El testimonio de una familia, a un año de la explosión en Rosario

Entrevista a Marcela Nissoria, la mujer de una de las víctimas de la tragedia, que mantiene el espíritu de lucha como modo de sobrevivencia
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6 de agosto de 2014  • 18:21

Por Juan Mascardi

- Mamá, tengo miedo. Me parece que es el edificio de papá.

- No, hija. No creo, habiendo tantos edificios.

Así, Agustina, de 21 años, se comunicó con Marcela, su madre, durante la mañana del 6 de agosto de 2013 cuando las noticias de último momento acaparaban todos los medios de comunicación. Las primeras informaciones hablaban de una caldera, de una explosión, de la esquina de Salta y Oroño de Rosario. Marcela Nissoria, profesora de educación física, que desde aquel día no pudo volver a trabajar, primero dudó, luego sospechó cuando se comenzó a hablar de un escape de gas y por último se desesperó en una búsqueda alocada, frenética, de idas y vueltas.

La noche del 5 de agosto Marcela y Hugo cenaron juntos. Ellos no estaban conviviendo. "Íbamos y veníamos, nos veíamos todos los días, compartíamos la crianza de nuestra hija, las reuniones familiares", recuerda Marcela. Desde el mes de julio Hugo se quejaba por la poca presión de gas que había en el edificio de Salta 2141. "No me puedo calentar el agua ni para un mate", había dicho. Hugo trabajaba en un servicio de ambulancias y un compañero le cambió la guardia. Ese cambio de horario hizo que la explosión lo encuentre en el departamento del octavo piso el fatídico 6 de agosto. Hugo Montefusco esa mañana iba a pagar impuestos. El rito de los hombres correctos y cumplidores que se ponen al día con sus compromisos impositivos entre los diez primeros días de cada mes.

Los valores que tenía Hugo, la responsabilidad, el amor por su trabajo, son los contrarios a los motivos que lo mataron

"Los valores que tenía Hugo, la responsabilidad, el amor por su trabajo, son los contrarios a los motivos que lo mataron". El 6 de agosto Marcela comenzó a encontrar llamadas perdidas de su hija hasta que encendió la computadora en la escuela donde trabajaba. En los portales de noticias corroboró sus primeras dudas: la explosión era en la cuadra del edificio de su pareja. Se fue de la escuela sin saber que ese sería su último día laboral. Luego llegó la etapa de la búsqueda que comenzó a las 10 de la mañana. "Andábamos sin norte, te mandaban de un lado para el otro, nos decían que nos iban a dar el listado de los heridos y el listado no llegaba nunca". Durante esas primeras horas el desconcierto hasta la hacía dudar si el edificio derrumbado era justamente el que había caído, por eso caminaron por cuadras paralelas para calcular si el edificio que faltaba era el de Hugo. Hasta que recibieron la peor noticia. Hugo había caído al vacío.

El acompañamiento luego de la tragedia es imprescindible. "No existió protocolo post tragedia. No hubo contención", argumenta Marcela.

No existió protocolo post tragedia. No hubo contención

Las vidas de Marcela y Agustina cambiaron en lo cotidiano, su día a día ya no fue el mismo. "Hubo un cambio de paradigma", dice Marcela. Hoy el objetivo compartido es poder sobrellevar el dolor y poder superarlo con el tiempo. Quieren hacer el duelo en paz. No tienen días de descanso.

Marcela, junto a los familiares de las víctimas, ejercen un reclamo diario que traducen marchas y reuniones. El tiempo que tienen se lo dedican a la lucha. "Por la edad que tengo me toca un rol de encabezar el reclamo porque el colectivo lo conforma gente muy joven o gente muy mayor". Mañana van a tomar la posta los jóvenes: hijos, hermanos y nietos. "Estamos cansados de vivir en una sociedad donde uno apuesta a la vida, a los valores, a la solidaridad y ocurre esto".

El homenaje

Suenan las sirenas luego del minuto de silencio. En el lugar donde hace un año estaban apostados los bomberos y los voluntarios ahora hay un gran escenario. Los familiares de los 22 muertos desfilan uno a uno. Es la hora de los discursos. "En nuestro discurso apuntamos a los funcionarios. Ellos tienen la posibilidad de cambiar las cosas. Nosotros empezamos a transitar el 6 de agosto, con un espíritu de lucha como lo hacemos todos los días, desde el año pasado".

Nosotros empezamos a transitar el 6 de agosto, con un espíritu de lucha como lo hacemos todos los días, desde el año pasado

Marcela sostiene que el arranque del primer aniversario de la tragedia lo comenzaron con un plus de dolor por las declaraciones de la fiscal Graciela Arguelles. En la causa hay once personas que están procesadas por el delito de estrago culposo agravado por la muerte de 22 víctimas de la explosión. En el programa "El primero de la mañana" de la radio LT8 la fiscal Argüelles explicó que por delito "prevalece el estado de libertad", tal como lo marca el Código Procesal Penal vigente. "Por eso, nosotros hicimos un acampe en los Tribunales para que cumplan con su labor que es impartir Justicia", apuntó Marcela. "Es muy doloroso encontrarse con estas declaraciones. Fueron inoportunas. Nosotros creemos que es una falta de respeto".

En el escenario suena 'Honrar la vida'. Marcela enumera un balance fatídico: " Hay 22 muertos, miles de afectados con tratamiento psiquiátrico y psicológico, gente con secuelas en el cuerpo, otras personas que han desarrollado enfermedades mortales en este tiempo, que ha perdido su recuerdo, su vida, sus familiares. Y que la Justicia nos dé, de vuelta, esta declaración habla mal de la Justicia".

Acá no estalló un edificio, acá estalló la corrupción de un país que está atado con alambre. Desgraciadamente perdieron la vida 22 inocentes que apostaban a una vida de trabajo

"Acá no estalló un edificio, acá estalló la corrupción de un país que está atado con alambre. Desgraciadamente perdieron la vida 22 inocentes que apostaban a una vida de trabajo, de estudio, a una familia. Les quitaron la vida de un modo atroz, terrible". Entonces Marcela decide vivir este momento con un espíritu de lucha para que esto no vuelva a suceder.

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