Celedonio Lohidoy: "Trabajo para cumplir sueños"

FANTASIA. Es uno de los creadores de joyería contemporánea más buscados, pero sigue entendiendo lo suyo como un juego, en el que la creatividad, la naturaleza y la diversión son protagonistas
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31 de julio de 2014  

En el atelier de Celedonio Lohidoy todo tiene algo de magia: mariposas de metal, libélulas de tela, broches con brillo de insecto, collares que emergen como piedritas del musgo. Ni las piezas de arte son lo que deberían: una camisa crece hasta la forma de un cuadro y de la pared cuelgan tazas y platos. Atento, cálido, saca una tetera de porcelana y convida su mejor té francés, de esos que vienen en saquito de tela. "Podría ser la almohada de un ángel", observa Celedonio y ríe. Porque todo dispara su fantasía. Sobre la mesa hay dos Cupidos en reparación, hongos y herramientas. Lo habitual.

–¿Todo parece escenográfico?

–Sí, soy hiperescenográfico. El otro día puse una mesa y del mantel salían honguitos, raíces, duendes… Todo se podía tocar. En mi casa todo el piso es de madera, pero corren los perros y ando en patines de la cocina al palier. También soy muy consciente del otro, ando en pantuflas para no molestar a mis vecinos y nunca martillo fuera de hora.

–¿Cómo sos decorando casas?

–Muy funcional. Me encanta lo estético, pero supeditado a lo real y concreto porque todo tiene que ser usado. En verdad no va a cambiar tu vida porque comas entre honguitos. Lo más importante es que tengas el plato de comida. Pero cambia tu percepción. Confucio dijo: Voy a comprar arroz y flores. El arroz, para poder vivir. Y las flores, para tener un motivo por el cual vivir. Los honguitos no son necesarios en mi vida, pero es un motivo para estar feliz. Me transporta a un mundo de fantasía, que no creo que sea opuesto a la vida real. Ahora estoy diseñando una línea de joyas para la casa: cuadernos que parecen antiguos, velas con tapa de anillo o flor, una línea de bombones.

–Cuando diseñás joyas, ¿qué te pasa?

–Hay dos vertientes: cuando diseño algo para mí me dejo fluir. Cuando diseño para otra persona tengo que adecuarme a lo que la otra persona desea. Le doy lo mejor de mí, pero adecuado a su deseo. Parto de mirar a la persona, de charlar con ella, saber por qué viene a verme, qué quiere.

–¿Y qué quieren las mujeres?

–Dejar de ser parte de una masa y que alguien haga algo especial sólo para vos. Un mimo para el alma. Para mí el lujo radica en lo perfecto o en lo artesanal, donde una persona dedica su tiempo y su energía. Y te convierte en único.

–Y para eso no hacen falta piedras preciosas.

–Exacto. Como cuando un día de mucho frío tu abuela te hace un plato de sopa. Te llena el alma, te reconforta. Lo lindo es el gesto amoroso. El oro o la plata pueden también ser joyas con otro estilo, encaradas de otro ángulo, y yo también las hago. Ahí ya el material tiene en sí un valor. Cuando lo desglosás permanece. Pero si desarmás un collar mío, no vas a tener un valor. Es como si desglosaras un cuadro: la Mona Lisa se transforma en pigmentos y una tela vieja. Tiene valor en la medida en que alguien lo hizo. Ahí radica la idea de la joya.

–¿Cómo es tu romance con los materiales?

–Tengo cositas que me van gustando, y un día las junto y hago algo. Para mí el material no habla en sí mismo, sino en la medida en que te ayuda a comunicar algo. He trabajado con cosas superetéreas. Por ejemplo, en el campo una vez hice un collar de hielo, que a lo largo del día se fue derritiendo. Simbolizó el paso del tiempo. Me fascinó ver cómo las cosas quedaban atrapadas adentro y cómo al derretirse eran liberadas. Fue un ejercicio. Otra vez, a una amiga le dibujé un collar en el cuello con una birome. Que uno se divierta es parte de estos procesos.

–¿Cómo es tu clienta ideal?

–Una con la que me divierta. Tomar café con leche, charlar y que no sea mezquina con lo que me cuenta. La que me deje ser, que no me trunque. Todo lo que hago es reversible. Si algo no te gusta, lo cambiamos o no lo usés.

–¿Y con las celebridades?

–Máxima es muy educada, una dama, se merece el título de reina, siempre fue hiperubicada y amable. Se anima, no es temerosa, no tiene que andar demostrando nada. Me gusta mucho la mujer que es segura de sí misma. Como la actriz Érica Rivas, que vino, se río, disfrutó, se probó una araña en la cabeza… Yo no soy para público nuevo rico, sino para quien valora el diseño.

–¿Qué te inspira?

–La naturaleza. Leer. Voy mucho al campo con Humberto Tortonese, un gran amigo, y nos divertimos muchísimo. Yo le pregunto: Humberto, ¿qué es un-berto? Y con eso podemos pasarnos toda una tarde. Me inventa cuentos. También me gusta mucho hacer cosas manuales. Adoro hacer muebles. Por ejemplo hice una silla con cajita de música. Te sentás y le das cuerda. Hago mesas con patas diferentes. Arreglo pisos, zócalos, lámparas… Me gusta hacer cosas opuestas: puedo pegar el alita de una libélula o ir al campo, tirar un árbol seco y hacer una fogata. Me encanta el fuego, cortar ramas, rastrillar el jardín, plantar plantas, navegar por el lago. Soy muy buen amigo de los niños: los cuido, pero materializamos todo lo que se les ocurre: casitas en el árbol, barriletes, pajaritos hechos con piñas...

–Tu universo me recuerda el de la poeta Marosa Di Giorgio.

–Fuimos a Salto a visitar su tumba y dormimos en el mismo cuarto de hotel que ella. Es la cuentista preferida de Humberto. Nos vamos de viaje y él me relata sus historias. Hacer un picnic en el bosque con bichitos, honguitos y flores que crecieron y leer La hija del diablo se casa…, es un viaje.ßo

oBJETO QUERIDO

"Lo que más me gusta en el mundo es una esfera de piedra negra, una obsidiana. La compré en México. Hice un montón de kilómetros pensando por qué no la había comprado y volví a buscarla. Me enamoró, sentí que me hablaba. La señora que la vendía me estaba esperando. Es profunda. Representa el misterio, lo que no se ve, pero está"

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