La CGT hace el séptimo paro contra Menem

Termina esta medianoche y es contra la reforma laboral; será dificil de evaluar
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26 de diciembre de 1996  

Debido al paro general dispuesto por la CGT contra los tres decretos oficiales de flexibilización laboral, desde la medianoche los servicios de transporte terrestres y aéreos funcionan con diagramas de emergencia, al igual que bancos y hospitales.

Aunque los máximos dirigentes gremiales pronosticaron que el paro de 24 horas "será total", la medida será difícil de medir: ocurre, por primera vez en la historia, en una fecha -entre los feriados de fin de año- en en la que mucha gente aprovecha para tomarse unas vacaciones.

De todos modos, el apoyo de los gremios del transporte terrestre -colectivos y trenes- es vital para el éxito de la medida de fuerza, la sexta desde el comienzo de la administración Menem y la cuarta luego de la reelección del Presidente.

La opositora Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA) ratificó su apoyo al paro a través de su titular, Víctor De Gennaro, mientras Saúl Ubaldini, secretario de Interior de la CGT, utilizó un lenguaje belicoso: "Esta guerra no la hemos comenzado nosotros", dijo. El titular de la CGT, Rodolfo Daer, también anticipó "un verano muy caliente".

En tanto, el Gobierno sigue trabajando sobre dos decretos más, uno que desregularía las obras sociales para ejecutivos y otro sobre el reemplazo de la Anssal.

Los tres decretos de la discordia eliminan la vigencia indefinida de los convenios colectivos de trabajo, disponen que Trabajo laudará cuando empleados y empleadores no se pongan de acuerdo en las negociones, y habilitan a las Pymes a negocios con las comisiones internas, obviando la participación de los sindicatos nacionales.

Nuevos decretos podrían responder al paro

El Gobierno evaluará hoy, según el impacto que produzca en su seno el paro de actividades impulsado por la CGT, la conveniencia de seguir desregulando el mercado laboral, obviando al Congreso, a pesar de haber enviado los proyectos pertinentes para su aprobación parlamentaria.

Aunque todavía son borradores en estudio, los próximos pasos sobre la modernización laboral caminan hacia la creación de una Superintendencia de Salud que funcionará como un supraorganismo de la Administración Nacional de Seguros de Salud y la desregulación de las obras sociales para ejecutivos.

Fuentes oficiales admitieron ayer a La Nación que el borrador del decreto por el cual se creará la Superintendencia de Salud está en manos del ministro de Salud, Alberto Mazza, quien se lo presentará esta mañana al presidente Carlos Menem.

En la intimidad del gabinete que deliberará hoy, en la residencia de Olivos, Menem escuchará un informe de Mazza sobre los alcances de las tareas que tendrá a su cargo esa futura Superintendencia de Salud, la que auditará las finanzas y el nivel de prestaciones de las obras sociales y tendrá facultades de sancionar hasta con la quita de la personería jurídica a las entidades que no cumplan con las normas previstas.

En cambio, son escasos los datos que se tienen sobre la desregulación de las obras sociales de ejecutivos. El secretario legal y técnico de la Presidencia, Félix Borgonovo, negó que el decreto respectivo esté listo para la rúbrica presidencial.

De todos modos, no se sorprendió ante la posibilidad de que el mandatario pase por alto al Congreso, para decidir sobre este aspecto del paquete de modernización laboral. En diálogo con La Nación, Borgonovo consideró "lógico" que si se desregulan las obras sociales sindicales, también abarque a las de ejecutivos.

Mediciones difíciles

En su reiterada estrategia de calificar a las últimas medidas de fuerza como "paro turístico", Menem no varió su apreciación y enfatizó que, además de la cercanía con la Navidad, el paro del transporte público obliga a la gente a no salir a trabajar.

En más de una vez, en verdad en siete oportunidades, Menem ha insistido en que las huelgas no harían variar el rumbo económico.

Aunque peleados entre ellos por diferencias de protagonismo y de criterio de conducción, el paro está impulsado por la CGT, el MTA y el CTA otros sectores que han sido bautizados por los analistas políticos como "per cápita", es decir, aquellas personas que sin embanderarse detrás de ninguna figura sindical adhieren.

El "apagón" del 12 de septiembre último, fue considerado, como el alumbramiento de una nueva forma de protestar con nuevos protagonistas: los independientes que no militan en partidos, ni en sindicatos, pero que están en contra d el Gobierno.

Aquellos cinco minutos sin luz que tanto enojaron a Menem, al punto de sobrevolar la ciudad para tener una apreciación personal de la oscuridad, venían precedidos del paro de 36 horas que la CGT convocó para agosto último y que generó discusiones entre funcionarios de la cartera laboral por su alto índice de acatamiento.

Aquel día, el ministro Armando Caro Figueroa, y sus colaboradores midieron el alcance con dos cifras: el 90 por ciento de acatamiento que trataron mantener en reserva, a pesar de un comunicado oficial que fue desmentido en la Casa Rosada, y sus explicaciones ante Menem, para quien la medida había sido un fracaso.

En aquellas 36 horas, Menem reiteró que "pueden hacer paro, pero esto no va a cambiar el rumbo", mientras fuentes oficiales negaban que se recurriera a decretos para imponela flexibilización laboral.

Le siguieron jornadas de reservadas negociaciones entre el Gobierno y el gremialismo. Hace ocho días, tras casi dos meses de diálogos para acercar posiciones, la CGT comenzó a cuestionar el acuerdo que había inicialado 96 horas antes con el jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez.

El funcionario le mostró al mercantil Armando Cavalieri si los aspectos de desregulación de las obras sociales que rechazaban eran los que cuatro días antes ellos mismos habían firmado. El sindicalista no pudo negar los hechos.

Rodríguez lo dejó sentado en el Ministerio del Interior y fue a verlo al Presidente. Sobre su escritorio, estaban los decretos que marcaron el fin del diálogo y que originaron esta nueva demostración de fuerza: modernizar la negociación colectiva en las Pymes; reglamentar el sistema de libre afiliación a obras sociales sindicales y dar relevancia a las comisiones internas por sobre la estructura sindical para discutir la flexilización laboral por empresa.

Una genuina prueba de fuego

"Siento vergüenza de que el Gobierno pretenda destrozar por medio de un decreto las relaciones obrero-patronales que tienen una historia de 40 años", dijo el secretario general de la CGT, Rodolfo Daer, tras anticipar que el paro dispuesto para hoy será "un éxito".

Recordó el gremialista que el Presidente Carlos Menem calificó de "turística" las medidas de fuerza contra el proyecto de flexibilización laboral. "Lamentablemente -dijo-, (Menem) tiene esa costumbre; si apenas alcanza el salario -agregó-, menos se puede hablar de estas cuestiones de hacer turismo".

Daer no dudó en mostrarse optimista con respecto a la respuesta de adhesión que alcanzará esta nueva convocatoria, la séptima desde que Carlos Menem accedió a la presidencia de la Nación.

Por su parte, el titular del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), Juan Palacios (colectiveros), destacó que las pretensiones gubernamentales de exigir un alto porcentaje de prestación en los servicios del transporte público "apunta únicamente a coartar el derecho de huelga".

Palacios dijo también que "el Ministerio de Trabajo nos intimó a cumplir con un 80 por ciento de los servicios, en algunos casos, y con un cien por ciento, en otros.

Críticas a funcionarios

Con dureza, Daer embistió contra el jefe de gabinete, Jorge Rodríguez, y los ministros Armando Caro Figueroa y Carlos Corach, a quienes responsabilizó del fracaso de las negociaciones con el Gobierno, al considerar que éstos "utilizan un discurso peronista durante las conversaciones pero con perfiles liberales a la hora de las decisiones".

El representante sindical se mostró en desacuerdo con el dirigente Hugo Moyano (camioneros) que dudó de la repercusión de un paro "que se lanzó a la desesperada", dijo.

"Creo que no merece la pena hacer un análisis de las declaraciones de Moyano", opinó Daer y volvió a remarcar que el acatamiento "será mayoritario".

Como adelantó La Nación, la CGT procuró disimular las diferencias que surgieron entre sus filas frente al llamado de un nuevo paro general tan próximo a las fiestas navideñas.

Daer señaló con motivo de esas apreciaciones que en la central obrera "se discute y eso es bueno que ocurra, pero cuando se toman las decisiones éstas son acatadas por todos los dirigentes".

Precisamente sobre la fecha elegida para esta nueva demostración de fuerza, Saúl Ubaldini (cerveceros) afirmó que la "lucha por la justicia social se manifiesta en cualquier época del año y esto ha sido una respuesta al ataque de una legislación emanada de la Constitución ya que se ha violado el Convenio 98 de la OIT".

Otro dirigente "optimista" fue Francisco Gutiérrez (metalúrgicos) que auguró un buen acatamiento y sostuvo que esta medida "es el punto de inflexión que tiene la CGT y el plan económico porque no podemos negociar sobre el recorte de las conquistas laborales".

Desde el ala sindicar menemista, en tanto, el ex titular de la CGT Antonio Cassia (petroleros) se mostró contrario a la medida de fuerza dispuesta para hoy.

"Estos son los momentos de la sinceridad -expresó- y no los de pelearnos con el Gobierno.

Falta de coherencia

Tampoco se privó Cassia de atacar a los actuales conductores de ka central obrera al decir sin rodeos que "existe una falta total de coherencia en el seno del consejo directivo de la CGT ya que habían existido avances en los temas de reforma laboral y de obras sociales".

En una posición acuerdista con el Gobierno también están alineados los dirigentes Ramón Valle (seguros), Vicente Mastrocola (plásticos) y Rogelio Rodríguez (telefónicos) que conducen una agrupación que reúne a 50 gremios que cuya posición es el diálogo como única instancia para arribar a las soluciones.

Según una fuente gremial "el éxito o fracaso del paro marcarán el futuro perfil político de la CGT. Si el acatamiento es alto, los "duros" (Daer, West Ocampo y Gutiérrez) podrán sostener la alianza con el MTA.

Si se fracasa, presionarán Rodríguez, Pereyra y Barrionuevo para que se conforme una nueva conducción con el retorno de los menemistas, que no dejaría espacio para la participación de los gremios del MTA, liderado por Palacios.

La séptima huelga en la administración menemista

Carlos Menem enfrentará en la jornada de hoy el séptimo paro de actividades dispuesto por el sindicalismo, en contra de las medidas económicas y de flexibilización laboral que dictó por decreto el 18 de diciembre último.

De esas siete huelgas, tres se produjeron en el primer mandato de Menem y las cuatro restantes en el segundo período.

Cabe señalar que de esa cifra, las últimas tres medidas de fuerza (incluída la de esta jornada) se produjeron en un lapso de cinco meses, a partir de agosto último, pocos días después de la renuncia del ministro de Economía Domingo Cavallo, el 26 de julio.

Desde el reinstauración del sistema democrático, en 1983, con la presidencia de Raúl Alfonsín, es la primera vez que una medida de fuerza que se realiza en el período conocido como fiestas del Año Nuevo. Pero es la tercera en época estival: Alfonsín soportó una huelga el 24 de enero de 1986 y otra el 26 de enero de 1987 que elevaron la temperatura del clima social.

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