Un día en la vida del Liceo Naval Almirante Brown

Esfuerzo: aunque quienes concurren al establecimiento militar reconocen los sacrificios que se deben hacer, todos aprecian la formación que reciben a cambio; el compañerismo, uno de los valores destacados.
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4 de noviembre de 1996  

A las 6 de cada día Claudio debe despertarse para iniciar una jornada jalonada de estudios y disciplina. Pero no se queja; a los 14 años sabe que eso lo ayudará a formarse para un futuro incierto y acechante. Además, están las clases de navegación que tanto le gustan. Su nombre completo es Claudio Mariano Olivieri y al igual que otros 200 adolescentes pertenece al Liceo Naval Militar donde cursa el primer año.

Ubicado en Río Santiago a pocos kilómetros de La Plata, el reconocido instituto entrega los siguientes títulos a los cadetes que finalizan su secundario: bachiller orientado en comercio exterior y despachantía de aduana, guardiamarina de la reserva naval principal y timonel de yate a vela o motor.

Si se portan bien, todos los cadetes se van a sus casas el viernes al medio día y regresan entre el domingo a la noche y el lunes a la mañana. El que se porta mal es sancionado y no sale.

"No es tan duro levantarse temprano, porque primero pasan los celadores de quinto año y nos hablan para que nos vayamos despertando, pero en la segunda pasada nos tenemos que levantar", aseguró Olivieri.

Dice que el liceo es mejor de lo que pensaba y que lo pasa bien porque hay varios amigos del barrio de Caballito que cursan allí.

"Lo que más me gusta es navegar. Lo hacemos una vez a la semana en lugar de la clase de gimnasia", relata animadamente este hincha de Boca Juniors.

Compañerismo

Gastón Gledhill, de 18 años, oriundo de Río Negro, esta en quinto año y es todo un veterano dentro del liceo. "Yo estaba buscando un colegio con buen nivel académico cuando mis padres tomaron conocimiento del liceo a través de los medios de comunicación. Vinimos a averiguar, nos gustó y me quedé.

"Para mí la experiencia es espectacular, rescato la maduración que uno va adquiriendo y el sentido de compañerismo", expresó.

Fernando Pariani es el abanderado de cuarto año.

"Una de las cosas menos lindas -dice-, es que si uno hace una macana un día, pierde la salida del fin de semana y no puede ver a los padres o a los amigos." Pero también hay compensaciones. "Lo que más me gusta es el aspecto deportivo y la navegación; entre las materias me quedo con matemáticas", asegura.

Eduardo Pieresko, 15 años, de tercer año tiene esta visión: "Me gusta que podemos salir a navegar y la materia Comercio Exterior, que nos da el título de despachante de aduanas. La disciplina es bastante estricta porque todo se hace por horario, pero se puede sobrellevar aunque es bastante dificil en los primeros años".

Otro veterano de quinto año, Carlos Ignazzi, dice que "uno cuando llega a quinto año hace un balance. Entonces se da cuenta de que esa disciplina que estuvimos viviendo siempre nos ayudó mucho, tenía sus motivos y era necesaria.

"Ahora tengo una pauta de vida que pienso aplicar cuando salga del liceo. Me pongo horarios y los cumplo, y si me propongo algo lo hago y no lo dejo por la mitad." Ignazzi tiene claro su futuro; "me voy a dedicar a la ingeniería informática. Siento que la formación que me dieron aquí me sirve para entrar en cualquier universidad".

Confiesa que una vez en primer año lo dejaron sin salida y otra vez este año, pero no quiere revelar los motivos.

Lucas Trevisán, 15 años, de segundo año, en cambio, tiene algunas dudas. "Todavía no sé si voy a seguir la carrera militar, al igual que mi padre", asegura.

Vecino de Libertador y Teodoro García, Trevisán comparte el aula con uno de sus hermanos. "En casa nos peleábamos pero aquí nos ayudamos en todo", confiesa como extrañado por su propio cambio. Los sueños de algunos, los temores de otros, o los logros que van alcanzando año a año los cadetes, forman parte de la historia profunda del liceo -dirigido por el capitán de fragata Sergio Bazán- cuya misión es formar jóvenes profesionales de sólidos principios morales con profundo cariño por la Armada.

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