Las fieras de la taquilla argentina

Marcelo Stiletano
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31 de agosto de 2014  

Cuando termine esta jornada, Relatos salvajes habrá superado en apenas diez días la marca del millón de entradas vendidas. Es una proeza que, con toda seguridad, precederá a otras. Por ejemplo, el haber alcanzado en el citado lapso, exiguo por donde se lo mire, el liderazgo absoluto entre las películas argentinas más vistas de 2014. Un primer lugar que destronó el imprevisto reinado de Bañeros 4: los rompeolas (923.074 tickets) y, lo más importante aún, que nadie le quitará este año. Es más: pasará mucho tiempo hasta que otra película argentina alcance semejante poder de convocatoria.

Mirados todavía más de cerca y en contexto, estos números adquieren incluso una significación mayor. A Relatos salvajes (que hasta ayer, según Ultracine, fue vista por 806.801 espectadores en todo el país) le costará apenas diez días llegar al millón de espectadores y ponerse a la par de Cómo entrenar a tu dragón 2, quinta entre las películas más vistas del año con 1.089.928 tickets vendidos. No tardará en superarla.

Como esas máquinas de Fórmula 1 que arrancan rezagadas y se sienten destinadas sobre la marcha (gracias a una mecánica perfecta y a la pericia de su piloto) a soñar con la bandera a cuadros, Relatos salvajes tiene por delante a otros cuatro competidores. Son los cuatro títulos más exitosos del mercado cinematográfico argentino de este año. De atrás para adelante, a Transformers 4 le llevó nueve semanas vender 1.541.870 tickets (sigue en cartel); Río 2 llegó en 16 semanas a 1.704.802 espectadores; Maléfica, en 14 semanas, sumó 1.882.028, y Frozen, una aventura congelada, necesitó 23 semanas para obtener una cifra hasta hoy no superada de entradas vendidas en lo que va del año: 1.942.927.

A nadie sorprendería que Relatos salvajes supere esta última cifra en muchísimo menos tiempo. Una serie de factores se suman para confiar en que podrá alcanzarla sin mayores contratiempos, más allá de la creación del acontecimiento impulsado por una de las campañas de marketing más agresivas y de mayores alcances que se recuerden en el mercado local. Todo ayudó para que un lanzamiento de casi 300 copias (inédito por su magnitud para una película argentina) en un mercado de casi 800 pantallas disponibles fuese aprovechado al máximo.

" Relatos salvajes dejó de ser solamente un éxito para convertirse en un fenómeno social", reconoció Axel Kuschevatzky, uno de los productores de la película. Este atributo, al que llegan muy contadas obras, se explica desde algunos datos ciertamente atípicos, como la toma de posición activa de los espectadores en plena función (es habitual escuchar aplausos al término de cada episodio y gritos de aliento o indignación frente a lo que se ve en pantalla). La película, tal como se preveía, parece haberse instalado con bastante comodidad en el debate cotidiano sobre el enojo, las reacciones y la violencia social. Ciertos estados de ánimo muy presentes en la Argentina actual, sobre todo en los centros urbanos. Y más de uno debe haberse sentido plenamente identificado con alguna de las especies del reino animal que recorre la extraordinaria secuencia inicial de títulos.

La disposición del público a comprometerse con la película no hace más que favorecer el fenómeno de boca en boca que exponen de una manera rotunda los números de la taquilla. Esa actitud estimula la ansiedad por ver la película y como nadie quiere perdérsela aparecen datos que hace mucho tiempo no se registran. Lo que más sorprendió a los analistas y observadores del mercado fue que el lunes 25 y el martes 26 la película vendió 50.381 y 61.892 entradas, respectivamente, números asombrosos porque se acercaron y hasta casi llegaron a igualar a los del jueves 21 y el viernes 22 (52.892 y 86,384, respectivamente), las dos jornadas de estreno y, por lo tanto, de mayor impacto frente a la novedad.

Todo indica que las cosas seguirán ese curso durante el crucial segundo weekend. El jueves 28, primer día de esta semana cinematográfica, se vendieron 60.607 entradas en 272 pantallas. Fue el día del paro general del sindicalismo opositor, que impuso en la ciudad de Buenos Aires y en el conurbano un escenario parecido al de un sábado. Así funcionaron las cosas en el mercado cinematográfico y en ese marco, como se indicó con agudeza en el sitio especializado otroscines.com, Relatos salvajes se quedó con dos de cada tres entradas vendidas. A la vez, existe en todo el mundo y con todas las películas que tienen el perfil de los grandes blockbusters (los que golpean con más fuerza en las boleterías por su convocatoria) una curva descendente irreversible luego de apostar casi todas las fichas al éxito del primer fin de semana.

Lo que indican los números del jueves y de anteayer es que Relatos salvajes aumentó alrededor de un 10% la demanda de entradas respecto de sus dos primeros días de exhibición. Es el resultado de comportamientos que no se ven desde hace bastante tiempo: personas que en menos de una semana ya vieron la película dos veces, personas que habían dejado de ir al cine y volvieron a hacerlo a partir de este estímulo, personas que pertenecen a un target de edad y condición social a priori ajeno al cine argentino y al perfil de esa película (adolescentes y jóvenes), pero que resultan atraídas por la identificación entre lo que ellos viven a diario y el planteo de algunos de los episodios.

Aunque parezca prematuro, ya asoma inevitable la comparación entre Relatos salvajes y las películas argentinas más exitosas de los últimos tiempos, sobre todo con El secreto de sus ojos. A estas alturas, la comparación con éxitos multitudinarios, pero lejanos, como los vividos durante los años 60 y 70, resulta imposible. Sólo desde la década de 1990, en cambio, existen números rigurosos y confiables para medir la concurrencia a los cines y allí El secreto de sus ojos aparece en la cumbre, con 2.410.592 entradas y una extraordinaria evolución consolidada en el tiempo tras un arranque muy pequeño (apenas 74 copias en agosto de 2009).

De a poco, en más de un punto, Relatos salvajes y El secreto de sus ojos se empiezan a parecer. Todos hablan de ellas, nadie quiere dejar de verlas, apuntan a toda clase de públicos, sus tramas son accesibles, recorren el mundo (el film de Szifron se exhibió ayer en Telluride y el 9 y 10 de septiembre lo hará en Toronto, festivales que funcionan como plataformas para el Oscar). De seguir así las cosas, cuando pase un mes, Relatos salvajes con toda seguridad habrá superado los dos millones de espectadores. Otra proeza.

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