En Jerusalén, un lugar donde palestinos e israelíes se unen

La escuela Mano a Mano tiene alumnos de uno y otro lado, a pesar de las crecientes hostilidades
Beatriz Lecumberri
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24 de agosto de 2014  

JERUSALÉN.- Lejos de las bombas y los cohetes, las bulliciosas calles de Jerusalén inspiran una sensación de normalidad que hace olvidar el enfrentamiento silencioso entre israelíes y palestinos que late de forma crónica en esta ciudad partida en dos.

Sin embargo, la tensión en las calles fue en aumento tras el secuestro y muerte de tres jóvenes judíos en Cisjordania en junio, el asesinato de un palestino en la parte oriental de Jerusalén y, finalmente, la ofensiva en Gaza lanzada el 8 de julio.

Desde entonces, varias decenas de padres y alumnos de la escuela Max Rayne, más conocida como Mano a Mano, decidieron salir a la calle para hacer contrapeso al miedo que se respira en los espacios públicos y enviar un mensaje a la sociedad: "Árabes y judíos se niegan a ser enemigos".

Este centro educativo es el único en Jerusalén que ofrece una enseñanza bilingüe en árabe y hebreo, y que recibe en sus aulas a un número similar de chicos israelíes y palestinos.

"Vimos que teníamos que salir y recuperar los espacios públicos ocupados por otros grupos radicales para decir que nosotros también estamos aquí. Tras esta terrible guerra en Gaza, sentimos que el futuro va a ser complicado, pero nosotros no vamos a renunciar y seguimos creyendo que hay otra manera de hacer las cosas", explica a LA NACION Ronit Rosenthal, madre israelí.

La manifestación es silenciosa, sin banderas ni pancartas. Sólo unas remeras con la inscripción en árabe y hebreo "Caminemos juntos" diferencian al nutrido grupo de personas y despierta, a veces, críticas miradas en los peatones que pasean por el lugar.

"Es un momento más complicado que los que vivimos en el pasado. Por primera vez, tengo miedo a que les pase algo a mis hijos cuando salen solos y les digo que no hablen árabe en la calle porque es peligroso. Ayer me contaron que un chico fue golpeado únicamente por esa razón en un ómnibus y nadie lo ayudó", explica Rima Jabara, madre palestina.

El hijo mayor de Rima fue uno de los primeros alumnos de la escuela, inaugurada en 1998 con el objetivo de que niños israelíes y palestinos crezcan y estudien juntos en un ambiente en el que se fomenten la coexistencia, la igualdad y el respeto hacia el otro.

En cada clase hay dos profesores, uno explica en árabe y el otro en hebreo, y los chicos dejan el centro educativo siendo bilingües. La escuela Mano a Mano de Jerusalén, donde estudian más de 500 alumnos, fue la pionera de este proyecto, que ya cuenta con cinco escuelas en todo Israel.

"La idea es que los chicos crezcan juntos y convivan, y no sólo ellos, también sus padres y los educadores. Al final se crea un sentimiento de comunidad y creo que ésta es la única forma de que vivamos en paz en esta parte del mundo", explica Shahar Viso, profesora de inglés de origen argentino.

Las manifestaciones empezaron siendo únicamente de padres y alumnos de la escuela, pero en una ciudad donde las protestas contra el gobierno son raras, hoy atraen cada domingo a amigos de amigos o a personas totalmente ajenas al centro educativo.

"Definitivamente vamos contra la corriente y somos blanco de aquellos que sólo conciben la defensa de la política del gobierno. Hubo días en que para nosotros esta manifestación era el único oxígeno para salir adelante. Podríamos encerrarnos en casa, pero como ciudadanos que vivimos acá y creemos en una forma de vivir diferente, tenemos que marcar nuestra presencia", explica Quique Kierszenbaum, padre israelí de origen uruguayo.

Mano a Mano es para muchas familias una "burbuja" en la que se predican unos valores que a menudo no se encuentran en las calles de Jerusalén o cuando se ven en la televisión las imágenes que llegan de Gaza. "El colegio es un rayo de luz en medio de esta oscuridad. Después, en casa hay que pasar tiempo recordando a nuestros hijos que todos somos seres humanos iguales o intentando contestar preguntas para las que muchas veces no tenemos respuestas. Recientemente, algunos amigos de mi hijo pronunciaron consignas antiárabes y él les dijo que eso estaba mal. Me sentí muy orgullosa de él", explica Guili Reí, madre israelí.

"Mis hijos me enseñan a mí. Alguna vez me di cuenta de que, como judía, sentía miedo de los palestinos simplemente porque no los conozco. Hoy, mis hijos hablan árabe perfectamente, es algo natural en ellos y no ponen a la gente la etiqueta de judío o árabe. Ellos ven solamente a la persona y ése es mi mayor triunfo", corrobora Ronit Rosenthal.

Murió el hijo de un argentino

  • Daniel Tragerman, el chico de 4 años que murió anteayer a causa de un ataque misilístico efectuado desde la Franja de Gaza, era hijo de un argentino, según confirmó la embajada israelí en la Argentina. La muerte de Daniel provocó la indignación de las autoridades israelíes, en particular del primer ministro Benjamin Netanyahu. Doron Tragerman, padre de Daniel, es un argentino que vive en la localidad de Neghev.
  • En esa localidad comenzó anteayer temprano una lluvia de morteros que comenzaron a impactar en la vivienda donde se encontraba. El padre sólo logró salvar a su hermanita. "Hamas pagará un alto precio por este ataque. El ejército y los servicios de inteligencia intensificarán sus operaciones hasta que se haya alcanzado el objetivo" de la operación militar lanzada el 8 de julio, aseguró Netanyahu en conferencia de prensa.

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