Repertorio norteamericano

Recital extraordinario del estudio coral de Buenos Aires. Excelente. Director: Carlos López Puccio. Programa: Música coral norteamericana del siglo xx. Auditorio Amijai.
Juan Carlos Montero
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7 de julio de 2014  

Una vez más la notable agrupación Estudio Coral de Buenos Aires, creada y conducida con sabiduría por Carlos López Puccio desde su primera actuación pública en 1981, ratificó las razones por las que integra la élite de conjuntos de cámara surgidos tanto en el ámbito privado como en el nacional. Sus voces de calidad tímbrica, afinación exacta, musicalidad sin mácula, refinamiento expresivo, concentración mental y ausencia de divismo han sido hasta hoy, sus virtudes y cualidades. Pero además se suma un rasgo especial; el placer espiritual que emana de todo el grupo al hacer música, contribuyendo a ennoblecer aún más las composiciones.

Fue así como la selección de obras de autores estadounidenses, todos ellos pertenecientes a la generación de nuestros padres, en su mayoría ya fallecidos, comenzó con dos breves páginas de Samuel Barber (1910-1981), creador que amó la poesía y que desde el punto de vista de la técnica de la composición se mantuvo fiel a una estética armónica y lírica.

Por fortuna, mucha de su mejor creación se encuentra en sus trabajos vocales, incluyendo el mundo del teatro musical como Vanessa sobre un libreto de Gian Carlo Menotti, y Antony and Cleopatra de 1966, y sumando series de canciones íntimas, dos de las cuales se escucharon en esta noche de lujo y, felizmente, en versiones impecables desde todos los aspectos de la apreciación musical.

También fue posible sumar obras refinadas y originales, tanto por las bellas sonoridades, como por los variados matices del discurso expresivo, enriquecido sin duda por la utilización de raíces derivadas del folklore, tal como aplicó el compositor William Bergsma, nacido en California (1921-1994). Asimismo llamaron la atención las atractivas modulaciones tonales aplicadas para todos los sectores vocales del conjunto de cantantes que se escucharon con particular deleite.

Al ofrecer el Alleluia , de Randall Thompson (1899-1984), creador nacido en Nueva York, muy capacitado por sus estudios en Harvard con el eminente Ernest Bloch, se hizo realidad una versión muy bien lograda por López Puccio y su disciplinado conjunto.

La primera parte del programa concluyó con la serie de canciones francesas del inquieto director de orquesta Leonard Bernstein (1918-1990), autor de la conocida música de West side Story , éxito largamente celebrado que no se reiteró del mismo modo en otras de sus composiciones, en las que utilizó una fusión de los elementos de la música popular de raíz folklórica con los considerados académicos o elaborados como ocurrió con su Sinfonía de Jeremías para mezzosoprano y orquesta (1944) o La edad de la ansiedad (Sinfonía Nº 2 para piano y orquesta).

Después de un breve intervalo para bien de las voces humanas que no deberían enfriarse en demasía, se reinició la muy excepcional experiencia de apreciar la creación de otros compositores de nuestro tiempo alejados de la famosa Escuela de Viena del atonalismo, comenzando con una obra muy fuerte del longevo Elliot Carter (1908-2012) y prosiguiendo con otra verdaderamente atractiva de Charles Ives, (1874-1954) niño prodigio de vida fascinante, con una tendencia marcada a provocar disonancias pero al que se le debería reconocer un talento distintivo y audaz de tipo minimalista; fue una obra ofrecida ó en admirable versión con la curiosa intervención de una voz femenina.

En la propuesta de Morten Lauridsen (1943), que se basa en una canción popular se utilizó además del conjunto vocal un piano a cargo del músico Diego Ruiz, luego de una modificación en la distribución del conjunto, llegaron las disonancias de John Cage (1912-1992), figura central en su grupo expresionista, y sin duda impulsor de novedosas ideas sonoras, un prólogo bien contrastado con la delicadeza de dos placidos Negro Spirituals en arreglos de Robert Shaw y Alice Parker y de los dos madrigales del inquieto y genial George Gershwin (1898-1937). La programación contó con el lucimiento de voces de coreutas como Cecilia Pastawski, Silvina Sadoly, Silvina Ravalli y Ricardo Gonzalez, provocadores del aplauso acaso más cálido de la velada

Como no podía ser de otro modo, el conjunto Estudio Coral y su vital maestro y mentor López Puccio fueron merecedores del aplauso cordial del público lo que motivó dos agregados. Pero como la magia del programa original se había perturbado López Puccio señaló el definitivo punto final de una propuesta incomparable.

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