: Fotos Reuters y AFP/archivo

De la mano de Ahmadinejad

El ex presidente sabía cómo ganar amigos e influir entre la gente

Durante su presidencia (2005-2013), Mahmoud Ahmadinejad consolidó una relación más personal que institucional con América latina. Su guía particular en sus reiteradas visitas fue Hugo Chávez, que lo inició en los arcanos de la política del continente y le facilitó el acceso a socios como Evo Morales. El viajero no se privó de conocer a Fidel Castro, pionero en regímenes contestatarios, y logró entenderse con Lula.

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