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Matías Garfunkel, el dueño de medios kirchneristas que ya decidió jugar con Scioli

Millonario de cuna, maneja el principal conglomerado de medios oficialistas con Sergio Szpolski, en una relación con cortocircuitos
Adriana Balaguer
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20 de julio de 2014  

Desde chico conoció los beneficios del dinero. Así como algunos atesoran fantasías, su hobby era cumplirlas. Hijo de Mónica Madanes, heredera de la familia que les dio vida a los gigantes industriales Aluar y Fate, y del empresario Jorge Garfunkel, fundador del Banco del Buen Ayre, Matías Garfunkel se crió con todas las mieles de un verdadero hijo del poder. Cuando veraneaban en Punta del Este, por ejemplo, su padre enviaba su avión particular a Buenos Aires sólo para que le compraran en Freddo helado de frambuesa y limón, sus gustos favoritos. Y hasta le construyeron en un campo en Zárate un zoológico propio con pumas, ciervos y flamencos.

Lleva en su ADN el gusto por la buena vida. También la certeza de que es bueno para los negocios llevarse bien con quienes ejercen el poder de turno. Y la seguridad de que en este país sobrevive quien es capaz de pegar el salto antes de que otros lo hagan.

A sus 38 años, Matías Garfunkel -dueño, con su socio Sergio Szpolski, del principal grupo de medios oficialistas- se esfuerza para ser fiel a sí mismo, pero sin alejarse de la tradición familiar. En la vida y en los negocios, nunca dejó de mirarse en el espejo de su padre. Apenas había completado la secundaria cuando le pidió US$ 35.000 para crear su primer emprendimiento, una consultora dedicada a la auditoría y la seguridad empresaria, junto con un ex agente de la CIA que había trabajado en la investigación del Swiftgate.

La muerte de su progenitor, en 1998, cambió para siempre su rumbo. Recién casado con su primera mujer (con la que tuvo tres hijos) y transformado en responsable de la fortuna familiar, se radicó en Nueva York, donde estudió filosofía y se dedicó al negocio financiero.

Volvió a la Argentina en 2009, y el primero en acercarlo al kirchnerismo fue el propio Néstor, que lo sondeó como candidato para comprar Telecom. Garfunkel tenía un capital de US$ 1200 millones, construido en parte con los ingresos heredados por la venta del Buen Ayre al brasileño Itaú, y del 70% de la fabricante de camiones Iveco a la italiana Fiat.

El mandato en los genes

La historia se le apareció como un mandato. Su padre había perdido en la privatización de ENTel (asociado con la norteamericana Bell) a manos de Telecom Italia. Después de explorar el terreno junto a Eduardo Eurnekian, al final armó una oferta junto con el controvertido empresario Raúl Moneta. La movida no prosperó, pero la sociedad que armó con el ex banquero fue la puerta de entrada al negocio de los medios.

Entre ambos se quedaron con los medios del grupo mexicano CIE (las FM Rock & Pop, Blue, Metro y Radio Splendid, entre otras). Pero la sociedad se frustró y el divorcio terminó en juicio. Un viejo amigo de la familia, el radical Enrique Nosiglia, le presentó entonces a Sergio Szpolski, quien ya acumulaba varias experiencias en el mundo mediático. Sin muchos preámbulos ambos decidieron integrarse en el Grupo Veintitrés, convertido hoy en el principal conglomerado de medios de impronta kirchnerista, gracias a la generosa cuota de publicidad oficial que reciben.

El multimedio, para el que Garfunkel aportó 12,5 millones de dólares por la mitad del capital (hoy supera ese porcentaje), lo componen los diarios Tiempo Argentino y El Argentino, el canal CN23, las revistas Veintitrés y Newsweek y Radio América, entre otros. En noviembre pasado, tras cerrarse el litigio judicial con Moneta, sumó Rock & Pop y Splendid. Ambos también están asociados a Mario Pergolini en Vorterix Digital.

Si bien este crecimiento se dio durante la gestión de Cristina Kirchner, desde hace unos meses Garfunkel ha mostrado abiertamente que su candidato para 2015 es Daniel Scioli, quien hasta el momento no parece ser el preferido de la Presidenta para sucederla.

"Con Daniel se conocen desde pibes. Sus padres hacían negocios juntos; el banco de Garfunkel financiaba a la cadena de electrodomésticos de la familia de Scioli. Y los chicos se cruzaban en reuniones de fin de año y eventos sociales", recuerda una fuente de extrema confianza del mandatario provincial, quien en los últimos tiempos, además, ha compartido con ambos más de un partido de truco en La Ñata, la residencia que tiene el gobernador bonaerense en Tigre, a la que Garfunkel concurre asiduamente junto a su joven esposa, la ex tenista y modelo Victoria Vanucci.

Más allá de su relación con Scioli, hubo un acercamiento público hacia Sergio Massa que el empresario sólo relativiza en privado. Se habló de su potencial inclusión en la lista de candidatos, a partir de una relación personal que apenas cultivó. El hombre de contacto con el jefe comunal de Tigre siempre fue Szpolski.

En enero pasado, cuando un rayo causó una tragedia en un balneario de Villa Gesell, Garfunkel sacó a luz su afinidad real con Scioli. Lo llevó en su helicóptero personal a visitar a los familiares de las víctimas de la tragedia. A partir de entonces lo acompañó durante el verano en más de un encuentro político en la costa atlántica. Siguieron luego las visitas sociales de fin de semana. Y el gobernador fue uno de los principales invitados a la fiesta de casamiento con Vanucci, que celebraron una vez que ella se liberó legalmente de su unión con el futbolista Cristian "el Ogro" Fabbiani. La pareja, que ya se había unido por el rito judío, tiene una hija en común y espera otro bebe para los próximos meses.

Lo que no funciona del todo bien, desde fin de mayo pasado, es la relación con Szpolski. La disputa tomó notoriedad a través de Twitter, donde el joven empresario suele expresarse abiertamente. "Me acabo de enterar que @Luis_Delia debuta por @cn_23. La obsecuencia de @sergioszpolski prima por sobre la racionalidad", escribió en su cuenta Garfunkel, quien ya había calificado al líder piquetero como "el Herminio Iglesias de este gobierno". Pero a pesar de su abierta oposición, D'Elía aún conserva su programa en CN23. Se llama Siete punto cero y sale al aire los viernes, a las 23.

"Garfunkel no es de bajar línea en los contenidos de la programación. Ni se mete. Sólo pide de vez en cuando que cubramos alguna nota sobre alguna actividad de la fundación que tiene con su mujer. Lo que más lo debe haber molestado del episodio D'Elía es que su opinión no fue tenida en cuenta", explica un integrante del canal al que le llegaron los ecos de la pelea entre sus jefes.

El episodio, sin duda, abre un interrogante sobre la continuidad del vínculo societario. Por lo pronto, el control editorial sobre los medios que ejerce Szpolski -como parte del acuerdo inicial entre ambos- tiene fecha de caducidad: diciembre de 2015. Pero como negocios son negocios, la posibilidad de quedarse con la telefónica Nextel, por la que ofertaron junto con inversores argentinos y un fondo estadounidense, aún los mantiene juntos.

Lector empedernido, siempre con alguna nueva colección de objetos para iniciar en mente, cuando se toma una pausa, lo hace para fumarse un Montecristo, los habanos favoritos del Che Guevara, de quien se declara admirador. Garfunkel nunca deja de disfrutar de la vida.

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