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Patricia Pietrafesa: "todo es más fluido y más amplio"

La actual integrante de Kumbia Queers y precursora del punk en la Argentina reflexiona sobre el género y las marcas que ha dejado
Sebastián Ramos
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20 de julio de 2014  

Patricia Pietrafesa es mujer, punk, cumbiera, comunicadora, anarquista, feminista, editora, guitarrista, militante, crítica y una suerte de historiadora sin título del punk-rock en la Argentina. Desde hace treinta años, Pat transita la escena under porteña que la llevó del punk a la cumbia, con escalas en el rock garagero. Un camino que la convirtió en referente indiscutida del punk-rock local y que le permitió contar desde adentro y en primera persona la historia del género en el país a través de sus fanzines, compilados recientemente en un libro sin precedentes: Resistencia - Registro impreso de la cultura punk rock subtearránea - Buenos Aires 1984 - 2001. Al mismo tiempo, y sin perder una pizca de credibilidad, Pat es también una de las seis integrantes de Kumbia Queers, la banda de tropi-punk que desde 2007 viaja por el mundo derribando prejuicios.

Relajada, de buen humor y con la amabilidad que la caracteriza, Pat analiza la eterna vigencia del concepto punk por excelencia ("hacelo vos mismo"), habla del legado de la cultura que quebró para siempre la historia del rock, busca una respuesta sincera al por qué era tan necesario un libro como Resistencia y confiesa cómo fue que se convirtió de chica punk en mujer cumbiera.

-¿Cuándo comenzaste a idear Resistencia?

-Creo que hace como dos años, cuando vino Nekro (conocido también como Boom Boom Kid) y me contó que iba a sacar su libro de fanzines y me arengó para que yo hiciera el mío y los publicáramos juntos. Pero pasó que tardé más en hacerlo. Igual, él fue el productor, el que me animó a hacerlo y el que me financió el libro.

-¿Cuál era tu objetivo?

-Lo que quería era no solo compilar los fanzines que había hecho en todos esos años, sino también incluir unas columnas que escribía para Rebelión Rock o para Máximo Rock and Roll y poder así dar mi visión de la escena que viví. Me apasiona la historia y tengo mucho archivo y entendí que era algo que yo tenía que contar. Creo que es un buen aporte que cuente mi parte y aporte, poner mi archivo a disposición de quien quiera leerlo. En ese plan, ahora estoy trabajando en un compilado de Amoxidal, un fanzine zarpado homopunkhardcore de 2000, que dio mucho que hablar.

-Una vez revisado y analizado todo ese material, ¿qué rescatás de aquellos años iniciáticos en la cultura punk?

-Es un período muy grosso, que coincidió con el paso de la dictadura a la democracia. Cómo vivías en ese momento, queriendo ser punk en la ciudad, cómo te veían los demás, cómo lo hacías. Ahora suena prehistórico, pero no fue hace tanto, apenas 25 años.

-El "hacelo vos mismo" y la autogestión hoy son considerados conceptos esenciales no solo para la música, sino para todas las artes, ¿por qué creés que triunfó esa bandera punk?

-En aquel momento veníamos de una época de represión y oscurantismo y esa frase no era algo común. Era algo que habíamos leído en el libro Punk, la muerte joven, de Juan Carlos Kreimer, o en algunas notas de algún fanzine de afuera. Pero había que llenar de significado ese concepto. Con el pasar del tiempo, se convirtió incluso en un slogan comercial, pero creo que se mantuvo porque muchas personas que están en el arte hoy, vivieron atravesados por el punk. Por eso ahora aparece revalorizado ese concepto y algunos los pusieron en práctica o no, pero todos saben de qué se trata.

-Joan Baez decía recientemente que el legado de los movimientos culturales de los años 60 había sido la introducción de temas como los derechos humanos o el feminismo, ¿cuál creés que es el legado del punk?

-Primero que nada, ese foco de rebeldía, de cuestionamiento, que sabés que estás hablando de algo que si bien puede ser un estilo de música, una forma de vestirse, una moda, también sabés que es un conjunto de ideas que cuestiona un montón de cosas, como también lo hicieron otras ideas del siglo XX. Porque el punk viene encadenado a ideas que también tomaron lugar en el campo de las artes y que cuestionaban lo que estaba sucediendo. Eso es lo que deja, saber que es un punto de vista cuestionador y amplio, desde el nihilismo hasta la autogestión, el pacifismo, el anarquismo y el anarcoindividualismo. Históricamente creo que el punk ha dejado un montón de artistas cuestionadores que, aún hoy, sirven como despertadores, en la Argentina y en otras partes del mundo.

-Ahora bien, ¿cuándo y cómo se cruza la cumbia en esta historia que, a priori, uno no podría imaginar en tu camino veinte años atrás?

-Creo que ocho años atrás incluso hubiera sido impensado. Yo tenía todos los prejuicios y algunas certezas sobre la cumbia: ciertas cosas misóginas del género, especialmente en la Argentina. A fines de 2006, se podría decir que estaba encerrada en mi punk rock garage. Pero por suerte, con mis compañeras del grupo She Devils hacíamos en esos años unos festivales de mujeres rebeldes, Belladona se llamaban. Ahí conocimos a Juana Chang y a la guitarrista y cantante de Ultrasónicas, de México, Ali Gua Gua. Era fin de año y nos juntamos a tocar porque queríamos hacer algo juntas y Ali nos propuso tocar algo de cumbia. "¿Qué temas saben? Bueno, toquemos un tema de Ramones pero en cumbia", nos arengó. Fue como un juego y esa misma tarde tocamos una canción de Ramones, otra de The Cure, otra de Black Sabbath y una de Nancy Sinatra, todas hechas cumbia. Cuando empezamos a ver la reacción de nuestros amigos frente a eso, horrorizados, dijimos: "Ah, bueno, ahora sí le damos para adelante". Teníamos la mitad de amigos horrorizados y a un tercio bailando y eso nos dio la certeza de que estábamos poniendo el dedo en una llaga. Eso fue lo que nos incentivó más para seguir. "¿Por qué la gente se horroriza tanto? Uh, está buenísimo, la gente baila, no nos escupen, se ríen". Estuvo buenísimo despertar indignación. Después de mucho tiempo, lograr esa reacción, era más punk que el punk.

-¿Derribaste algunos de tus prejuicios?

-El darte cuenta de que la cumbia es la música de Latinoamérica es muy importante. Me sirvió para no ser tan cerrada. Cuando uno se abre se da cuenta de que todo es más fluido y mucho más amplio. Creo que mucho de lo que aprendí en aquellos años de punk, en los 80 y en los 90, recién lo pude poner en práctica hoy, con las Kumbia Queers.

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