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La opción es acordar o ir rumbo a lo (no tan) desconocido

Nicolás Dujovne
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17 de junio de 2014  

El Día D llegó. La Corte Suprema de los Estados Unidos rechazó la apelación presentada por la Argentina y agotó la última instancia judicial con que contaba el país en el juicio en el cual algunos fondos litigan para cobrar bonos emitidos bajo ley de Nueva York impagos desde el default de 2001.

Ahora ha quedado firme el fallo del juez Griesa de noviembre de 2012, que obliga a la Argentina a pagar a esos fondos 1330 millones de dólares provenientes de un monto original de deuda de US$ 400 millones, bajo la presión de que si el pago no se produce, tampoco se podrán girar los intereses de los bonos emitidos en los canjes de 2005 y 2010, lo que constituiría un evento de default.

En la misma situación que esos fondos que litigaron se encuentran otros tenedores de 4000 millones de dólares en bonos impagos que, por extensión del mismo fallo, se convertirían en US$ 13.500 millones, totalizando entonces un monto a pagar de 15.000 millones de dólares.

Si bien estos acreedores aún no han litigado, ahora, con el fallo en la mano, podrían obtener una sentencia similar en un lapso muy breve.

Al final de este largo camino la Argentina tiene a partir de ahora sólo dos opciones. La primera es sentarse a negociar en el juzgado de Griesa e intentar obtener una solución similar a la pactada con Repsol, es decir, el pago mediante bonos en dólares emitidos a un plazo de diez años o más. El hecho de que la negociación se efectúa en el marco de una sentencia judicial la eximiría de tener que hacerla extensiva a quienes ingresaron a los canjes anteriores.

La otra alternativa consistiría en rebelarse contra el fallo de la justicia norteamericana e intentar lanzar un plan que reemplace los bonos emitidos en los canjes de 2005 y 2010 por bonos regidos por ley argentina.

Esta última opción, el canje "rebelde" por bonos de ley local, ya fue anunciada y abortada en agosto de 2013 y su ejecución y éxito parecen casi imposibles. Si la Argentina intentara evadir el fallo, se pondrían en marcha numerosas medidas judiciales que impedirían que el canje fuera exitoso. Y aun si lograra canjear una parte de sus bonos, la Argentina no evitaría generar una nueva cosecha 2014 de holdouts.

Las consecuencias macroeconómicas de esta aventura serían ruinosas y deberán ser contrapesadas por el Gobierno contra el supuesto costo político que le acarrearía negociar.

Incertidumbre

La incertidumbre que se instalaría elevaría el tipo de cambio paralelo y la inflación, los exportadores cesarían de liquidar sus dólares, las reservas iniciarían una rápida caída, a la vez que la contracción en los salarios reales y la suba en las tasas de interés agravarían el escenario de inflación con recesión.

Repetiríamos así un panorama similar al de enero de 2014. Llovería sobre mojado.

Si con el despido de Guillermo Moreno, el pago a Repsol y el arreglo con el Club de París la Argentina había iniciado el camino de financiar la transición hacia 2015 con dólares financieros, moverse hacia este camino "rebelde" significaría renunciar a ese intento.

Y para estabilizar las reservas hasta 2015 el Gobierno necesitaría repetir en los próximos 18 meses una versión recargada de lo que es hasta ahora este 2014 en términos de caída del empleo, de los salarios reales y del producto bruto interno.

Los incentivos que impulsan a negociar son muy fuertes tanto para la Argentina como para los holdouts. Del lado argentino, el principal es evitar ese escenario de costosísimas consecuencias económicas. Del lado de los acreedores, condenar al país al default implicaría quedarse sin la principal carta de negociación que tienen con la Argentina: negociar con las autoridades para evitar que el default se produzca.

Ocurre que en el caso de que la Argentina se viera impedida de seguir pagando su deuda reestructurada por no pagarles a los holdouts, la salida de ese default se produciría mediante la emisión de bonos emitidos bajo ley local.

En ese contexto, la capacidad de los acreedores en el futuro de presionar por sus pagos ante la amenaza de enviar al país al default se volvería abstracta: éste ya se habría producido.

La mesa está preparada para una negociación: a sentarse allí o prepararse para partir rumbo a lo (no tan) desconocido.

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