La visita de Casaroli

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7 de octubre de 1996  

El jueves próximo se cumplirán 30 años de un hecho institucional de trascendencia histórica: la firma del acuerdo o concordato entre la República Argentina y la Santa Sede, mediante el cual se puso fin a la anacrónica situación de dependencia en que se encontraba la Iglesia Católica Apostólica Romana en su relación con el gobierno nacional. Como se recuerda, la Constitución de 1853/60 otorgaba al jefe del Estado la facultad de designar o presentar a los obispos residenciales, a propuesta en terna del Senado, y de conceder el pase a determinados documentos pontificios.

Esas atribuciones provenían del antiguo derecho de Patronato, que le había sido conferido a la Corona española por la Iglesia Católica. Los constituyentes entendieron que el gobierno de la Argentina había heredado el Patronato y por eso lo establecieron en la carta de 1853/60.

En la práctica, el derecho de Patronato no planteó situaciones conflictivas, debido a que la Nación Argentina lo ejerció con suma prudencia, salvo en alguna situación pasajera de crisis.

El acuerdo suscripto por la Argentina y la Santa Sede el 10 de octubre de 1966 eliminó definitivamente esa rémora institucional que le daba facultades al presidente de nuestro país para intervenir en la vida interna de la Iglesia.

Desde la celebración del concordato de 1966 existe en la Argentina una clara separación entre la Iglesia y el Estado, "no en el sentido polémico y combativo de otros países -como suele aclarar el secretario de Culto, doctor Angel Centeno- sino como expresión de la sana laicicidad que pedía PíoXII y dentro de los principios de autonomía y cooperación que surgen del Concilio Vaticano II".

De ahí la importancia histórica que reviste el acuerdo suscripto hace treinta años. Es importante señalar -como lo ha hecho Centeno- que "nunca se alzaron voces políticas o parlamentarias de ningún sector para oponerse a ese instrumento".

El acuerdo de 1966 fue el fruto de ocho años de paciente labor entre los dos Estados, sostenida tanto por los gobiernos de facto como por las autoridades constitucionales que rigieron en la Argentina en ese lapso.

Las tratativas fueron iniciadas en 1958 por el propio doctor Centeno, en su carácter de secretario de Culto del gobierno del presidente Frondizi, y por el doctor Santiago de Estrada, en ese momento embajador ante la Santa Sede. Por el lado del Vaticano participaron dos figuras de gran relieve: Antonio Samoré y Agostino Casaroli. Los dos llegaron a ser, más tarde, cardenales de alto prestigio y uno de ellos -Samoré- iba a quedar unido a los argentinos, posteriormente, por lazos de entrañable memoria.

Casaroli en Buenos Aires

La evocación del histórico acuerdo coincide con un acontecimiento particularmente grato para la comunidad católica argentina: la visita del cardenal Casaroli, ex secretario de Estado de la Santa Sede, que el miércoles próximo llegará a Buenos Aires con el fin de participar en los actos que se han organizado para celebrar el aniversario. El doctor Pedro J. Frías -que en su momento tuvo también participación, como consultor, en las etapas previas al acuerdo- definió con estas palabras, hace algunos años, en un artículo publicado en La Nación, la personalidad de Casaroli. "Sutil sin ambigüedad, alerta sin desconfianza, reflexivo pero no vacilante, en los numerosos idiomas que habla, su palabra es una ética, porque le es habitual un mensaje." Casaroli sabe muy bien -observa el doctor Frías- que "a la Santa Sede le es aplicable lo de Talleyrand: "No es necesario ser enorme para ser grande".

Como subraya el subsecretario de Culto, doctor Norberto Padilla, en su trabajo "A treinta años del acuerdo con la Santa Sede", publicado en junio de este año, el acuerdo de 1966 no fue un hecho aislado. Mirado en la perspectiva histórica, fue un punto de llegada y un punto de partida. Punto de llegada, porque solucionó una cuestión pendiente: la atribución unilateral del ejercicio del Patronato por la República Argentina. Punto de partida, porque asentó sobre bases sólidas la relación entre la Iglesia Católica y el Estado.

Participaron en la gestación del histórico acuerdo los gobiernos de Frondizi,Guido,Illia yOnganía. Un testimonio interesante del espíritu de continuidad que prevaleció en la Argentina, en ciertas cuestiones básicas, por ecnima de los procesos de inestabilidad institucional.

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