Ser capitán Puma, desde Pochola a Creevy

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3 de julio de 2014  

"Aitor fue y será siempre mi capitán." La referencia es hacia el recordado y entrañable Aitor Otaño, el primer capitán bajo la denominación Puma del seleccionado argentino de rugby, y corresponde a otra gloria que forjó la rica historia de la camiseta celeste y blanca: Héctor Pochola Silva, integrante también de aquel legendario equipo de 1965. En esa frase se grafica el significado del capitán para decenas de generaciones de Pumas. Es mucho más que un buen jugador. Es un líder dentro y fuera de la cancha, un guía, alguien que impone respeto.

Cuando Otaño se retiró, en 1967, la capitanía de los Pumas quedó, precisamente, para Silva, uno de los pocos jugadores de rugby que trascendió más allá de éste deporte. Hace unos meses, Guillermo Vilas recordó en un documental que su famosa vincha se inspiró al ver un aviso de Pochola, quien para todo el rugby sigue siendo El Hombre de la Vincha. Ese comercial fue el que le valió una suspensión cuando estaba en la plenitud de su carrera. La UAR consideró en ese momento que el extraordinario tercera línea estaba violando las normas de amateurismo. "Hay capitanes que son capitanes por un solo partido y hay capitanes que sólo lo son por una gira. Para mí, Pochola es el capitán de los Pumas para siempre", refiere ahora José Javier Tito Fernández, quien heredó el puesto de Otaño en la segunda línea del seleccionado.

Pochola Silva, hombre de La Plata, quien debutó en la Primera de Los Tilos con sólo 14 años y al que quisieron llevarse los sudafricanos en 1965, volvió -y brilló- a los Pumas en 1978, cuando ya pensaba que nunca más iba a pisar una cancha. Lo llamó Angel Guastella para integrar un equipo repleto de jóvenes y con nuevo capitán: Hugo Porta. ¿Qué había pasado? Casi un plantel entero venía de renunciar el año anterior al seleccionado en solidaridad con su capitán, Arturo Rodríguez Jurado, bochado por la entonces dirigencia de la UAR, en uno de los episodios más traumáticos que se recuerden en el rugby argentino.

Desde que Oswald Saint-John Gebbie, hijo de un pastor de la Iglesia de Escocia, se convirtió en el primer capitán de un seleccionado argentino (primer test, 12 de junio de 1910), decenas de glorias y de historias han girado alrededor de la máxima distinción a la que pueda acceder un jugador de rugby. En muchas de ellas se mezclaron cuestiones políticas, como ha sucedido desde que el rugby argentino tiene memoria, pero las superan las otras, las de la mística y las del ejemplo.

Hoy, los Pumas tienen nuevo capitán: Agustín Creevy, también de La Plata como Pochola Silva, pero nacido en el club San Luis. Con 29 años, ha sido el elegido por el head coach Daniel Hourcade, quien le quitó ese honor a Juan Fernández Lobbe por cuestiones extradeportivas. El hooker se agrega a una lista inéditamente profusa en el último año. Además de los dos mencionados, fueron capitanes en ese lapso Felipe Contepomi, Juan Leguizamón, Martín Landajo y Tomás Cubelli. Quizá tanto cambio, entre tantas otras cuestiones, se deba a la llamada transición. O, mejor quizá, a que estos son otros tiempos en el rugby argentino.

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