Tragame Tierra... Un nuevo amor y una cena incómoda

Crédito: Corbis
Sebastián Fernández Zini
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17 de agosto de 2014  • 00:20

Me gusta escucharte tan enamorada. Eso que decía mi abuela de "ojo con lo que deseás porque mirá si se te cumple y no estás preparado para recibirlo" en vos no corre.

–Es que tantos años de sequía tenían que tener su recompensa, ¿no?

–Ponele que sí. Pero viste que esa ecuación no siempre se cumple. Por suerte, parece que en tu caso sí se te dio...

–¡Me lo merezco! No tengo dudas. La verdad es que Berni es lo más.

–Te lo tenías guardado, eh, escondedora. No sabía que estaban saliendo...

–La verdad es que todo empezó medio complicado, amigo, entonces quise esperar hasta que estuviéramos más seguros. Qué sé yo...

–Obvio, amiga. Hay que cocinarlo a fuego a lento antes de servir el plato y mostrárselo a todos. ¡Ja!

–Pero te acordás de quién es Berni, ¿no?

–Sí, el que labura en el estudio con vos, pero que también es modelo de no sé qué marca de autos. Es ese, ¿no?

–Exactamente el mismo. Ese del que tanto hablamos en su momento. Divino, la verdad, súper buen compañero de laburo, pero siempre medio disperso en las cuestiones del corazón. Hace un año, me había invitado a tomar algo, ¿te acordás?, pero como yo le conocía todos los cuentos, me dio fiaca salir con alguien tan enquilombado.

–¿A qué le llamamos enquilombado?

–Te juro que si escucharas sus cuentos post fin de semana, me entenderías. Siempre tiene algún tema, alguna historia que parece sacada de una novela de enredos.

–¿Y qué cambió ahora como para que te engancharas así?

–No sé, la verdad es que nos conectamos desde otro lugar, empezamos a salir a almorzar los dos solos y me contó cosas de su familia, de sus amigos, y algunas veces hasta se metió de lleno con sus dificultades para comprometerse con alguien en serio.

–Bueno, que se haya abierto de esa manera estaba queriendo decir algo, ¿no?

–Eso pensé yo. Además, no sabés cómo escucha. Es un genio dando consejos, es súper contenedor, un bomboncito.

–¿Y ya lo hicieron?

–¡Claro que sí!

–Así me gusta, amiga. Porque aquello de la escucha, la contención, el compañerismo y bla, bla, bla siempre es bienvenido, pero también el sabaneo es very importante. Che, ¿y cómo llevan el temita de trabajar juntos?

–Por ahora, todo bien. Igual, estamos tratando de no meternos a laburar en los mismos casos y él tiene pensado pasarse a otro estudio. Pero tiempo al tiempo, hasta acá está todo más que bien. Viste, amigo, cómo son los comienzos, estamos copados y nos gusta vernos todo el tiempo.

–¡I know! Nunca es mucho. A disfrutar, entonces, de este nuevo romance full time. Ya verán...

–¿Querés venir la semana que viene a comer a casa y lo conocés?

–¡Obvio! Me encantaría ponerle una cara finalmente. Será un placer compartir una velada con los tortolitos. Llevo vino y postre.

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Hasta acá, todo suena divino, ¿no? Pero si yo les digo que cuando llegué a lo de mi amiga enamorada y me presentó a Berni yo ya lo conocía... Y cuando digo que lo conocía, me refiero a que LO CONOCÍA... De los nervios, no pude precisar tiempo, espacio ni lugar, pero supe en ese mismísimo momento que Berni y yo nos habíamos encontrado alguna vez para tener sexo.

Sin miedo a equivocarme y por su cara de "me quiero matar", él también se acordaba de mí. Fue la peor comida de mi vida. Aún hoy, que pasó más de un mes de aquel encuentro fatídico, no sé qué hacer ni qué decir... Veremos, veremos, en un tiempo sabremos. O no.

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