Tres flamantes museos para redescubrir Lima

Son espacios dedicados a la fotografía, la literatura y la gastronomía, en el centro de la renovada capital andina
Pierre Dumas
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24 de agosto de 2014  

LIMA.– En julio de 1997 la revista Vanity Fair publicó en tapa una foto de la princesa Diana de Gales. Ilustraba un artículo preparado por la publicación con la entonces ex futura reina de Inglaterra, ataviada con un traje de Versace, para la sesión de retratos que le hizo el fotógrafo peruano Mario Testino. Nadie soñaba siquiera que pocas semanas después la princesa encontraría un trágico fin bajo el Puente del Alma, en París... Las fotos, que se habían tomado algunos meses antes pasaron así a ser históricas. En aquellas imágenes, se podía intuir cierta complicidad entre Diana y el fotógrafo de las top models: "Diana estaba en un momento diferente de su vida –contó Testino- y yo estaba buscando algo en ella que no había visto hasta entonces. Esa nueva Diana no tenía ya más nada que ver con la imagen de la mujer más fotografiada del mundo". Casi veinte años después, conmueve encontrar las fotos más emblemáticas de aquella sesión, incluyendo la de la portada de Vanity Fair, junto al vestido de Versace, en una sala especialmente dedicada del MATE, el nuevo Museo Testino de Lima.

Una estrella por sala

En muy poco tiempo el MATE se convirtió en una institución cultural en Barranco, el bohemio barrio al sur del centro histórico limeño. Desde su apertura en julio de 2012 es un paso obligado para quienes visitan la renovada capital peruana, en pleno boom económico e inmobiliario. Tiene pocas salas, y cada una de ellas está dedicada a una de las principales musas del fotógrafo: Kate Moss, Madonna (con la toma que sirvió de carátula a su disco Ray of Light), Giselle Bundchen y, por supuesto, Diana Spencer. Otra sala presenta algunas fotos de famosos que pasaron frente al lente de Testino, como Nicole Kidman, Gwyneth Paltrow, Brad Pitt o Reese Whiterspoon.

Pocas salas, pocas fotos. Porque todo está dicho en un par de imágenes gigantescas que cubren casi todas las paredes. No hace falta mostrar más: el trabajo de Testino que conquistó París y Milán, y luego dio la vuelta del mundo, se concentra en miradas, expresiones y detalles.

El museo se visita sin guía, mientras se pasa de habitación en habitación por aquella gran casona restaurada. En casa de herrero... cuchillo de palo: no se pueden sacar fotos. Pero a la salida sí hay una boutique donde comprar libros y recuerdos con las imágenes de Testino. Antes de llegar ahí, al final del recorrido, se pasa por otra sala, imperdible, donde Testino rindió un homenaje a su país natal. Se trata de una selección de fotos de su obra Alta Moda, donde retrató gente de los Andes peruanos vestida con sus mejores trajes para fiestas populares.

La sala dedicada a Diana Spencer es algo así como la coronación de la visita. En cierta oportunidad, Testino comentó sobre esas fotos: "La gente me dijo: ‘Usted la cambió’. Creo más bien que de manera inconsciente, sólo he querido trasmitir a quien mire esas fotos que pueda sentir que estuvo ahí con ella". "Diana me contó –agregó- que para sus hijos estas fotos eran lo más ‘ella’ que habían visto nunca". En el libro que se vende en la boutique, y que se puede hojear en el café antes de dejar el museo, hay por supuesto una selección de fotos esta famosa sesión, entre muchas otras. Otro de los mejores recuerdos es el libro con las fotos del proyecto Alta Moda.

Junto a las seis salas de exposición permanente hay otra más con muestras temporarias, generalmente de arte contemporáneo peruano, no siempre vinculado con la moda y la fotografía. Si se termina la visita de noche se podrá apreciar mejor la casona del siglo XIX donde funciona el museo, ambientada con un juego de luces que la hace relucir al borde de una de las avenidas más transitada del distrito de Barranco. Desde allí la visita sigue por los cercanos centros de San Isidro y Miraflores, son sus flamantes malls y sus renovadas plazas…

Próxima estación: literatura

Diana Hidalgo, que organiza visitas "a medida" por la capital peruana, explica el evidente cambio de los últimos años, la transformación que no deja de notar nadie que haya conocido Lima tiempo atrás: "Aquí, donde hace unos 20 años ya nadie venía porque podían explotar bombas de Sendero Luminoso en cualquier momento, hoy volvemos a pasear los domingos en familia, para sacarnos fotos, ver los húsares de Junín que vigilan el Palacio de Gobierno o conocer las novedades que nacen permanentemente en el corazón de la ciudad". Diana pronuncia los nombres ingleses con un acento británico que hace pensar en algún personaje de Bryce Echenique, y tiene en su haber recuerdos de una sociedad limeña que podría haber salido de las páginas de Mario Vargas Llosa.

Y justamente hacia un encuentro con su obra nos acompaña en la segunda parada de esta visita selectiva por Lima. Desde las mesas del bar Cordano, donde hay por igual habitués y turistas, muestra un gran edificio verde del otro lado del Jirón Ancash, la calle peatonal que bordea una de las esquinas del establecimiento. Se trata de la Estación de los Desamparados, reconvertida desde el año 2009 por un decreto del entonces presidente Alan García en la muy oficial Casa de la Literatura Peruana. Que es a la vez un centro cultural, una biblioteca, un centro de exposiciones y… ¡una estación de ferrocarril!

Diana Hidalgo recuerda que "el único ramal que quedó en pie desde Lima sigue saliendo desde aquí, con un tren semanal hacia Huncayo, en medio de los Andes". Considerado por algunos viajeros como el más alto del mundo, ese ferrocarril es una institución turística en Perú y un medio de comunicación indispensable para los pequeños pueblos diseminados a lo largo del tendido de las vías.

Por esta razón, Lima es el único lugar en el mundo donde hay que entrar en un museo literario para comprar un pasaje y subirse a un tren. Para otros viajes están los libros... En el sótano del hermoso edificio de estilo académico francés de la primera década del siglo XX hay una biblioteca exclusivamente dedicada a Mario Vargas Llosa y su obra. El premio Nobel de Literatura bien merecía esta distinción, en tanto muchos otros nombres de las letras peruanas son recordados en las distintas salas del museo o con exposiciones temporarias. Entre otros, saltando en tiempos y estilos, desfilan por las 16 habitaciones de la antigua mansión César Vallejo, el Inca Garcilaso de la Vega o Ciro Alegría, representados por medio de textos, imágenes, videos, audios, y por supuesto libros.

Una visita sabrosa

Hay comidas para el espíritu y las hay para el cuerpo. En Lima, no hace falta caminar mucho para ir de unas a otras. Siguiendo a Diana Hidalgo, bastan apenas un par de cuadras para llegar a la Casa de la Gastronomía Peruana, otra de las nuevas instituciones de este renovado centro de Lima. Este museo funciona en un edificio que fue alguna vez el Palacio del Correo de Lima. Sobre su imponente fachada, pintada de rosado pastel, un frontispicio recuerda todavía aquella primera ocupación. Mientras tanto, un pasaje situado detrás del museo sigue todavía dedicado a la venta de postales y estampillas para coleccionistas.

La Casa de la Gastronomía tiene una docena de salas de exposición, con maquetas y recreaciones que brindan un ameno paseo por la historia de la gastronomía peruana, desde los tiempos preincaicos. Pero sobre todo por la increíble diversidad de ingredientes y productos de los diversos territorios del país. "Lo comento a todos los visitantes que vienen de afuera, porque es un dato que los impacta –explica nuestra guía-. Aquí en Perú tenemos más de 3.000 de las 5.000 variedades de papa que existen en el mundo. Por supuesto no las van a encontrar todas en el mismo mercado, pero se ha creado una especie de banco de datos, el Centro Internacional de la Papa (CIP), que traza el mapa de este producto básico de nuestra gastronomía".

El CPI fue creado en 1971 y es algo así como el heredero de los agrónomos incas que ya sabían aclimatar distintas especies de papa en variados tipos de suelo y con diferente clima. En la región de Cusco, el sitio de Moray es un elaborado conjunto de terrazas de aclimatación que muestran cómo trabajaban aquellos agrónomos de los Andes. En las sierras de Huancayo --adonde se puede llegar en tren, recuerde: desde la Casa de la Literatura-- y en zonas de selva, el CIP tiene áreas experimentales de cultivo. Diana sigue comentando en las salas del museo: "Además de la papa, el maíz fue otro alimento muy importante en tiempos incaicos. Ambos están entre los cuatro alimentos más importantes hoy día para la humanidad, junto con el trigo y el arroz. Son apenas dos datos que confirman la importancia de la gastronomía peruana, pero sobre todo de sus materias primas". Datos que también explican el increíble auge de esta cocina en todo el mundo: Buenos Aires no es una excepción, con restaurantes de cocina peruana para todos los gustos y bolsillos.

Por supuesto la Casa de la Gastronomía también tiene un sector dedicado al pisco y la chicha, dos bebidas emblemáticas (por no hablar de la dorada y ultradulce pero industrializada Inka-Cola). Antes de salir se pasa por una boutique con profusión de libros temáticos, como para saber más todavía sobre el limón sutil, el ají amarillo, la cebolla roja, las 3.000 especies de papa, o el plátano, entre muchos otros productos.

Ya en la puerta, antes de despedirse Diana recomienda no perderse la oportunidad de comer en el nuevo restaurante de Gastón Acurio, el chef estrella de la nueva cocina peruana. En una antigua finca agrícola de San Isidro, abrió un restaurante multiespacio con distintas propuestas y menús, desde platos à la carte hasta degustaciones. Se llama Casa Moreyra y es el lugar que hoy por hoy no hay que perderse durante una visita por Lima. De la misma manera que no hay perderse las fotos de Mario Testino en el MATE, un rato de lectura en torno a la obra de Mario Vargas Llosa en la ex estación de los Desamparados, o los paneles que explican las diferencias de las cocinas regionales en el antiguo Palacio del Correo…

Datos útiles

* Para visitar el MATE: Avenida Pedro de Osma 409, en Barranco. Abre de 11 a 20.00 de martes a domingo (cierra a las 18.00 el domingo). La entrada cuesta 20 soles para los extranjeros (hay descuentos para peruanos). www.mate.pe.

* Para visitar la Casa de la Gastonomía: Jirón Conde de Superunda 170. La entrada cuesta 3 soles por persona (hay descuentos para niños y discapacitados). Abre de 9 a 17.00 hs.

* Para visitar la Casa de la Literatura Peruana: la entrada es libre y gratuita. Hay visitas guiadas entre las 10.30 y las 19.00 hs todos los días menos el lunes (preguntar a la persona de la recepción en un costado del hall de entrada).

* Para volar a Lima: Avianca cuenta con dos vuelos diarios desde Buenos Aires. Desde 613 dólares, con impuestos. www.avianca.com.

* Para hospedarse: el hotel Belmond Miraflores Park se encuentra en la vecina zona de Miraflores, en lo alto de un barranco que domina la costa del Pacífico. El hotel organiza visitas al MATE y está cerca de uno de los más recientes centros comerciales de Lima, un shopping al aire libre con vista al océano. Av. Malecón de la Reserva, 1035 Miraflores. www.belmond.com/miraflores-park-lima.

* Un lugar donde comer: Astrid & Gastón Restaurante, en la Casa Moreyra. www.astridygaston.com.

* Algunos "recuerdos" gastronómicos: se pueden traer algunos sobres liofilizados, que no presentan problemas en los controles sanitarios de cada frontera y se conservan sin dificultades. Mezcla en polvo para preparar pisco sour peruano Don Maury (25,50 soles), preparado deshidratado para salsa huancaína o para cebiche (17 soles cada sobre).

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