Suscriptor digital

¡A charlar... que se acaba el mundo! Un zapping cultural en minirrelatos

El festival Pecha Kucha volvió a la carga para rescatar la oralidad como forma de comunicación elemental, aun en la instantaneidad de la era digital. Escuchar, la clave
Emilse Pizarro
(0)
26 de junio de 2014  

Grande, muy grande, como la de la casa de una princesa, pero ésta es de chapa y está pintada de naranja: la escalera enorme del Centro Cultural Konex cae desde un primer piso como una lengua gigante y seca. Abajo, en el patio, grupos de dos, muchos de tres y algunos de hasta cinco personas charlan mientras esperan que saquen la valla amarilla que impide subir hasta la garganta. Es martes 24 de junio y son las 19.57: faltan solamente tres minutos para que más de quinientas personas entren al auditorio que los suspenderá durante dos horas. Para escuchar y ver un zapping sobre lo que viene en el campo cultural. Pero acá, la cosa, sobre todo, es escuchar.

Pecha Kucha (algo así como "cháchara" en castellano) se hizo por primera vez en Buenos Aires en 2006 y desde entonces se repite cuatro veces por año. Es una idea que nació en Tokio (2003), fue el formato que descubrieron un grupo de arquitectos para contarse en qué andaban. Y hoy se hace en más de 700 ciudades.

En la versión local, doce personas explican qué hacen, a qué se dedican, aunque eso, a veces, sea muy difícil, porque el formato es corto. Apoyados en imágenes -veinte, que permanecen en pantalla durante veinte segundos cada una- deben lograrlo en tan sólo seis minutos. Pero eso no es lo más complicado; lo más difícil es lo que rescata: un regreso a la oralidad.

En tiempos de Twitter, Facebook y dedos entumecidos que todo lo tipean, el evento que organizan Ciudad Cultural y May Groppo asfixia por dos horas a Johannes Gutenberg, porque nos dio la imprenta, pero nos mató el cuento: la charla.

Ya son las 20.15 y sólo quedan unas pocas butacas libres entre las seiscientas dispuestas a modo de platea. Mientras se sientan los últimos, que se suman al promedio treintañero de espectadores, la pantalla enorme muestra un clip sobre versiones de este festival en otras ciudades del mundo. Lo llamativo es que todas son en bares, en salones. Buenos Aires es de las que más convocan, acaso porque, como dice Groppo, "somos muy eventeros culturales". Las charlas TED apoyan: a la última, que se hizo en septiembre pasado, asistieron 1500 personas. Y se habían anotado 12.355.

Apagar los celulares se puede

A las 20.20, el anfitrión, Esteban Menis, pide que los celulares sólo vibren. Entonces, el bartender Federico Cuco dispara la primera charla. Después de él se escuchará sobre un proyecto que enseña gratis a aprender a programar, el germen punk de las ideas de la editorial independiente Clase Turista ( www.edclaseturista.com.ar ) y, cuando llegue Pedro Beckinstein, habrá un Big Bang cerebral para quienes encuentren seguridad en las tipificaciones. Pedro es biólogo, trabaja en un laboratorio para responder por qué no todos los recuerdos persisten y también escribe en la revista de humor Barcelona.

Vendrá el intervalo, cervezas y Fernet con Coca en vaso de plástico frágil y manos congeladas, hasta que la lengua los trague de nuevo para escuchar sobre criptomonedas (bitcoin, monedas virtuales). Antes, charla, mucha charla, en pequeños grupitos. Es entonces cuando los celulares vuelven a vivir unos minutos, pero mueren de regreso al auditorio, para ver los posters que hace el diseñador gráfico Santiago Pozzi.

Alexis Vidal y Paula Martino, en nombre del proyecto Plato Lleno, exponen su idea simple y genial: buscan la comida que sobra de los eventos y se tira, y la llevan a comedores. Ya lo hicieron seis veces y les dieron de comer a 1500 personas así. Hay que escribirles ( www.facebook.com/ProyectoPlatoLleno ), avisarles cuándo y a qué hora, y ellos irán.

Más tarde será momento de las primeras veces de la humorista Malena Guinzburg, un continuado de imágenes adolescentes perdedoras. El auditorio ríe, por ella, por identificación, ¿por qué? Hay algo o todo de lo que dijo media hora antes Iván Moiseeff, de la editorial Clase Turista, acerca de la comunicación contemporánea: "Tiene mucho de delirio, humor y tragedia". Pero ningún celular: durante dos horas, en el Konex, hubo charla.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?