Con la mira en la mujer futura

En sus notas de actualidad, la poeta acometía irónicamente contra la sociedad de su tiempo, en la que las mujeres solían ser vistas con condescendencia, y reprobaba a la vez la apatía de sus propias congéneres
Soledad Quereilhac
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20 de junio de 2014  

Cuando, a comienzos de 1919, el emigrado libanés Emir Emín Arslán le propuso a Alfonsina Storni escribir en la sección "Feminidades" de su revista La Nota, probablemente ninguno de los dos imaginaba que ese material podría trascender la inmediatez de una publicación periódica y llegar a lectores del siglo XXI. La propia Alfonsina pareció aceptar la tarea con resignación, privilegiando razones económicas más que su voluntad de dedicarse exclusivamente a la poesía. De hecho, en la breve crónica que inauguró la sección, Alfonsina contaba que la propuesta de Arslán le había llegado un triste día de lluvia, en el que leía la biografía de Verlaine, y que finalmente aceptó no sólo por influjo de sus halagos ("quiere un genio" para su sección) sino también porque "el sexo femenino es resignado por hábito".

A pesar de estas coqueterías intelectuales, y de los esperables resquemores de una escritora que ya congeniaba con el feminismo organizado, Alfonsina logró hacer un uso por cierto crítico, irónico, pero a la vez no exento de empatía y de sutil pedagogía, de la columna dedicada a las "feminidades", tarea que luego también pudo desempeñar, con mayor habilidad aún, en el diario LA NACION entre 1920 y 1921. Parte de ese valioso material es el que integra Un libro quemado, compilación de prosas periodísticas realizada por las investigadoras Mariela Méndez, Graciela Queirolo y Alicia Salomone, y que es una reedición ampliada de su primera compilación, Nosotras… y la piel, publicada en 1998 por Alfaguara.

Dividido en seis ejes temáticos que puntualizan en la reflexión sobre el feminismo, en los perfiles de mujeres urbanas y trabajadoras, en la idea de masculinidad y finalmente en los rituales e instituciones sociales, el libro saca a la luz un valioso material que traza una imagen renovada de Storni, alejada de esa construcción mítica y romántica centrada exclusivamente en la zona amorosa de su poesía, en su suicidio en el mar y en su condición de madre soltera. Por el contrario, su enunciación es aquí segura y aguda para la crítica social, y siempre dispuesta tanto al humor como a la exhibición de la propia sensibilidad. Sin exceso de intelectualismo, con claridad pero también con ironías, desde sus columnas de La Nota y de LA NACION (en estas últimas bajo el exótico seudónimo Tao Lao), Storni acometía contra la desigualdad genérica de su tiempo desde todos sus ángulos: criticaba, claro está, la ausencia de derechos políticos para la mujer, pero ante todo señalaba el anacronismo de que las mujeres no poseyeran siquiera derechos civiles y que siguieran siendo eternas menores de edad; pero se encarnizaba, sobre todo, con sus propias congéneres (a ellas iba dirigida su columna), más preocupadas por la moda o por "cazar" a un marido que por obtener una educación solvente o su independencia económica. Ante las profundas "feminidades" de su época, Alfonsina sentenciaba: "Es que acaso sienta hoy una gran piedad por la mujer, es que acaso la ame ideológicamente tanto que me vea obligada a atacarla para defenderla, para exaltar a la mujer futura".

En el marco de la consolidación de los estudios de género desde la década de 1980 –parte de los llamados "estudios culturales"–, pero sobre todo, más próximo en el tiempo, en el marco de los nuevos estudios sobre los vínculos entre literatura y periodismo que se consolidan en las universidades latinoamericanas, la obra periodística de Alfonsina Storni encuentra hoy entusiastas lectores, capaces de valorar textos que ella misma consideraba de segundo orden en su proyecto literario. Como muchos escritores contemporáneos, tanto de su generación como de la siguiente –Horacio Quiroga, Roberto Arlt, Raúl y Enrique González Tuñón, Jorge Luis Borges, entre otros–, las colaboraciones para revistas y diarios seguían motivos económicos, y si bien, desde la perspectiva actual, su valor literario es innegable, no eran apreciados de la misma manera ni por sus autores ni por los cánones respecto de lo "literario" del campo cultural de esos años.

En la actualidad, el rescate de valiosos textos escritos al correr de la pluma por parte de prestigiosos escritores que ejercieron el periodismo es una tendencia que crece y que evidencia cuán cambiantes (cuán históricos) son los criterios de valor en literatura. Testimonio de esta transformación son las numerosas compilaciones de aguafuertes de Roberto Arlt que se han editado desde la década de 1990; los Textos recobrados de Jorge Luis Borges, incorporados ya a sus Obras completas; la Obra periodística de Paco Urondo, recientemente publicada o Los libros de la guerra, de Rodolfo Fogwill, verdadero contrapunto de su obra narrativa. Una tendencia equiparable a la de los estudios sobre "escrituras del yo", que rescata también de los archivos los diarios y las cartas personales de escritores consagrados.

A diferencia del lugar que ocupa hoy la poesía de Storni entre el lote de los modernistas tardíos, de difícil lectura actual, su prosa periodística encuentra, entonces, nuevos marcos de recepción, gracias también a la profunda actualidad de sus temas. La antología de Méndez, Queirolo y Salomone rinde cuenta de ello, pero no está sola: se publicará, también este año, Escritos: imágenes de género (Eduvim), otra similar compilación de prosas periodísticas y cuentos de Storni inéditos en libro, a cargo de la rosarina Tania Diz. Ambos volúmenes, precedidos por sólidos estudios preliminares, contribuirán sin duda no sólo a renovar el retrato actual de Alfonsina, sino también a confrontar las actuales desigualdades de género con una lúcida voz que nos interpela desde el pasado, sólo en apariencia lejano.

La autora es doctora en letras e investigadora del Conicet. Escribió La imaginación científica. Literatura fantástica y ciencias ocultas en el Buenos Aires de entresiglos (1875-1910) (2014).

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