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Impresoras 3D: la última tecnología, al alcance del público

Por primera vez, un fabricante local las vende en negocios minoristas; el modelo compacto cuesta $ 24.500
Cintia Perazo
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24 de junio de 2014  

"Desde que tengo una impresora 3D, modelo algo y lo imprimo en el día. Además, si no me gusta puedo modificarlo y volver a imprimirlo hasta que quede como quiero. Es similar a las funciones «hacer» y «deshacer» de la computadora", resume con una sonrisa Mariano Giraud, artista visual, pintor, escultor y dibujante, mientras observa con orgullo una de sus obras "impresas". Poco a poco, imprimir en 3D (donde el lugar de la tinta es ocupado por diversos materiales) va dejando de ser una rareza.

Como Giraud, muchos otros diseñadores, artistas, joyeros y emprendedores empiezan a usar las impresoras 3D para sus actividades habituales. Para eso, hasta ahora tenían que ir a un "centro de copiado" y esperar a que su archivo se imprimiese, o contactar directamente a una fábrica para adquirir una máquina propia. Pero eso empezó a cambiar este mes cuando Trimaker -uno de los fabricantes locales- cerró un acuerdo con las tiendas de productos para oficina Staples para vender su modelo compacto T-Element al público; por ahora, sólo en Barrio Norte. En pocos meses, los otros dos fabricantes nacionales, Kikai y Replikat, también pondrán sus equipos al alcance del público en tiendas de retail.

La T-Element se vende al público a $ 24.500, y aunque ese precio no es accesible para todos se parece o es menor que otros electrónicos caros y es bastante más económico que el otro equipo de Trimaker, que cuesta $ 40.000. ¿Las expectativas de venta? En Staples piensan comercializar 30 unidades durante los próximos seis meses.

El insumo que permite imprimir capa sobre capa para dar volumen a los objetos cuesta unos $ 450 por kilo o litro, según el material utilizado. "Hoy, la T-Element puede utilizarse con plástico rígido, goma y plástico de baja viscosidad. Pero se están perfeccionando formulaciones en ceras y se están investigando materiales biocompatibles", explicaron en Trimaker.

Las impresoras 3D posibilitan, por ejemplo, imprimir joyas, moldes para medicina y maquetados de proyectos arquitectónicos, entre muchos otros usos. En el local de Staples se puede ver, tocar y probar cómo imprimen antes de adquirirlas.

Staples también tiene un centro de copiado pequeño en el que ahora conviven fotocopiadoras con la T-Element, que sobresale por el aroma a resina fundida que desprende, su acabado brilloso y su forma llamativa aunque bastante compacta (50x47x40 cm). Los clientes deben llevar en un archivo digital su proyecto para imprimirlo en 3D, presupuestarlo y luego buscarlo en el tiempo que se les indique. ¿El valor? Deberán pagar $ 60 por media hora de impresión. Para tener como referencia, una pieza hueca de 5,5 cm demora en imprimirse aproximadamente 40 minutos.

Joyería, arte y animación

"En joyería se suelen hacer originales tallándolos en cera. Ahora estoy usando la impresora 3D para hacer los originales en resina. Armo los modelos por computadora y luego los mando a imprimir en lugar de tallar uno por uno. Con ese original puedo hacer después las fundiciones", cuenta Dalia Drajnudel, estudiante de Diseño Industrial y diseñadora de joyas.

Otra usuaria de este tipo de equipos es Mariel Lluch, diseñadora de animación en 3D. "Lo que más me gustó de la carrera fue crear personajes. Entonces empecé a mirar videos que mostraban cómo imprimir objetos en 3D, pero creí que esos equipos sólo se conseguían en el exterior. Después me enteré de que había un bar, en Palermo, que tenía estas impresoras y trabajé ahí por un año para aprender a usarlas, hasta que me compré una máquina", resume Lluch, que modela e imprime sus personajes.

"Los hago con un lápiz digital y una tableta, después los esculpo digitalmente y más tarde, una vez impresos, los tengo en mis manos. Es asombroso", dice con algunas de sus creaciones en la mano.

Otra de las profesiones que también están cambiando gracias a las impresoras 3D es la de escultores y artistas plásticos. Entre ellos está Mariano Giraud, que trabaja utilizando métodos tradicionales y nuevas tecnologías. "Hago el proceso de modelado y de esculpido en la computadora. Luego los imprimo y sigo trabajando en el taller", explica.

Este artista decidió comprarse una impresora 3D hace ocho meses. "Esta tecnología me ofrece la posibilidad de ver materializado en el mismo día lo que modelo en la computadora. Además, como trabajo en escalas grandes, imprimo las obras por partes, así puedo avanzar en el taller mientras se siguen imprimiendo otras partes", contó. Según Giraud, las impresoras 3D cambiarán la forma de trabajar de muchos artistas. "Además, hay que tener en cuenta que el objeto artístico tiene cierta aura por ser único, pero con las impresoras 3D será fácil reproducirlos, lo que hará repensar muchas cuestiones", destacó el escultor, que este viernes expondrá su obra "3D" en la galería Praxis.

"La posibilidad de llevar ideas de bits a átomos en un solo click está cambiando la manera de pensar el diseño. Baja la barrera de acceso a la materialización de ideas, una de cuyas trabas principales era la necesidad de producción a escala para que sea sustentable. Si no se hacían de a miles no era viable, principalmente por el costo de los moldes y el desarrollo de los procesos de producción", sostiene Alejandro Repetto, socio de Neti Makerspace, un taller que alquila espacios para la creación (impresoras 3D incluidas).

En la Argentina, la potencialidad de esta tecnología comenzó a salir a la luz con el caso de Felipe Miranda, un chico de la localidad bonaerense de Tres Algarrobos que nació sin dedos en una mano. A Felipe, que ahora tiene 11 años, le cambió la vida cuando Gino Tubaro, un estudiante de Ingeniería en Electrónica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), le imprimió la prótesis que ahora le permite agarrar objetos. Con tan sólo 18 años, Tubaro -que se autodefine como inventor- fundó junto con Rodrigo Pérez Weiss la compañía Darwin Research, dedicada a la "investigación y desarrollo de tecnologías evolutivas exponenciales". "A Felipe no le cobramos nada, pero su prótesis cuesta $ 2000 mientras que las mioeléctricas valen 40.000 dólares", contó Tubaro.

Además de realizar prótesis, la empresa de Tubaro está desarrollando una máquina 3D para imprimir comida. "Nuestro objetivo es comenzar haciendo comida para luego poder imprimir casas. Es que de la misma forma que se expulsa dulce de leche se podría trabajar con cerámica. Nuestra idea es desarrollar objetos sustentables valiéndonos de la tecnología", destacó.

Para Repetto, "las impresoras 3D se están popularizando a un ritmo exponencial. Las fábricas locales insertan sus productos a costos relativamente accesibles, mucho menores inclusive que cuando salieron las impresoras de papel. La producción seriada dará un impulso a esta ola que ya se siente. Faltan algunos años para que todos tengan acceso a la producción 3D, pero la tendencia marca que en el futuro cercano estos equipos se volverán masivos".

Emprendedor pionero

Maximiliano Bertotto

Fundador de Trimaker

  • "Este tipo de impresoras 3D fotopolimerizan resinas líquidas. [Van depositando capa por capa del material] y cuando se lo ilumina se endurece"

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