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El debut tan esperado llega en París

Bagnis y Schwartzman se darán el gusto de jugar un Grand Slam; con ellos, serán ocho los participantes argentinos
José Luis Domínguez
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24 de mayo de 2014  

PARÍS.– Roland Garros se vive a pleno, incluso desde la qualy, la etapa de ingreso en el cuadro principal del certamen, a partir del martes previo al comienzo del campeonato, hasta el día en el que se definen las entradas en el cuadro mayor. Con tickets desde 20 euros, el espectador puede seguir alguno de los encuentros de la clasificación, o bien observar los entrenamientos de alguna de las estrellas en los courts más importantes. Si el abierto francés ya se destacaba por ser el primero en tener 15 días de duración en su etapa central –luego se agregó el US Open–, habrá que aclarar que la semana previa también cuenta con una más que interesante concurrencia.

La cancha 16, ubicada detrás del inmenso estadio Suzanne Lenglen, apenas si tiene un par de sus 300 butacas disponibles, y con apoyo del grupo de argentinos que está por aquí, entre ellos el capitán de la Copa Davis, Martín Jaite. Sobre el polvo de ladrillo, Facundo Bagnis muestra un tenis suelto, agresivo, y se queda con una de las plazas para el main draw, al ganarle al holandés Jesse Huta Galung por 6-3 y 6-2; el zurdo de Armstrong (Santa Fe) se unió así a Diego Schwartzman, que más temprano derrotó al belga Kimmer Coppejans por 6-2 y 6-2. Con ellos, serán ocho los argentinos en las llaves de singles del segundo Grand Slam de la temporada, que se sortearon ayer; la misma cantidad de representantes que hubo el año pasado, también con un ausente insoslayable como en esta ocasión: Juan Martín del Potro. El otro dato es que, por primera vez desde 2000, no habrá ningún nombre argentino en la lista de preclasificados.

Pero, en esta ocasión, soplan vientos de renovación sobre el grupo argentino, ya que los dos clasificados son debutantes absolutos en Grand Slams, ambos pertenecientes al decenio de los 90 (Bagnis, de 1990; Schwartzman, de la categoría 92); ambos se suman así a Facundo Argüello (otro de la 92), que entró de manera directa en el abierto parisino. Con el peso del enorme prestigio que dejó la Legión, una nueva camada busca hacerse lugar en el circuito, aun a sabiendas de que la generación anterior dejó el listón de superación en un punto muy difícil de igualar. Aunque ellos buscan abrirse camino, con mucho esfuerzo y ganas de sobra.

"Siento una gran felicidad. Hace tiempo que vengo trabajando muy duro, y entrar en el cuadro principal de Roland Garros es un sueño; es el torneo que nos identifica a los argentinos. Ya ver la cancha naranja nos hace sentir bien, así que ahora toca disfrutarlo y prepararse bien para lo que viene. Ya cuando los ves a los tenistas por televisión querés estar ahí, pero es un camino muy largo, y más cuando lo empezás a transitar. Por eso esto hay que disfrutarlo, pero también tenemos que pensar en seguir adelante, en no conformarse", cuenta Bagnis. El zurdo, entrenado por Martín Vassallo Argüello, participó por cuarta vez en la entrada del abierto francés, y a los 24 años se dio el gusto; esta vez, desembarcó en París el viernes pasado, con tiempo para aclimatarse y prepararse.

"Con la entrada a Roland Garros tenía una deuda pendiente, porque dos años había jugado bien y se me había escapado por poco, y en 2013 no jugué nada bien, pero este año llegué bien. Los partidos de qualy fueron todos muy parejos; todos se motivan como nosotros, porque hay más puntos y más dinero en juego, y estar entre los 128 de uno de los cuatro torneos más grandes del mundo entusiasma a cualquiera", cuenta Bagnis a LA NACION, todavía con la emoción a cuestas. En concreto, los clasificados suman 25 puntos por entrar, más un premio de 24.000 euros (menos los descuentos por impuestos), que no representa mucho para los jugadores top, pero para los luchadores del tour significa un monto superior a lo que gana un campeón de challenger, e incluso lo que obtiene un semifinalista de un ATP 250.

Como integrante de la nueva generación, Bagnis, que fue sparring del equipo argentino de Copa Davis en la final de Sevilla 2011, tiene su punto de vista: "Es algo que se viene hablando mucho y creo que merecemos que se nos tome en cuenta; hay muchos jugadores que vienen trabajando bien. Obviamente por ahí nosotros no tuvimos lo que tuvieron Coria, Nalbandian, Gaudio y Del Potro, pero sí estamos con muchas ganas. Hay jugadores que estamos cerca del top 100, y esperamos entrar para que la Argentina siga ahí, entre los países destacados. En mi caso, falta la regularidad de jugar en varios torneos como lo hice aquí; lo otro es entrar en el siguiente nivel y acostumbrarse a lo que juegan los de más arriba, jugar en el ritmo de ellos y ser más ofensivo, porque si no los puntos y los partidos se te van". Claro y contundente.

Schwartzman es, para todos, el Peque. Con 1,70 metro, entrenado por Sebastián Prieto, tiene como armas el despliegue, la intensidad y una actitud decidida. "Se siente muy lindo pasar una qualy. Venía bien, de ganar en Aix-en-Provence, pero, también fue como una descarga porque me había tocado perder varias finales de challengers. Acá, cuando vi el cuadro, pensé que era un poco difícil, pero fui jugando mejor, y creo que hice una buena clasificación. Mi entrenador me dice que hay que apuntar siempre más arriba. Lo más nuevo de entrar en un Grand Slam, para mí, será jugar al mejor de cinco sets, porque ya había entrado en varios torneos de ATP. Después, para esta temporada, el objetivo era terminar entre los 100 mejores, y ya estoy muy cerca (109º)", cuenta el pibe surgido en Náutico Hacoaj, fanático de Boca y que tiene entre sus referentes a Lleyton Hewitt, pero que se ha entrenado en más de una ocasión con Juan Martín del Potro. Bagnis y Schwartzman son los que, en el Bois de Boulogne, pasaron un filtro nada sencillo como lo es la clasificación de un torneo mayor. Mientras las estrellas empiezan su puesta a punto, ellos ya palpitan su propia segunda semana en la Ciudad Luz.

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