Rodolfo Bebán: "Les escapo a los medios porque soy tímido"

Luego de doce años de ausencia, volvió a la televisión como Antonio Colucci, padre del protagonista en Camino al amor
Ricardo Marín
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2 de julio de 2014  

Ya no es el galán que fue cuando hizo Malevo ni tiene el ímpetu en los movimientos que tenía cuando compuso al inolvidable Juan Moreira de Leonardo Favio. De aquella época persisten, sin arrugas, su voz cautivante y la mirada azul. Lo nuevo es la actitud convencida, el concepto claro y la seguridad en los anhelos que parecen haberle tatuado las experiencias en el alma.

Rodolfo Bebán llega a la entrevista con la nacion con un bolsito en la mano y el andar pausado. La misma tranquilidad con la que buscará la palabra justa para cada respuesta, muchas de las cuales intentarán explicar sus doce temporadas de ausencia en la pantalla chica.

-¿Por qué tantos años para volver a la televisión?

(Se ríe) -Me acordé un día, de repente, de que existía este medio. No, no fue así. Simplemente lo que me ofrecían no me convencía. [Adrián] Suar me convocó muchas veces. Tengo que destacarlo, porque me ofreció muchos papeles para que volviera a la TV, pero a mí no me entusiasmaron. Y con [Enrique] Estevanez tengo una deuda, por un proyecto que trabajamos hace años y que quedó trunco. Entonces decidí dejar de hacer fiaca y ponerme a trabajar un poco para honrar de una vez ese compromiso.

-Pero, además de eso, algo le habrá gustado de este proyecto, Camino al amor.

-Sí, claro. Me gustó el libro, me gustó el grupo de gente. Carina Zampini, Sebastián Estevanez, Juan Darthés, que en la vida real es como si fuera un hijo mío, Mariano Martínez. Son adorables todos, todo el equipo. Me hace sentir muy bien trabajar con ellos.

-¿Cómo se lleva con la vuelta al ritmo de trabajo de una tira?

-¿La vuelta? ¿Qué vuelta? Yo nunca antes había hecho una tira. Siempre trabajé en programas semanales. ¡Esto es terrible! El trabajo es agotador. La verdad es que la paso mal. Pero me la banco.

-Por ahí lo alivian las demostraciones de cariño de la gente.

(Sonríe) -Sí, eso sí. La gente con la que me cruzo está movilizada por verme de nuevo. Eso me halaga.

-¿Es muy distinta la televisión hoy de la que usted dejó?

-Cambió la técnica. El resto es igual. Hay programas buenos y menos buenos. No noto grandes diferencias. Algunas carencias, sí. Faltan especiales, grandes shows como hubo en algún momento. Obras de teatro en televisión, como las que se daban en Canal 7 o Alta comedia, en Canal 9. Eso ya no se hace. Dicen que por una cuestión de costos. Qué sé yo.

-Usted los extraña.

-No sólo yo. Creo que el público los extraña. Me parece que si volvieran propuestas como ésas todos lo agradeceríamos.

-En general, usted le escapa a aparecer en los medios, ¿por qué esa reticencia?

-Me parece que por timidez. La manera en que llegó la popularidad a mi carrera me dejó algunas secuelas. Fue algo muy rápido, desde que era muy joven, y eso hizo que tuviera que dejar de hacer algunas cosas que me gustaban.

-¿Cómo cuáles?

-Ir a bailar, por ejemplo. A mí me encanta bailar tango. De joven lo disfrutaba mucho. Pero cuando te hacés conocido, la gente te empieza a señalar: "Mirá, aquel es fulanito el de la tele". Y ya no es tan cómodo, tan agradable ir a un lugar público a bailar. Una cosa es ser alguien del montón y otra hacer firuletes cuando todos te están mirando. Otra actividad que me gustaba mucho era la esgrima. Era bueno en eso. Pero llegó un momento en que iba gente a verme porque era la figurita de la televisión. Dejé de hacerlo. Soy muy tímido en ese sentido.

-No concurrir a programas periodísticos ¿tiene que ver sólo con eso?

-No. También tiene que ver con que a mí no me interesa prestarme a ningún juego mediático ni ir a opinar de cualquier cosa. Eso no forma parte de mi manera de ser. No juzgo a quienes lo hacen. Pero yo no me presto.

-En estos años no hizo televisión, pero sí teatro. ¿Se siente más cómodo allí?

-Mi gran amor es el teatro. Nací y me crié en él. Cuando no lo hago, lo extraño. Sin embargo, tengo que reconocer que la televisión es la que me dio notoriedad y la posibilidad de grandes trabajos. No puedo escupir contra el viento.

-En algún momento existía la convicción de que usted y Alfredo Alcón eran rivales

-¿Rivales? ¿Con Alfredo? ¿Cómo voy a ser yo rival con un actor descomunal como Alfredo? ¡No! ¡De ninguna manera! Teníamos una relación bárbara.

-Era un rumor que corría cuando hicieron Lorenzaccio.

-Allá por 1978. Fue una obra fantástica, lo mismo que la experiencia de compartir la escena con Alfredo. Trabajamos juntos dos veces. En esa oportunidad y hace poco, en Filosofía de vida. Había un respeto mutuo y una admiración profunda de parte mía hacia él. Fue una tristeza muy grande su muerte [abre grandes los ojos, se queda mirando a lo lejos y el celeste de sus pupilas se pone más brilloso]. Los actores perdimos un hermoso espejo donde mirarnos.

-¿Él ya estaba enfermo cuando hicieron la obra?

(Suspira profundamente) -Presentaba algunas dificultades. De desplazamientos sobre todo. Tuvo que hacer su personaje en una silla de ruedas. Pero era un ser de una fortaleza interior descomunal [se calla para no quebrarse].

-En la primera escena de su personaje en Camino al amor se descubre que no se lleva bien con la tecnología...

(Interrumpe) -Igual que yo en la vida real. Tengo un teléfono celular que es de la prehistoria. Es sólo para llamar y que me llamen. No tiene ninguno de esos chiches que yo veo que usan los chicos o algunos de mis amigos.

-¿Ni siquiera la posibilidad de mandar mensajes de texto?

(Se queda pensando) -No, tampoco. Bueno, sí tiene para mandar mensajes de texto. Pero para mí es como si no lo tuviera.

-¿Y con Internet cómo se lleva?

-Mejor. Tengo un programa de radio en Uruguay que produzco, edito y musicalizo yo mismo en la computadora aquí y lo mando por la Red. Con la PC y con Internet me llevo mejor. Con los celulares nuevos, no.

-¿Así que tiene un programa de radio en Uruguay?

-Sí, desde hace diez años. Leo cuentos cortos. Rescato la narrativa breve de autores latinoamericanos. Es impresionante la riqueza del material que hay en ese campo. Excelentes escritores peruanos, uruguayos, salvadoreños. Y argentinos, ni hablar. A veces incorporo algún español, pero muy poco. Con los latinoamericanos tengo demasiado material.

-¿Es un programa semanal?

-No, diario.

-¿Y para alguna radio de acá no lo presentó?

-Me cansé de llevarlo a distintas radios. Pero a ninguna le interesó. Igual no pierdo las esperanzas.

-Esperó largos años hasta encontrar el proyecto que le gustara para volver a actuar. Si fuera al revés y le dijeran que pensara usted el proyecto, ¿qué le gustaría?

-Un clásico, en teatro, por supuesto. Cualquiera. Actuar un clásico. Es el estado ideal en el que me gustaría estar siempre.

-Ahora que Estevanez logró que volviera a la televisión, ¿hay posibilidades de verlo nuevamente en la pantalla?

(Sonríe) -No sé. Si sobrevivo al esfuerzo que estoy haciendo con esta tira, veremos. Por ahí hago otra. Pero primero tengo que sobrevivir a ésta. Y no va a ser fácil.

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