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La diplomacia política, un tema frustrante para el Presidente

Reiteración: si bien el caso de Toledo no se inscribe en el estilo de los demás, suma al contar las dificultades que debe soportar Menem con sus amigos.
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11 de diciembre de 1996  

De los 2000 cargos que tuvo que cubrir el presidente Carlos Menem al asumir en julio de 1989, los del área diplomática fueron los que le proporcionaron complejos problemas, de atenernos a las resonantes crónicas periodísticas locales y extranjeras.

Solía recordar el ahora relevado embajador político en Costa Rica, Humberto Toledo, que un sábado de junio de 1989 llamó de urgencia a un grupo de postulantes para anotarse en los cargos que aspiraban cuando se estaba preparando la asunción del Gobierno, con el propósito de que el futuro mandatario considerase las solicitudes.

Tuvieron muy poco tiempo para acudir al local de la avenida Callao al 200, porque el futuro presidente iba a ver la lista pocas horas después. No obstante el escaso tiempo, se corrieron varios entre los cuales algunos se anotaron embajadores.

De ese día se cuenta una versión, que se atribuye al humor de Julio Bárbaro, según la cual una correligionaria no eligió la embajada en la Unesco porque no sabía que su sede era París.

No se ha podido establecer si este procedimiento, un tanto heterodoxo, posibilitó la cobertura de las embajadas en Paraguay, Honduras, Países Bajos, Alemania, Arabia Saudita y República Dominicana ocupadas por personas sin antecedentes en la diplomacia, y las de Chile y de Senegal, donde fueron diplomáticos con antecentes, pero que en su momento también fueron noticias: Oscar Espinosa Melo, destinado a Chile, y Héctor Flores, en Senegal.

Hay que señalar que Menem tuvo mala suerte con los elegidos. Varios de ellos cometieron acciones antiéticas, otros acciones antidiplomáticas y algunos cojearon por el lado del sentido común.

El muestrario

El siguiente es un recuento de las designaciones que provocaron conflictos a la República a las que ahora se viene a sumar el relevo de Toledo motivado en cuestiones de índole política, todavía difusas para la opinión pública.

  • Entre el 8 de noviembre de 1990 y el 7 de diciembre de 1993 fue embajador en Asunción Ignacio Luis Rubén Cardozo ( después fue cónsul general en Miami y ahora es asesor presidencial). El ex diplomático está procesado por malversación en la embajada en un juzgado federal.
  • Entre el 14 de agosto de 1989 y el 4 de julio de 1992 ocupó la embajada en La Haya Julián Kent. De su gestión hay pendiente un control final para definir si hubo perjuicio fiscal. Fuentes seguras aseguran que se desestimará esta posibilidad.
  • Entre el 14 de agosto de 1989 y el 22 de noviembre de 1991 ocupó Carlos Alberto Mandry, hoy fallecido, la embajada en Bonn. Por falta de experiencia administrativa, como en el caso anterior, incurrió en gastos que debió asumir el Gobierno. El sumario de la Cancillería no lo inculpó por acción dolosa.
  • Entre el 14 de agosto de 1989 y el 31 de julio de 1993 estuvo al frente de nuestra misión en Tegucigalpa Alberto Brito Lima, a quien el gobierno dejó cesante por desconocer la orden de regresar después de habérsele dado por concluida su gestión.
  • Entre el 14 de agosto de 1989 y mayo de este año, en que el PE retiró, a su pedido, el pliego de acuerdo para ser embajador en el segundo período presidencial, Julio Oscar Uriburu French estuvo destinado en Arabia Saudita. Hubo acusaciones por un otorgamiento de visas y acciones conexas , pero un sumario lo exceptuó.
  • Entre el 14 de agosto de 1989 y el 8 de agosto último, Teresa Meccia de Palma fue embajadora en Costa Rica. A lo que aporta la memoria sobre serias y desagradables acusaciones dominicanas contra miembros de su familia hay que agregar ahora algo así como una viveza con el Estado. Había hecho alquilar a la Cancillería una casa que había comprado y estaba pagando con el alquiler que pagaba su gobierno.
  • Simón Argüello, acreditado en agosto en El Salvador, como no le gustó el destinoi, pidio cambio en noviembre.
  • Humberto Toledo fue dado de baja como embajador en Costa Rica

    MTP: la medida se vincula con gestiones de los subversivos en ese país en las que el diplomático habría tenido alguna participación.

    El canciller Guido Di Tella recibió ayer a las 7.30 al embajador en Costa Rica, Humberto Toledo, a quien le informó sobre la decisión presidencial de dar por concluida su jefatura de la misión diplomática de nuestro país, como anticipó La Nación en la edicion de la víspera.

    Vino a concluir así la confusa situación registrada en la cordial vinculación de los dos países que tuvo su origen en declaraciones del canciller costarricense Fernando Naranjo, en una conferencia de prensa realizada en su despacho, en la que se refirió a la existencia de presos políticos en la Argentina y a que, de otorgar nuestro país la libertad a los detenidos del MTP, se lograría la consolidación de la democracia en la Argentina.

    De acuerdo con informaciones de Costa Rica, por un pedido de explicaciones, Toledo había sugerido al canciller Naranjo esa reunión con los representantes del MTF que gestionaban la intervención de Costa Rica por la libertad de sus conmilitones en la Argentina.

    Esta se hizo y, en esa ocasión, Naranjo habría dicho lo apuntado, pero no asistió Toledo que viajó a Nueva York para saludar a Menem, cuando recientemente estuvo allí. A partir de aquí, mientras Costa Rica dice que Toledo le adelantó el beneplácito argentino por las gestiones que estaba haciendo con referencia a los deseos del MTP, el diplomático aduce que él nunca pudo haber pedido al canciller costarricense que haga una conferencia de prensa.

    Lo cierto es que Toledo, apareció si no propiciando, por lo menos mirando con beneplácito la atención que prestaba Costa Rica a los gestores del MTP.

    Toledo prudente

    Consultado por La Nación, el diplomático revelado se excusó de hacer declaraciones. Dijo: "Soy un embajador político designado por el PE y he sido extremadamente prudente en el ejercicio de mi función. El canciller esta mañana me refirmó su confianza y estoy esperando conocer el tenor del supuesto error cometido."

    Señaló que Di Tella lo había recibido en su casa de Belgrano con extrema cordialidad ("¡Hola Humbertito!") y un abrazo y que le repitió palabras del Presidente en el sentido de que (Toledo) "es un excelente funcionario y amigo mío".

    Refirió, asimismo, que el canciller lo autorizó a tomarse 30 días de vacaciones a partir de los cuales tenía los 45 días de práctica para viajar a Costa Rica, para despedirse y de regreso 30 días más para terminar aquí con todos los trámites de su vuelta.

    Un periodista impávido

    En 1988, en plena campaña preelectoral, Humberto Toledo se subió al menemóvil, llevado por el actual asesor presidencial Juan Bautista Yofre. Toledo está adscripto a la corriente interna del PJ conocida como Guardia de Hierro. El ex vocero presidencial, de 50 años, está casado y tiene tres hijos.

    Es fanático de Colón de Santa Fe y es considerado como un buen jugador de tenis, por eso acompañó a Menem en muchos partidos. Ejerció el periodismo, entre otros medios, en la agencia de noticias France Presse, y en los diarios Tiempo Argentino y Ambito Financiero, en este como jefe de la sección Política. Desde 1993 dirige el mensuario político Sociedad.

    Siempre se jactó de su trato directo con Menem y ello causó iras en el gabinete nacional. Toledo tiene campos en Galarza, provincia de Entre Ríos, a donde viajaba todos los fines de semana hasta que fue designado embajador en Costa Rica, cargo que desempeñó durante casi un año.

    En la relación de encuentros y desencuentros entre Toledo y Carlos Menem, los fines de fiesta se reiteran siempre con sabor amargo para el Presidente. Anteanoche, Toledo fue removido de su cargo por un decreto, en el que el Presidente no gastó tinta en explicar los motivos del efímero paso del periodista por la diplomacia.

    En 1991, aunque en privado estaba acordado su alejamiento como vocero oficial, debía anunciarlo él mismo en una conferencia de prensa, pero puso su mejor rostro de ensimismado y pasó la cuestión por alto. Levemente irritado, Menem no dio espacio para repreguntas. "Debía decirlo Toledo, pero lo digo yo: es su último acto como vocero de este Presidente".

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