Suscriptor digital

Pleno empleo, otro engaño del relato

Fernando Iglesias
Fernando Iglesias PARA LA NACION
El índice de desocupación en la Argentina resulta bajo, pero no porque abunden las ofertas laborales, sino porque muchos no buscan trabajo en un país que considera ocupados a los que cobran planes de desempleo
(0)
9 de junio de 2014  

Después de revelar con honda pena que el crecimiento mais grande do mundo no era tal y que la pobreza era más alta en Formosa que en Suecia, el Indec acaba de difundir con cierto alivio la repetida noticia de que la desocupación sigue bajando. A estas alturas, ya todos sabemos de memoria la canción. Comienza con los violines ejecutando el lamentoso preludio "El país que nos dejaron", sigue con la contralto entonando la vibrante aria "Cinco millones de puestos de trabajo" y cierra el coro de aplaudidores con el himno "¡Miren el desempleo en la Europa neoliberal!". Aún hoy, cuando diez años de ineficiencia y corrupción mal camuflados por el viento de cola muestran sus terribles consecuencias sociales, el mito del pleno empleo kirchnerista permanece sin refutación. Lamentablemente, en esto también el modelo de acumulación de matriz diversificada e inclusión social ha sido un completo fracaso.

Primera cuestión relevante: ¿es el desempleo más alto en la Unión Europea que en la Argentina? Para desmentirlo, tomaré el ejemplo más incómodo: el de España (26% de parados en el primer trimestre de 2014 contra 10% de media en la UE), que junto con Grecia constituye una dramática excepción. Aun así, cuando se revisan las cifras, y aun suponiendo que las del Indec no estén falseadas, se descubre que la situación laboral es mucho peor en la Argentina de los milagros K que en la España de la catástrofe neoliberal. Según los datos oficiales, para el primer trimestre de 2014 el INE español registra 5.933.300 españoles desocupados y un paro del 25,93%. Según el reciente anuncio del Indec, los argentinos desocupados son sólo el 7,1%, poco más de 1.300.000 personas. Parece una diferencia enorme. Más del triple en el índice de desocupación. Sin embargo, la realidad es muy diferente.

Aquí, el truco. Cuando se habla de "desocupados" todos pensamos en personas sin trabajo. Pero las estadísticas no consideran como "desocupados" a las personas sin trabajo, sino a las personas sin trabajo que buscan trabajo. Y los argentinos sin trabajo que buscan trabajo son muchísimos menos que los españoles sin trabajo que buscan trabajo. Según datos oficiales, de los 29.044.860 españoles que no trabajan, 5.933.300 buscan activamente empleo y por eso son considerados "desocupados". Uno de cada cinco. Pero de los 24.823.410 argentinos que no trabajan, sólo 1.369.153 buscan empleo y son "desocupados". Uno de cada 17. En tanto, los 23.454.257 argentinos sin trabajo restantes no son considerados "desocupados", sino "inactivos".

Uno de cada cinco, contra uno de cada 17. Ésta, sí, es una enorme diferencia. Cuando el Indec y la Presidenta mencionan a los desocupados, ignoran pues, deliberadamente, a más de 23 millones de argentinos sin empleo, de los cuales hay 16 millones en plena edad laboral. Por eso el índice de desocupación nacional resulta bajo: no porque abunde el empleo, sino porque casi nadie busca trabajo en la Argentina de la revolución productiva versión dos.

Segunda cuestión relevante: ¿qué pasaría si los españoles buscaran trabajo con la misma intensidad que los argentinos? Muy simple. Si sólo uno de cada 17 españoles sin empleo buscara trabajo, como sucede hoy en la Argentina, más de cuatro millones pasarían a figurar en las estadísticas como "inactivos" en vez de "desocupados"; de los casi seis millones de españoles desocupados quedarían sólo 1.601.990, y el índice de desocupación español caería al 8%; es decir, sería casi igual al de la Argentina nac &pop del pleno empleo. El drama de la desocupación terminaría para España por los mismos métodos con que terminó aquí y Rajoy saldría a declarar que el modelo reactivador español ha sido, también, un formidable éxito.

Tercera cuestión relevante: ¿qué pasaría si los argentinos buscaran trabajo con la misma intensidad que los españoles? Si uno de cada cinco argentinos sin empleo buscara trabajo, como sucede hoy en España, los argentinos desocupados pasarían de 1.369.153 a 5.070.940 y el índice de desocupación de la Argentina de los milagros llegaría al 22%, es decir, sería prácticamente igual al de la España del desempleo neoliberal y salvaje.

Súmese ahora que de acuerdo con recientes confesiones las cifras del Indec sufren distorsiones notables, hasta el punto de que con la misma metodología la CGT releva una desocupación superior al 18%. Considérese que el Indec registra como ocupados a quienes cobran planes Trabajar, en tanto que los españoles que cobran subsidios a la desocupación son considerados desocupados. Agréguese que la Encuesta Permanente de Hogares del gobierno de la inclusión deja fuera de sus relevamientos al sector socialmente más desprotegido de la población nacional: el 37% que no habita en los 31 "aglomerados urbanos" del Indec, mientras que la base de datos del INE español incluye al 81% de los españoles. Recuérdese, finalmente, que van seis años sin creación de trabajo en el sector privado argentino y que contabilizamos como trabajadores a miles de militantes y no militantes incorporados compensatoriamente al Estado durante los últimos años con funciones desconocidas, y se comprenderá que la situación laboral en la Argentina es mucho peor que en España a pesar de los diez años de viento de cola, de un lado, y de la peor crisis europea desde la creación del Mercado Común, del otro. Para no mencionar las condiciones de vida en ambos países, que garantizan a los españoles vivienda, salud y educación dignas, salvo excepciones, mientras que los desocupados argentinos y el tercio de los trabajadores argentinos que tienen empleos en negro carecen de vivienda, salud y educación dignas.

La del pleno empleo es la mentira más infame del relato, ya que hace desaparecer de la escena social y la agenda estatal a millones de argentinos sin empleo. La cruda realidad es que el modelo proteccionista-industrialista-populista ha fracasado hasta en su principal objetivo: crear trabajo. Por eso el 7% de desocupación del Indec depende de que sólo uno de cada 17 argentinos sin empleo lo busque activamente. Los 16 restantes son "ni-ni" laborales que ni trabajan ni buscan trabajo, y que crecen día a día sin que el Gobierno logre dar una explicación y mucho menos ofrecer una salida.

El fenómeno de que los argentinos sin trabajo no busquen trabajo y el de que vivan en la pobreza a pesar de tener trabajo -dos grandes logros de la década ganada- están relacionados y dependen de los estímulos organizados desde el Estado. Escasez de trabajo y subsidios clientelistas, aquí. Escasez de trabajo pero salarios dignos y trabajo en blanco, allá. Por eso, los beneficios de tener trabajo son grandes en España y mínimos aquí. Hoy, un trabajador argentino que consigue empleo debe renunciar casi siempre a algún subsidio y aumentar sus gastos de transporte y alimentación para pasar a ganar un sueldo en negro y de valor muy poco superior a lo que pierde. Un trabajador español que obtiene empleo no debe renunciar a nada y pasa a ganar un sueldo en blanco de unos mil euros; cifra muy insuficiente para los estándares europeos (de allí la despreciativa categoría "mileurista"), pero que al cambio real suman 16.000 pesos en una economía cuyos precios difieren ya poco de los argentinos, y son estables. El piso, fijado por el salario mínimo, es de 3600 pesos en la Argentina y de 648 euros en España (equivalentes a unos 10.400 pesos). Tres veces más.

La difusión acrítica de la mentira del éxito del modelo en generar empleo es otra demostración de la complicidad de quienes han vivido a la sombra del kirchnerismo y sólo han salido a criticarlo en su momento de declinación. Diez años de peronismo menemista sumados a diez años de peronismo kirchnerista han llevado a la destrucción de la cultura del trabajo en la Argentina, con consiguiente proliferación de generaciones de "ni-ni" laborales que ni tienen trabajo ni lo buscan. Curioso saldo para veinticinco años de hegemonía del partido del Primer Trabajador.

Villas miseria que crecen como hongos. "Okupas" y tomas de terrenos. Familias viviendo en la calle. Trapitos. Piquetes. Limpiavidrios. Cartoneros. Un paisaje social urbano desconocido para la Argentina hasta los maravillosos años 90 y la década ganada peronistas. Mano de obra a precio de oferta para las mafias del narco y la política. Lumpenización acelerada de la vida social. Cualquiera que tenga los ojos abiertos puede ver a los "ni-ni" laborales por todas partes; por ejemplo, a ambos lados de los saqueos y linchamientos que han conmovido recientemente al país.

El autor fue diputado nacional y es director de la Campaña por una Corte Penal Latinoamericana

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?