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Atrapados por el policial

El suspenso es una especialidad del cine argentino casi desde sus inicios que se ha consolidado tras el Oscar a El secreto de sus ojos
Julieta Bilik
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17 de junio de 2014  

El cine nacional vive un resurgimiento del género policial, un fenómeno que es acompañado por los espectadores. Este año, tres de las cinco películas nacionales que lideran la taquilla de las más vistas son de suspenso. Y en 2013, los lanzamientos más populares del género vendieron más de dos millones de entradas. Un fenómeno que en el pasado reciente tiene como puntales a Nueve reinas y El secreto de sus ojos, y que actualizan el éxito de Muerte en Buenos Aires (que ya superó los 400.000 espectadores) y Tesis sobre un homicidio.

Apelando a la intriga en los guiones, al misterio en el tratamiento estético y a la conformación de elencos populares, pero a la vez prestigiosos, los policiales nacionales logran atrapar al público. Para explicar el renovado fenómeno, LA NACION pidió opinión a cuatro referentes del medio cinematográfico.

Para el guionista Marcelo Figueras, que adaptó para la pantalla grande -junto con Marcelo Piñeyro - dos relatos emblemáticos como Plata quemada (de Ricardo Piglia) y Las viudas de los jueve s (de Claudia Piñeiro), el éxito del género tiene, en principio, dos razones centrales.

"Una es artística: la estructura del policial —en cualquiera de sus variantes intragenéricas: inglesa, hard-boiled, negra al estilo latinoamericano y hasta nórdica a lo Stieg Larsson— evoca siempre la forma en que vivimos, inmersos en un misterio cuyas claves tratamos de descular a diario". Y la segunda es más sociológica: "Como habitantes de ciudades enormes, impersonales y violentas, que a su vez son expresión de un sistema económico tremendamente injusto, apelamos al policial porque ningún otro género nos permite interrogarnos mejor sobre el mundo que nos tocó vivir".

Miguel Cohan, un cineasta argentino que tiene dos títulos policiales en su haber: Sin retorno (2010) y la reciente Betibú, que con las actuaciones de Daniel Fanego y Mercedes Morán fue una sorpresa de taquilla a principios de este año y alcanzó los 271.353 espectadores, cree que para hacer una buena película de suspenso hay que trastocar un poco los estándares. "Si bien el policial es un género con reglas muy férreas que no solo afectan el relato sino también la experiencia del espectador; si la película no fuerza estas reglas, no las subvierte en algún punto, el relato se hace demasiado previsible y acartonado", explica.

Otro elemento fundamental son los protagonistas. En ese sentido, Cohan piensa que "los elencos atractivos ayudan, y mucho, a promocionar una película. Y a convencer al público para que pague una entrada. Pero si los actores no están bien elegidos en función de los personajes que les toca encarnar y sus interpretaciones no convencen, ese impulso que producen antes del estreno se agota rápidamente con un mal boca a boca".

Para Cohan, la popularidad "quizás tenga que ver con la promesa de una trama potente que nos atrapa desde un principio y no nos suelta hasta el final. O quizás tenga que ver con cierta identificación que puede tener el público argentino con personajes atrapados por fuerzas que no puede controlar". Y concluye: "Lo cierto es que en Argentina, como en el resto del mundo, la mayor parte del público quiere entretenerse y un buen policial puede ser tremendamente entretenido".

Para Hernán Goldfrid, director de Tesis sobre un homicidio, que llevó el año pasado más de un millón de espectadores a las salas, el público disfruta del cine de género en general. "El cine usa al género como excusa, como puerta de entrada para que el espectador ingrese a un mundo en donde rápidamente pueda emparentarse, identificarse, sentirse afin con los personajes y con lo que les pasa". Pero para el caso del policial agrega: "La reaparición frecuente de este tipo de películas dentro del cine argentino logró generar esta empatía con el espectador en las que se siente uno más de los personajes. Creo que esa es una de las claves".

Verónica Cura es una de las productoras con más trayectoria del cine nacional y estuvo a cargo, por ejemplo, de la producción de La mujer sin cabeza, el último film de Lucrecia Martel. Por estos días tiene en cartel otro "producto" propio, que es quizás la sorpresa de taquilla del año: Muerte en Buenos Aires, en la que el inspector Chávez (Demián Bichir) y "El Ganso" (Chino Darín) están a cargo de la investigación por un crimen en la alta sociedad porteña. Para explicar el éxito del género hace memoria y recuerda a Alfred Hitchcock: "El genero policial y sobre todo el suspenso, permiten que el espectador participe del juego; el espectador está activo y disfruta de las suposiciones, hace sus apuestas, sigue las pistas e intenta descubrir al culpable". Además, "si se identifica con los protagonistas, goza y padece con perseguidor y perseguido".

Contundente, afirma que "la clave del éxito es el suspenso". Sobre el caso particular de Muerte en Buenos Aires, que ya tiene 400.000 espectadores, dice: "Atribuimos el éxito a varios aspectos: la maravillosa interpretación de los actores, los ochenta, la música, el suspenso, la inesperada subtrama pasional, y en general, lo éxotico de la propuesta".

Ahora, la remake de un clásico

Seguramente será uno de los títulos más comentados de 2015, sobre todo por ser una nueva versión de un clásico del género: Santiago Mitre, director de El estudiante, dirigirá La patota, remake del film de Daniel Tinayre que protagonizó Mirtha Legrand en 1960. El proyecto será una coproducción entre la Argentina y Brasil (acaba de ganar el concurso del Fondo de Cooperación Incaa-Ancine) y será protagonizado por Dolores Fonzi y Esteban Lamothe.

Clásicos, de Tinayre a Campanella

El policial argentino tiene una historia larga y muy rica que arrancó en la década del 30, con la innegable influencia del cine norteamericano, particularmente de los criterios formales de las películas producidas por la Warner. En esos inicios, hay dos largometrajes muy importantes: Monte criollo (1936), ópera prima de Arturo S. Mom y primera aparición notoria en el cine local de los bajos fondos, el humo, el alcohol, las rubias fatales y los personajes al margen de la ley, en una historia ambientada en una casa de baile y juego clandestino, y Fuera de la ley (1937), film de Manuel Romero inspirado claramente en Scarface, de Howard Hawks, y en algunos tramos de la historia de Al Capone, con un extraordinario trabajo de fotografía del alemán Gerhard Huttula.

En 1946, Daniel Tinayre, figura importante para el género, filmaría Vidas marcadas, una opaca remake de Monte criollo. Tres años más tarde, en 1949, Hugo Fregonese aplicaría al detalle la tipología marca Warner: en Apenas un delincuente, la cámara sale a la calle para descubrir la ciudad –una decisión también inspirada en el neorrealismo italiano–, aparecen los fundidos para contar el paso del tiempo y una fuerte impronta moral impregna todo (el protagonista, encarnado por Jorge Salcedo, muere en un tiroteo besando una cruz). El éxito masivo de ese tipo de cine coincide con el auge de la novela policial en la Argentina, a través de las colecciones de las editoriales Emecé y Tor. La bestia debe morir, de Nicholas Blake –primera novela seleccionada por Jorge Luis Borges para su colección El Séptimo Círculo– fue adaptada en 1952 por Román Viñoly Barreto. Más tarde, también sería llevada al cine por el francés Claude Chabrol y por el británico Paul Annett (con Peter Cushing como protagonista).

Pero fue Carlos Hugo Christensen el encargado de producir una trilogía esencial, apoyada sobre todo en los climas y la estilización de la imagen, que lo consagraría como el maestro del noir argentino: La muerte camina en la lluvia (1948), historia de un asesino múltiple basada en una novela de Stanislas-André Steeman que también llevaría al cine Henri-Georges Clouzot; Si muero antes de despertar (1952), inquietante historia de un secuestrador de niñas, y No abras nunca esa puerta (1952), film que contiene dos episodios independientes –"Alguien al teléfono" y "El pájaro cantor"– basados en relatos del neoyorquino William Irish.

En esa misma época, Tinayre se despacharía con una serie de policiales completamente atípicos, alejados del realismo y cruzados con la comedia, el melodrama y las historias de espías –Pasaporte a Río (1948), Danza del fuego (1949) y La vendedora de fantasías (1950)–. Recién en la década del 80, luego de varios años en los que no se produjeron películas interesantes del género, el cine policial reaparecería con fuerza de la mano de Adolfo Aristarain con La parte del león (1978) y Últimos días de la víctima (1982), dos películas filmadas en el agobiante ambiente de censura de la última dictadura y cuyo valor se multiplicó con el paso del tiempo, y Noches sin lunas ni soles (1984), de José Martínez Suárez –primero recibida con tibieza por la crítica y también revalorizada más tarde–, con una inquietante escena de interrogatorio que, de algún modo, aludía a las oscuras metodologías policiales durante el gobierno de facto.

Más cerca, Fabián Bielinski, con las celebradas Nueve reinas (2000) y El aura (2005), y Juan José Campanella, con la taquillera y ganadora del Oscar El secreto de sus ojos (2009) –que combina trama jurídico-policial con épica romántica y trasfondo político–, renovarían el impulso del género apelando a un carta ganadora, la presencia de la mayor estrella del cine argentino contemporáneo, Ricardo Darín, casualmente el papá del Chino, uno de los protagonistas de Muerte en Buenos Aires, la película que nos puso otra vez a hablar del género.

Los films de suspenso más taquilleros

  • El secreto de sus ojos (2009):

2.460.000 espectadores. Fue la película argentina más vista de los últimos 40 años y ganó el Oscar a mejor película extranjera.

  • Nueve reinas (2000):

1.500.000 espectadores: Éxito de público y crítica, se filmaron remakes en los EE.UU. y en la India.

  • Séptimo (2013):

957.146 espectadores Coproducción argentino-española dirigida por Patxi Amezcua, con Ricardo Darín y Belén Rueda.

  • Tesis sobre un homicidio (2013):

1.023.410 espectadores Otro éxito con el sello Darín, aquí acompañado por Calu Rivero.

  • Betibú (2014):

271.353 espectadores. Adaptación de la novela policial de Claudia Piñeiro.

  • Muerte en Buenos Aires (2014):

409.158 espectadores

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