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El linyera que crea nuevos universos

El ex Twist hipnotiza al público europeo con su teatralizada combinación de tango y rock, que consolida en su nuevo álbum
Sebastián Ramos
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26 de julio de 2014  

La prensa francesa habla del "universo surrealista del vagabundo Melingo", ese que combina la música del tango y el espíritu del rock, que reivindica la ideología linyera y celebra a Juan Salvo, el Eternauta. Un universo músico-teatral que desde hace una década hipnotiza al público europeo, que por estos días proclama al ex Twist y ex Abuelos de la Nada como uno de los artistas argentinos con mayor reconocimiento en el Viejo Continente. Tanto, que sus últimos dos discos se editaron en la prestigiosa discográfica Harmonia Mundi, especializada en música clásica, a través del subsello dedicado a lo que del otro lado del Atlántico se conoce como world music.

El sábado próximo, Melingo presentará su más reciente álbum, Linyera, en el teatro ND/Ateneo, y dos días más tarde partirá para cumplir con la exigente segunda parte de su gira europea, con paradas en varias ciudades de Italia, Francia, Alemania, Austria, Gran Bretaña, Suiza, Bélgica y Noruega. "Allá me tratan muy bien. Yo creo que todo lo que tenga un dejo de música europea en la base, como es el tango, les atrae muchísimo", dice.

"Para mí el tango es la devolución de la música de cámara europea, pasada por las alcantarillas de nuestra ciudad. Cuando uno escucha tango, perceptivamente escucha música de cámara. Por lo menos en el tipo de tango que hago yo, en la sonoridad y en la instrumentación", continúa Melingo, canas al aire y rulos al viento, en un coqueto cafetín de Villa Ortúzar con mesas a la calle.

La postal es natural como el sol de esta tarde fría de invierno. Melingo ha vivido buena parte de sus 57 años en este barrio, aunque suela valorar su crianza en Parque Patricios, en la casa de sus abuelos.

-¿Qué es lo que creés que fascinó de vos a los franceses?

-Me imagino que en un principio fue la música y luego el desarrollo de mi plan carismático teatral; el vivo, que evidentemente llama mucho la atención. Es una performance que se aleja un poco tanto del tango como del rock. Por ahí inclusive se acerca más al rock que al tango. Esa combinación parece ser explosiva para la gente que lo ve. Y a mí me permite, con el basamento musical de las canciones y la estructura, improvisar lo que yo no sé, que es la teatralidad. En base a las canciones, yo salto del trampolín, voy de un lado para el otro, juego con la teatralidad, con la expresión, con el cuerpo, con lo que pasa arriba del escenario. Eso se complementa y hace un combo que resulta.

-Siempre fuiste un músico histriónico, ¿de dónde viene eso que llamás teatralidad?

-De mi viejo, que era un artista indoor. No fue profesional, pero en cada reunión familiar hacía su pequeño show. Hacía una fonomímica de cabaret con la hija de unos amigos de mis viejos, que hacía de Liza Minnelli, y después bailaba malambo con boleadoras y hacía un tema a capella. Hacía un microshow con el que la gente se entretenía. Esos son mis primeros recuerdos. Mi abuela, la madre de mi padre, era cantante de ópera en la Scala de Milan, mi abuelo Melingo era músico rebético, violinista; y la familia de mi vieja son todos milongueros, poetas de tango, bailarines y muy cercanos al ambiente musical del tango.

Desde 1998 hasta aquí, cuando con su disco Tangos bajos se reconvirtió, una vez más, como músico y artista, Melingo editó seis álbumes de tango canción. Pero Linyera suena a cambio; las puertas se abren hacia algo que parece ir mucho más allá del género que adoptó en los últimos quince años. "Es el primer disco en el que hice un tratamiento con piano. Hasta este momento había utilizado el sonido guitarrero, el reo, la temática lunfarda. En éste, amén del título, que es una voz lunfarda como el linyera, entro en otra orquestación, utilizando el piano, las cuerdas y generando otros climas de ritmos y textos."

"Linyera soy, lo que gano lo gasto o lo doy. No sé llorar, ni en la vida deseo triunfar. No tengo norte, no tengo guía, para mí todo es igual", canta con swing en el foxtrot que abre y da nombre al álbum; una canción de Ivo Pelay que popularizó Antonio Tormo y que Melingo interpreta como un Tom Waits porteño. Entre los autores visitados por Melingo en esta ocasión, aparecen su entrañable amigo y compañero compositivo Luis Alposta, Federico García Lorca, Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui, con una versión de "Soneto para Daniel Reguera" de la que participaron Jaime Torres en charango, Skay Beilinson en guitarra eléctrica, Guillermo Piccolini en órgano y Miguel Ángel Tallarita en trompeta. Un seleccionado de músicos que describen la amplitud sonora y espiritual del propio Melingo.

"El soneto de Atahualpa es una musicalización que yo hice hace bastantes años. Lo fui maquetando, lo fui tocando, lo hice con Jaime en vivo... Para mí, cuando toco una canción, la letra y música conforman una tercera posición que es la canción, es de una manera u otra comprobar la resistencia que tiene la tela, para luego ver si funciona, si es maleable el material", sostiene.

-A pesar de ser contemporáneos a tu introducción definitiva al tango, la nueva generación tanguera te ubica como referente...

-Mis comienzos en el rock y el haber dado la visión que di desde adentro del tango, digamos, fue una manera de decir basta, de echarle la culpa al rock de la decadencia del tango en los años 60. Construir adentro del tango para ver qué pasa y darle una continuidad; ésa fue mi idea y creo que coincide también con la de muchos de esos jóvenes tangueros que mencionás. Creo que ése fue también un punto importante para darnos cuenta de que el rock nacional es parte del tango.

El universo surrealista de Melingo

Momentos clave, influencias y compañeros de viaje en la carrera de este músico todo terreno

Las Ligas. A mediados de los años 80 formó parte de esta legendaria banda que acompañó a Charly García. Junto a Melingo estuvieron Richard Coleman, Andrés Calamaro, Christian Basso y Fermando Samalea.

Leones enamorados en Madrid. Autoexiliado en España a principios de los años 90, formó con Guillermo Piccolini y la cantante holandesa Stephanie Ringes el grupo Lions in Love, adelantándose a eso que en Gran Bretaña se dio en llamar trip hop.

La dicha en movimiento. El debut de Los Twist, con producción de Charly García, sacudió la escena del rock en plena apertura democrática, con baile y desparpajo. El álbum, como se consigna en la portada, fue grabado en tiempo récord: 29 horas y media. "El día que grabamos el disco me fui a comprar una guitarra, una Fender Telecaster del año 70, que en la revista Segunda Mano ofrecían por 700 dólares o un equipo de audio. Le terminé dando un equipo viejo que tenía y con la guita me compré las cuerdas con las que grabé todo el disco esa misma tarde"

El Borda. En los años 90, algunos problemas personales lo llevaron a pasar un tiempo en el hospital psiquiátrico José Tiburcio Borda. Una década más tarde, en su álbum Ufa!, compuso y grabó el tango "Sin enroque": "Pudiendo ser oblicuo y pendenciero, en su insólito mundo ajedrezado, nunca participó del entreviero. Ni siquiera comiendo de costado (...) Lo dejaron venir, lo acorralaron. De movida nomás lo enchalecaron y en el Borda le dieron jaque mate".

Tango electrónico. Eduardo Makaroff lo convocó para grabar con su agrupación de tango experimental Gotan Project y Gustavo Santaolalla hizo lo propio poco después y sumo a Melingo a las filas de Bajofondo.

Skay Beilinson. Amigo y fan confeso de sus tangos, el guitarrista de Patricio Rey grabó en los últimos dos discos de Melingo.

Los Ramones del Tango. Su banda inseparable, compuesta por Rodrigo Guerra, Javier Casalla, Juan Ravioli, Patricio Cotella, Gustavo Paglia, Hernán Reinaudo, Rodrigo Santos y Peppo Onetto.

Juan Salvo, El Eternauta. Así se llama el tema que cierra su nuevo álbum, Linyera. "Salvo va hacia allá, deposita sus nalgas en blanco y se va", canta en la estrofa inicial de este tributo hecho canción, con letra de Florencia Bonadeo.

Los Beatles. Una guía musical que aún hoy rige su camino. "Para mí es muy importante que el final de una canción llame al comienzo de la otra y que exista un contraste dinámico entre un tema y el que sigue en un álbum. Eso me quedó de escuchar los LP de los Beatles y esa correlatividad que tenían las canciones".

Tangos reos. Editado en 1998, el primer álbum de su reencarnación tanguera, Tangos bajos, pegó justo en el momento en el que toda una nueva generación de músicos comenzaba a revolucionar el género.

Enrique Cadícamo. El primer tango que musicalizó fue "Siga, cochero", de Cadícamo. "Pero cuando le fui a pedir permiso al maestro para grabarlo me lo negó. Para mí es el Borges del tango", dice. "Gracias por no haberme hecho caso", le agradeció finalmente Melingo en el librito interno de su álbum debut.

Los Abuelos de la Nada. Si para muchos la banda que lideraba Miguel Abuelo fue la primera en acercar el reggae al rock de acá, Melingo se lleva gran parte de aquel crédito al componer el tema "Chalamán", incluido en el disco Vasos y besos. El joven Melingo comenzó a brillar en esos primeros años de la década del 80 con su saxo y su clarinete.

Luis Alposta. "Él me introdujo de su mano en el tango, es mi socio en la alegría de hacer tango canción. Es un letrista que tiene tangos con Edmundo Rivero, con Osvaldo Pugliese, con Rosita Quiroga. Es una persona muy importante en mi vida. Nos reímos mucho a la hora de hacer tangos, nos divierte y nos pone muy felices".

Edmundo Rivero y Carlos Gardel. "Volver por Gardel y Sur por Rivero son los grandes tangos canción de la historia", certifica Melingo.

Boca Juniors. "Ataca el colorado, el vasquito Arruabarrena, si lo zarpás te condena, te serrucha, te barrena...", canta Melingo en el comienzo de "Boquita tangueada", el tema que en 1999 editó como simple para celebrar al histórico equipo xeneize comandado por Carlos Bianchi. Con Los Twist ya se había confesado acérrimo hincha del club de la Ribera, en el tema "25 estrellas de oro".

Luis Ortega. El hijo de Palito lo llevará a la pantalla grande en su nueva película, en la que Melingo por primera vez será coprotagonista en el rol de un camionero que toca el clarinete. En estos días, además, le está produciendo su segundo álbum: "Luisito tiene unas canciones espectaculares. Es la mezcla perfecta entre la cosa pegadiza de su viejo (Palito), pero con las letras monolíticas de Lou Reed", dice Melingo.

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