Con un llamado a la unidad, Felipe da las primeras señales sobre su reinado

En un aplaudido discurso, hizo una alusión al separatismo catalán; "sólo uniendo nuestros afanes avanzaremos a escenarios mejores", dijo
Martín Rodríguez Yebra
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5 de junio de 2014  

MADRID.- Al príncipe Felipe se le humedecieron los ojos con la ovación. Se puso de pie y esperó unos segundos antes de retomar la compostura de un noble profesional.

Entonces sí, se acomodó frente al atril y convirtió el primer discurso desde la abdicación de su padre, el rey Juan Carlos, en una versión abreviada del programa con el que se propone recuperar el prestigio perdido de la monarquía.

Prometió que cuando asuma el trono pondrá todo su "empeño" en servir a una España "unida y diversa", en una clara alusión al desafío separatista de Cataluña que amenaza la integridad del país. Y enfatizó en la necesidad de diálogo social para salir de la profunda crisis económica que entra en su sexto año.

Felipe habló ayer durante la entrega de un premio cultural en un monasterio de Navarra, un acto protocolar programado desde mucho antes de que se conociera el relevo en la corona. Famoso por la obsesión con que revisa cada frase que le toca pronunciar, el futuro rey no quiso desperdiciar la ocasión para mostrar que está enfocado en la misión histórica que el lunes le encomendó su padre.

Su alusión a la "unidad y diversidad" de España tuvo una inmediata repercusión política. Felipe lidia con el dilema catalán hasta en los preparativos de su proclamación.

Poco antes de sus palabras el bloque de diputados nacionales de Convergència i Unió (CiU) -el partido que gobierna Cataluña- anunció que se abstendría en la votación de la ley que debe regular la sucesión real.

Su líder y presidente de la Generalitat, Artur Mas, dejó en suspenso incluso su asistencia al acto solemne de jura del nuevo rey, previsto para el próximo miércoles 18. "Veremos si tengo la posibilidad de ir", dijo.

Esa actitud le valió ayer un reproche público del presidente del gobierno, Mariano Rajoy: "No es el momento de hacer política pequeña".

El gobierno de Cataluña promueve la convocatoria para el 9 de noviembre de una consulta popular en la que los ciudadanos de esa región decidan si quieren independizarse de España. La Moncloa considera ilegal esa jugada y advierte que no la autorizará.

Desde principios de año, el príncipe Felipe incrementó su presencia institucional en Barcelona y las otras capitales catalanas, donde mantuvo encuentros oficiales con Mas y reuniones reservadas con decenas de grandes empresarios y figuras públicas.

En su entorno descuentan que una de las tareas urgentes de su reinado será mediar para que no escale el conflicto separatista (que en menor medida también aflora en el País Vasco).

"Permitidme que reitere mi empeño y convicción de dedicar todas mis fuerzas, con esperanza e ilusión, a la apasionante tarea de seguir sirviendo a los españoles, a nuestra querida España, una nación, una comunidad social y política unida y diversa que hunde sus raíces en una historia milenaria", fue el párrafo más celebrado del discurso.

Sensible a las penurias

Otra de las obsesiones del heredero es mostrarse sensible a las penurias económicas que atraviesan los españoles, caldo de cultivo del fastidio social contra la clase dirigente.

"En períodos de dificultades como los que atravesamos, sólo uniendo nuestros afanes, anteponiendo el bien común a los intereses particulares e impulsando la iniciativa, la investigación y la creatividad de cada persona, avanzaremos hacia escenarios mejores", postuló Felipe. La princesa Letizia no le quitaba la mirada.

A 500 kilómetros de distancia, en el Palacio del Pardo, Juan Carlos I esperó a que terminara el acto de su hijo para retomar la ceremonia del adiós que pretende protagonizar hasta el día 18.

"¡Viva el rey!, ¡viva el rey!" Con ese grito se encontró al entrar al salón repleto de funcionarios y grandes ejecutivos de multinacionales españolas donde debía entregar un premio empresarial.

Se llevó la mano al corazón, agachó la cabeza y amagó con lagrimear. "Durante mi reinado he puesto todo mi empeño en apoyar el mayor progreso económico de nuestro país", les dedicó a sus invitados el monarca saliente.

Al atardecer se dio otro gusto al presidir por última vez una corrida de toros en Las Ventas: cuando apareció en el palco de honor el público de todos los tendidos, interrumpió con una ovación de pie los compases del Himno Nacional que tocaba la banda de la plaza.

Todo un bálsamo en medio de la sucesión de protestas para pedir el fin de la monarquía que se reproducen en media España desde que se blanqueó el recambio en la dinastía Borbón.

Del editor: cómo sigue. Como mostró la ovación de ayer, Felipe ya vive su luna de miel como rey. Deberá aprovecharla para restaurar la credibilidad de la casa real.

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