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Cutaia y Melero, una sociedad musical sin tiempo ni lugar

Después de 30 años volvieron a grabar un disco juntos y lo presentarán mañana
Sebastián Ramos
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11 de junio de 2014  

Treinta años atrás, Carlos Cutaia y Daniel Melero grabaron lo que algunos recuerdan hoy como el primer acercamiento serio al tecno por parte del rock argentino. Un álbum que bebía tanto de Kraftwerk como de Gary Numan y que debió esperar dos años para ser finalmente editado. "Para los directivos del sello era un disco ineditable, pero para nosotros era inevitable", dice Melero ahora, sentado junto a quien fue en la década del 70 "el Conde" misterioso detrás de los teclados de esos supergrupos que fueron Pescado Rabioso y La Máquina de Hacer Pájaros, con Luis Alberto Spinetta y Charly García al frente, respectivamente.

En 1982 fue Cutaia el que buscó al joven Melero en un show de Los Encargados para proponerle "experimentar" juntos. Desde entonces, sus caminos musicales se bifurcaron, pero, tres décadas después, la historia se repite. "El año pasado empecé a jugar con una iPad que me regaló mi hijo y, casi sin querer, me puse a componer, a armar estructuras que me cautivaron muchísimo. Inmediatamente apareció el recuerdo de aquel disco, Orquesta, y enseguida el nombre de Daniel. "Qué lindo sería que Daniel se entusiasmara con este proyecto", pensé. Lo llamé, se entusiasmó y empezó el diálogo", asegura Cutaia que, de vuelta junto a Melero, presentará mañana, en la Biblioteca Nacional, un nuevo capítulo de esta sociedad sin tiempo ni lugar.

Melero: -Me entusiasmé tanto que al final tuvo que ofrecerme que el disco fuera de los dos. Me involucré tanto que mi intención fue hacer una intervención tan alta y tan respetuosa que se pareciera más a él que lo que él mismo tenía hasta ese momento. Además de cuánto lo admiro a Carlos, estaba el atractivo de una persona que tiene el don de tocar como él, restringiéndose a una pantalla táctil. Eso derivó en un sistema compositivo muy limitado en el que había que aplicar con mucha inteligencia cómo desarrollar las canciones.

Cutaia: -Digamos que la iPad me ofreció construir canciones de una manera muy fácil. No pasaba tanto por tener 240 tracks de elección, sino apenas ocho. Había bastantes timbres y sintetizadores, pero era una cosa bastante limitada. Y esos límites me ayudaron, porque tal vez cuando uno está en contacto con la vastedad podés divagar un poco y acá el panorama era muy restringido. No podía tocar eso (la iPad) como el piano. Tenía que hacerlo más chiquito, despacito, con pocos dedos, sin acordes completos. El límite me ayudó mucho.

Melero: -De todas maneras, a la primera audición esos tracks tenían una enorme espacialidad, debido a la completud de los arreglos en distintos timbres. La completud armónica la escuchabas viniendo desde lugares muy distintos del espacio. Eso Carlos lo logró trabajando con la aplicación más básica que existe. Menos no se puede tener.

-¿Alguna conexión con Orquesta , aquel disco editado en 1985?

Cutaia: -Yo la encontré inmediatamente. En aquel disco él usaba un sintetizador muy limitado, monofónico, y además estábamos limitados por los ocho tracks.

Melero: -¡Las limitaciones!

Cutaia: -Exacto, eso. Los límites que teníamos eran brutales. Uno podía hacer cuatro compases y después repetir. No tenía mucho que hacer.

Melero: -Sí, y a la vez eso era muy divertido. Él construye unas líneas de bajo notables. Eso también se nota en los dos discos. El tipo de línea de bajo medio andante que tiene Carlos es terrible. Ésa es una idea que le voy a empezar a robar, sin dudas.

-¿Qué pensaste cuando Cutaia te volvió a llamar después de tanto tiempo para componer juntos otra vez?

Melero: -Yo estaba mezclando Disco, mi último álbum que acaba de salir, y dejé de trabajar en él inmediatamente. Paré mi álbum, así que imaginate la importancia. También creí que lo íbamos a hacer más rápido, pero los dos somos muy detallistas, de maneras similares y distintas. Carlos es un tempista muy afilado y a mí me gustan las cosas un poco corridas. Había que encontrar el punto justo. Además, me encontré en el rol de artista y productor. Y como productor le di más la razón a Cutaia que a Melero. Me tiene medio cansado ese Melero, debo admitir.

En eso, con el volar de un insecto, aparece en escena el Melero biólogo, que enseguida deja de lado a sus otros yo artistas. "Mirá, mirá. Éste es uno de los pocos insectos que son siempre el mismo, se clonan. No mueren nunca, son como robots".

Cutaia: -Algo así como la fantasía de (Michel) Houellebecq. Él dice que el hombre no va a poder superar la fuerza del ego, sino a través de varias clonaciones, donde poco a poco se va a borrar la fuerza del ego para transformarse. No sé, cuarenta clonaciones para poder limar al ego y al fin integrarse. Porque el ego es genial, pero no te permite integrarte.

Melero: -El ego te da la sensación de morir.

Cutaia: -Te vincula con la muerte, por eso es tan tirano.

Melero: -Perdón, pero nuestras charlas siempre tuvieron que ver con esto y con cosas que tienen que ver con la naturaleza. Porque, curiosamente, este disco termina siendo bastante orgánico. Las canciones son como organismos y hay una temática que tiene que ver con la naturaleza, el bosque, los pájaros.

Cutaia: -Por ahí es demasiado vanidoso o carente de objetividad, pero las letras del álbum son impresionantes. Ahí no hubo límites, nos encontramos con el infinito.

Melero: -Mientras él hablaba por teléfono, yo escribía lo que decía o de pronto le hacía preguntas deliberadas para que me contestara...

Cutaia: -Me engañabas...

Melero: -ésa es mi tarea, siempre. Porque me sirve también para construir la función musical del disco. Algo que habitualmente hago.

Cutaia: -Y también hay letras que me salieron que son muy fuertes, como la del tema "Despierta adornada".

Melero: -Es terrible. Para ese tema lento, que es una especie de miasma cósmico, la voz va a una velocidad que a veces es como cantar un dubstep.

Entre 2004 y 2010, Cutaia grabó cuatro discos conectados íntimamente, a nivel compositivo, con el lenguaje del tango. "Quise ver cómo me repercutía eso y lo hice de una manera pianística, casi exclusivamente. Salí de eso y completé un ciclo en mí. Un poco, como dice Melero, me enojé con el piano. Por suerte, ahora siento que me reencontré". El reencuentro parece haber sido tal que ambos prometen ponerse ya mismo -"cuando termine el Mundial", aclara Melero- a grabar otro álbum y buscar también la forma de reeditar aquel primer capítulo discográfico. "Tenemos mucho material -insiste Cutaia-. Material que Daniel me mandó bajo el rótulo «descarte». Cuando lo escuché, dije: «Pero qué descarte, esto es otro disco». Porque aquellos límites de los que hablábamos terminaron siendo toda una usina de ideas."

Cutaia-Melero

Junto a Nina Polverino, Ezequiel Cutaia, Yuliano Acri y Lucas Herbín.

Biblioteca Nacional, Agüero 2502.

Mañana, a las 19

Entrada libre y gratuita

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