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Volar las pelucas

Tocó con los mejores del rock hasta que formó su banda, que comanda desde la batería. Andrea Álvarez, con energía renovada, siempre hace ruido
Emilse Pizarro
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24 de agosto de 2014  

Fuente: LA NACION - Crédito: Sol Miraglia

Soda Stereo le armó un altar. En el escenario, Gustavo Cerati dice se viene la bailanta, el seguidor –la luz– lo abandona y se va hacia arriba, a la izquierda. Ahí está: pequeña, en corpiño y short de lentejuelas rojas, toca las congas para un estadio lleno. Es Vélez, es 22 de diciembre de 1990 y lo que suena es Lo que sangra ( La cúpula): Soda Stereo está en la cúspide de su carrera y presenta un disco enorme, Canción animal. En el altar, Andrea Álvarez.

Todo empezó diez años antes, en una casa de Burzaco, de habitaciones amplias y fondo para correr. Ahí vivía Herminia –docente– junto con sus hijos Andrea y Leandro, y su marido, don Julio Álvarez, gerente de ventas de Larousse.

¿Dónde estaba la batería?

En el living.

Cuando aún no sabía que tocaría con Charly García, Soda Stereo, Divididos, que sería solista y tendría su propia banda, Andrea Álvarez soñaba con ser Phil Collins en el living de su casa. Su hermano tocaba el saxo y ella, la batería. "Vi una foto del disco Seconds Out, Phil Collins con toda la gente. Le dije a mi profe –tomaba clases con Lito Vitale, luego con Horacio Gianello–: yo quiero esto. Enseguida empecé a tocar con bandas, con Rouge. Mi viejo construyó una salita de ensayo donde tenía el depósito de libros; mi batería se mudó."

Hablás de Rouge, ¿ahí viste tocar a Mari Sánchez?

Fue la primera, tocaba con Sandra Mihanovich y aparecía en Badía. Diez años después aparecí yo. Ella era la única referencia, y Liliana Vitale, que tocaba en el grupo Mia. Pero no lo tomaba como su instrumento, Mari Sánchez sí.

¿Qué escuchabas?

De todo. Mis viejos escuchaban mucha música y todos los fines de semana íbamos al Colón o a ver a María Elena Walsh. Me inculcaron consumir cultura. A mí me gustaba más el pop, porque me enamoraba de los músicos, como todas las chicas. Pero también quería ser. El problema fue cuando dejé la Facultad (Composición y dirección orquestal). Era la época de los milicos, los mejores profesores ya no estaban; yo iba con el vinilo en la mano, pero cuando llegaba ahí me daba cuenta de que ese mundo no me interesaba. Le dije a mi vieja y… ¡se armó quilombo! Lo llamé a mi profe y le pedí por favor que la convenciera. Él escribió un informe –aún lo tengo– diciendo que tenía condiciones para el espectáculo y mucho compromiso con la música. Ahí empecé a tocar todo el tiempo.

Fuente: LA NACION - Crédito: Sol Miraglia

Eras fanática de los bateristas de Zappa.

De Zappa y los setentas, la época. Muchos me unen con Soda [Stereo], pero a mí no me interesaba esa música, me gustaban los temas, pero no era lo que escuchaba. Cuando salió Soda yo pensaba que no iba a pasar nada, que los que se iban a hacer famosos eran GIT. Cuando iba con mi papá en auto al Centro le decía: "Esta banda la va a romper". No tengo ojo, evidentemente [ríe]. Sí me gustaba el disco Canción animal, que lo vi nacer. Es un disco que lo sigo escuchando ahora y me gusta un montón.

Dijiste que llegaste a odiar hasta la tapa.

En ese momento estaba saturada, harta de estar todo el tiempo juntos. Ese tipo de situaciones no son bandas de música, son empresas. Pasan otras cosas. Incluso no querer estar significaba algo. No existía la exhibición que hay ahora, si hubiese pasado ahora yo sería Wanda Nara: me conocería todo el mundo. En ese momento fue muy importante, pero nada más lo sabía el que estaba ahí, no había 200 mil YouTube o Twitter.

Cuando eras chica, Daniel Grinbank un día llamó a tu casa. Te asustaste y ¿le dijiste que tu mamá no te dejaba salir?

[Ríe] Mi vieja estaba leyendo el diario en la pieza. Era un chabón grande que venía a buscarme en auto… Yo era público del rock y no éramos muchos. Me acuerdo que en el show de Malvinas, Grinbank me hizo upa y me pasó para la parte VIP.

Eso fue 1982.

¿Cuándo fue Malvinas?

1982.

Entonces ya estaba con Rouge, ensayaba en la misma sala que Nito Mestre, ahí empezamos a conocer gente. Yo debuté en el 80, en ese lapso de dos años pasó de todo. Ahí empiezo a conocer a todos; Petinatto, que le dio clases a mi hermano sin cobrarle y lo metió en un mundo de jazz más bizarro. Le daba muchos cassettes grabados. Uno que me marcó mucho se llamaba Heavy metal be pop, de The Brecker Brothers. Tocaba en vivo Terry Bozzio. De un lado estaba eso y del otro Miles Davis.

Cuando tocaste la batería con Divididos, en 1992, dijiste que había sido una situación orgásmica.

Yo venía de hacer percusión en Soda y empecé a necesitar tocar la batería. Alquilé una sala y empecé a estudiar. Un día me llamó Mollo y me invitó a tocar. ¿Llevo las congas?, pregunté. El baterista [Federico Gil Solá] se había quemado el pelo y el pecho, y no podía tocar por un mes. Estaba recagada. Me fui a Hurlingham un miércoles y el viernes debutamos en Halley. Ellos le decían a la gente que iba a tocar yo, que si querían se les devolvía la entrada.

¿Daban la opción?

Sí. No la devolvió nadie. Hasta me gritaban ¡Andreeea!, ¡Andreeea! Era groso, una banda muy masculina con una baterista.

¿Qué da mejores letras?

La adicción, es sobre lo que más escribo. Las relaciones son todas iguales, la forma adictiva en que nos relacionamos, cómo repetimos errores. Nos besamos/ hace frío/ lo sabemos y lo dejamos venir. Es la primera estrofa de una canción. Lo hacemos todo el tiempo.

Cuando vos arrancaste, el rock significaba romper estructuras. ¿Qué es hoy?

Para mí sigue siendo lo mismo; sigue siendo cuestionar algo. El rock es lo que elige alguien que quiere gritar más fuerte. Ahora parecería que es ser bueno. No tocando, sino ser buena onda. Ahora es lo seguro, lo funcional, lo educadito, lo común.

La sala en Mario Bravo y Humahuaca donde da clases y ensaya para su quinto disco es muy pequeña. Las dos baterías, una Ludwig modelo Ringo Starr y una Pearl del 80, ocupan todo. Hace frío y Álvarez, acurrucada en una banqueta, se agranda con su voz potente –no supera el metro sesenta– y su peinado.

"Un día vi una grabación de un concierto y noté que el movimiento que yo sentía que le daba a la situación no se veía; yo quedaba muy chiquita. Entonces fui a la peluquería y pedí que hicieran algo para agrandarme arriba. ¡Bum! La palmera. La primera me quedó regrosa. Se transformó en marca registrada. Me pasa que me paran en la calle: Qué lindo encontrarte, ¿das clases?. Les digo que sí y cuando les digo que escriban a mi página Web me responden: ¿Cómo era tu nombre? [ríe fuerte]

¿Te enoja eso?

¡A mi novio! La gente ahora cree que lo importante es lo conocido. Cuando quieren insultar en las redes sociales te dicen: ¿A vos quien te conoce? Y bueno, yo les pregunto si conocen a Wanda Nara. Y luego si conocen a Joni Mitchell. ¿Quién es más importante?

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