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Ahora todo sólo depende de Cristina

Claudio Jacquelin
Claudio Jacquelin LA NACION
Un golpe durísimo para la mandataria que fue quien en soledad optó por Boudou para la vicepresidencia
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28 de junio de 2014  • 01:18

A la hora de un viernes en que ya no se espera ninguna noticia, salvo las fatalidades, el fallo del juez Ariel Lijo con el procesamiento del vicepresidente Amado Boudou estalló como un trueno en las redacciones ya casi desiertas, como impactó en el seno del Gobierno. Un gobierno que con la Presidenta a la cabeza había iniciado el descanso del fin de semana y que ahora nadie puede predecir cuándo podrá volver a relajarse.

Pero no se trató de una fatalidad, sino de una decisión largamente pensada y elaborada, fruto de una enorme acumulación de pruebas y evidencias contra el vicepresidente . Un fallo que se esperaba desde hace un tiempo y que ayer a la mañana se consideraba inminente. Pero no tanto. Mucho menos después de que Boudou pidiera ampliar su declaración indagatoria , lo que se consideró una nueva maniobra dilatoria de su defensa. Una estrategia defensiva que ya había obstaculizado y demorado las indagatorias de los allegados al vicepresidente involucrados en la causa y que lo comprometían hasta lo inexplicable. Aunque tal vez fue eso mismo lo que precipitó la decisión.

Boudou no es una fatalidad argentina, sino el fruto de una decisión política.

Las 300 páginas del fallo de Lijo hablan de una organización para enriquecerse ilícitamente gracias al ejercicio de uno de los más altos cargos de la República. Un golpe durísimo para la presidenta Cristina Kirchner que fue quien en soledad optó por Boudou para ese cargo, pero también para la mayoría de los argentinos, el 54% de los cuales lo eligieron confiando en su capacidad e idoneidad.

Boudou no es una fatalidad argentina, sino el fruto de una decisión política. Ni el fallo por el que se lo procesa es un evento ineludible de la naturaleza, que sacude hasta los cimientos de la República. Ahora la Presidenta deberá reparar lo que se ha dañado. Todo depende sólo de ella. Pero no será fácil, cualquier decisión dejará secuelas en su Gobierno y en su propia imagen.

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