Una sociedad que ha tolerado vivir endeudada

Ricardo Esteves
Ricardo Esteves PARA LA NACION
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20 de junio de 2014  

Tanto el oficialismo como el sistema de medios de comunicación le atribuyeron una significación desproporcionada a lo que podríamos llamar la crisis de los holdouts , habida cuenta de que para un país que vive caminando al borde de la cornisa estas circunstancias no deberían sorprender. Más bien, deberían ser consideradas como lo que son: parte de nuestra cotidianidad cíclica.

Por de pronto, deberíamos ver el bosque en lugar del árbol: no podemos desconocer que la Argentina obtuvo un descuento fabuloso en su deuda externa . Consiguió evaporar de su cuenta del debe varias decenas de miles de millones de dólares. Esto es lo que cuenta. Las turbulencias actuales son generadas por una porción ínfima de aquella deuda. En el peor de los casos, de hasta el 7% del total.

Por otra parte, lo que pretenden cobrar los tenedores de los bonos no es un despropósito planetario. Es tan sólo el total de sus acreencias; es lo que correspondería para cualquier operación normal de préstamo a un deudor solvente. Gracias a este principio funciona el sistema financiero mundial. Si en toda operación de crédito mediara una quita del orden del 75%, como la que impuso la Argentina, no existirían préstamos en el mundo.

Por tanto, no deberíamos rasgarnos las vestiduras por esta circunstancia. Que los acreedores resultaran ser fondos buitre -despreciables de por sí- no debería magnificar las características del hecho. Además, las sumas que están en juego (1300 millones de dólares, o 7000 millones en el peor de los casos) no deberían hacer parpadear a un país como la Argentina. Si fuese un país normal, debería tener como mínimo en el Banco Central entre 80 y 100.000 millones de dólares de reservas, máxime luego de haber gozado en la última década de las mejores condiciones económicas internacionales de su historia.

Entonces, una circunstancia como la que se presentó en estos días debería subsanarse en 24 horas, cubriendo con un depósito la suma indicada por los tribunales a los que libremente aceptamos someternos. Como en su momento se hizo para cancelar la deuda del FMI.

Aunque tenga la mayor responsabilidad en este nuevo descalabro luego de 11 años en el poder nadando con la corriente internacional a favor, más que reprocharle al Gobierno debemos hacer un cuestionamiento a la sociedad en su conjunto.

Visto en perspectiva, la trayectoria de la Argentina en los últimos 60 años semeja a la de aquellas personas que son desalojadas de un departamento por no pagar el alquiler, y que al tiempo recaen en una nueva crisis por no pagar las expensas, a la vez que les embargan el lujoso auto de marca alemana por no abonar las cuotas de la compra. Y así pasan las etapas de la vida, de un sobresalto a otro.

Por fin, habría que tomar esta circunstancia por el lado positivo. Que la sociedad sienta una vez más -porque pareciera que las anteriores no le hicieron mella- las consecuencias de las conductas irresponsables de los gobernantes, para que de una vez por todas respetemos las reglas que hacen a la convivencia entre las naciones y dejemos de comportarnos como la niña caprichosa y malcriada de la fiesta.

Lo triste es que quienes más sufren en estas circunstancias son los sectores más vulnerables de la sociedad, aquellos que están en el centro de las declamaciones de los que nos conducen a estas encrucijadas.

El autor es empresario y licenciadoen Ciencias Políticas

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