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Es una de las mayores deudas morales

Virgilio Gregorini
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26 de agosto de 2014  

Entendamos: ¿cuántos desalojos más tendrán que sucederse? ¿Cuántas personas más deben morir para que nos ocupemos del problema de fondo del acceso justo al suelo y al hábitat en nuestro país? Hace poco más de dos años nos despertábamos como sociedad viendo la punta del iceberg de esta problemática con la toma del parque Indoamericano. Tres personas murieron, dos gobiernos que no se hablaban articularon y nada ocurrió.

El 28 de abril, a pedido de los referentes comunitarios del lugar, visitamos el barrio Papa Francisco, ocupación realizada desde febrero de este año junto a la villa 20. Una ocupación tan pública que el mismo Papa tuvo que interceder para evitar en ese momento un desalojo violento. Las tierras están destinadas, conforme a la ley 1770/05, para la urbanización de la villa 20 desde hace nueve años. Es decir que, cuando los vecinos estaban asentándose en ese lugar, "autocumplían" la ley que está pendiente desde entonces.

Desgarra el alma ver tanta injusticia concretada. Desgarra ser testigo de historias de familias a quienes como sociedad les hemos dado muy pocas oportunidades de desarrollo. Pisos de tierra, paredes de chapa y cartón, instalaciones eléctricas que son trampas mortales, hacinamiento y acceso a agua potable nulo o muy deficitario. Historias que lamentablemente se repiten por millones en nuestro país, que ya tiene más de 200 años y, también, más de 30 años de democracia consecutiva. Es hora de que nos ocupemos de uno de los problemas más graves y profundos, de una de las mayores deudas morales.

Necesitamos resolver esta situación. Hay que visualizar esta vulneración de derechos, hacernos parte de estas incoherencias y miserias que padecemos en nuestro continente. Dedicarnos a un debate largo y profundo de sus causas para establecer políticas públicas y, también, acciones ciudadanas para resolverlo. Más de la mitad de los 1834 asentamientos tienen más de 20 años, lo que denota su carácter estructural y debería limpiar la discusión de señalar culpables para ponernos a trabajar en superarlo.

El barrio Papa Francisco puede marcar un punto de inflexión en la historia de los asentamientos. Puede ser una toma de seis meses que se desalojó o el inicio de un caso exitoso de la integración urbana y social que nos piden los millones de habitantes de asentamientos informales de nuestro país.

El autor es director ejecutivo de Techo Argentina

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