Una pelea conceptual entre Alejandro Sabella y los fantásticos

Crédito: Fabián Marelli
El entrenador y los jugadores más ofensivos plantearon el disenso sobre la forma de jugar del seleccionado; la intimidad del entretiempo en el Maracaná y el pedido mutuo para mejorar
Martín Castilla
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18 de junio de 2014  • 10:00

BELO HORIZONTE.– La tierra bien colorada, tan característica de Minas Gerais, se entromete por todos los rincones. En el asfalto del complejo Cidade do Galo quedan marcadas las pisadas. Así como dejan huellas las secuelas de las decisiones y las expresiones de los últimos días en lo que se puede encuadrar como un duelo conceptual entre las ideas del mentor del ciclo y la de sus intérpretes, ni el técnico Alejandro Sabella está encerrado en su mundo, ni Lionel Messi y compañía manejan a su antojo al cuerpo técnico. Pero como sucedió en aquel entretiempo refundacional en Barranquilla, cuando se dio vuelta la historia en Colombia y en las eliminatorias, dos pensamientos que se respetan están pugnando en la intimidad del seleccionado, que se prepara para enfrentar a Irán, el sábado, en esta ciudad. Un compromiso que, más allá de las equivalencias con el rival, tiene una importancia que nadie hubiera imaginado por lo que representa puertas adentro.

Alejandro, volvamos a los cuatro de arriba, porque así no tenemos juego

Lo que pasó en los últimos días, por las diferencias de criterios planteados en el debut con Bosnia, expone a los protagonistas a fortalecer el proyecto. Se comenzó con un sistema con cinco defensores y se terminó en un perfil de búsqueda que le impusieron los de arriba. Se escucharon voces como hacía mucho tiempo no se oían. La más fuerte, la que más retumba, es la última de Messi: "Somos Argentina, no tenemos que fijarnos en el rival". Pero lejos se está de una convivencia de puertas clausuradas. Ni de debates sin el saludable ejercicio de la discusión de ideas, de roles y responsabilidades. Porque saben que no hacerlo desataría fuertes consecuencias para el cuerpo técnico y buena parte del plantel. En eso anda la selección por estos días de búsqueda del crecimiento interno.

Todo proyecto se vuelve razonablemente confiable cuando las partes construyen un estilo, una estrategia, una táctica y, por sobre todas las cosas, un objetivo común. Aunque suene extraño ese debate está latente en este seleccionado desde el mismo momento que asumió Sabella. El debut de Río de Janeiro no hizo más que poner a la luz una añeja discusión de estilos en lo más profundo del equipo. A pesar de ir ganando ante Bosnia, el plan diseñado incomodaba a los protagonistas, que con sus vacilaciones no hacían otra cosa que condicionar el planteo de su entrenador. Todos se fueron enojados al vestuario y con palabras fuertes lanzadas al aire. Por unos instantes, el recinto en el Maracaná fue puro silencio. Hasta que se alzó una voz y se sumaron varios. Entonces se lanzó la propuesta: "Alejandro, volvamos a los cuatro de arriba, porque así no tenemos juego". El discurso blindado, el del resguardo defensivo, quedó hecho añicos por la verdad que se veía en el campo. Por la sinceridad y la franqueza del pedido. Entre la propuesta y el contexto se abrió una puerta por la que ingresaron Higuaín y Gago, regresaron los denominados "Cuatro Fantásticos" y se volvió al esquema que mejor les sienta a los atacantes.

Como se dijo, no es la primera vez en el ciclo. Pasó en la recordada refundación de Barranquilla, del 15 de noviembre de 2011, cuando en el entretiempo del partido ante Colombia se juramentaron echar las semillas de otra actitud y con las que terminaron por dar vuelta el partido (victoria por 2-1). El mundo se le venía encima a Sabella. Señalado en poco tiempo después de haber reconocido –igual que con Bosnia– algunos errores en los partidos anteriores (por ejemplo, tardanza en los cambios en un 0-1 ante Venezuela). Ante los colombianos, ingresó Agüero por Guiñazú y la necesidad de jugar con tres puntas lo llevó a buenos resultados. Sentó las bases de lo que sería la presencia obligada del conjunto conformado por Messi-Higuaín-Agüero-Di María. Pero de entrada, el entrenador siempre dejó en el aire un compromiso: que se sumaran a la tarea de marca cuando la pelota la tenía el rival.

Respondieron con tantos goles que resultó insoslayable no otorgarles ciertas licencias. Pero la obligación por ayudar en la contención fue algo que siempre intentó instalar el cuerpo técnico, como una necesidad puntual a la que debían aprestarse para seguir jugando juntos. Claro, para ellos una cosa es la marca y otra el estilo. Todos quedaron expuestos, en el juego y en sus palabras. Los primeros indicios dan cuenta de que Sabella, con vistas al choque con Irán, dispuso una práctica con el equipo plantado en el esquema 4-3-3. Primera señal de que atendió los pedidos, pero con la salvedad que Maxi Rodríguez jugó para los titulares y Fernando Gago para los suplentes (Ángel Di María no se entrenó por estar dolorido a causa de unos golpes). Cada uno, hay que decirlo, confluye en el objetivo común: jugar los siete partidos que propone un Mundial. En el disenso con argumentos y en el aprendizaje mutuo podría darse el punto de encuentro para alcanzar la meta. Habrá que ver cómo se limpia la tierra en Cidade do Galo.

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