Los nuevos fantasmas que no dejan dormir a Cristina Kirchner

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
La situación económica ofrece dos aspectos dramáticos en términos políticos para la dirigencia de un partido acostumbrado a estar en el poder o, al menos, a recibir los beneficios de la cercanía al poder
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2 de septiembre de 2014  • 23:37

De la mano de una economía en la cual las suspensiones, los despidos y la caída del consumo son el dato saliente de las últimas semanas, un nuevo fantasma comienza a sobrevolar la Casa Rosada: el de los realineamientos internos en el peronismo .

La situación económica ofrece dos aspectos dramáticos en términos políticos para la dirigencia de un partido acostumbrado a estar en el poder o, al menos, a recibir los beneficios de la cercanía al poder.

  • El primer punto es que el temor al desempleo se está convirtiendo, poco a poco, en una inquietud primordial para buena parte de los sectores medio-bajos y bajos de la pirámide social, donde paradójicamente se han concentrado en los últimos años los principales apoyos electorales al kirchnerismo. La circulación de un alto porcentaje de colectivos semivacíos durante el paro general de actividades del jueves pasado en el área metropolitana dio cuenta de que muchos representantes de esos sectores sociales, pudiendo ir a sus trabajos, optaron por quedarse en su casa, algo que da cuenta de cierto fastidio con la situación económica y con las políticas del gobierno nacional.

Entre la fidelidad que conduce al confinamiento y el oportunismo que permite permanecer en el poder, los peronistas suelen optar por la última alternativa.

  • El segundo aspecto se relaciona con las serias dificultades fiscales que atraviesan los gobiernos provinciales y los municipios, agravadas por la imposibilidad de obtener crédito externo, tras la crisis de la deuda pública del Estado nacional , que derivó en un default parcial. Lo sabe el propio gobernador bonaerense, Daniel Scioli , quien tenía previsto emitir un bono por 500 millones de dólares, que quedó postergado. Y también, el resto de los gobernadores, ya que el incremento de las necesidades de financiamiento de las provincias en conjunto rondaba para este año unos 45.000 millones de pesos, aproximadamente el 1,5% del PBI. Se trata de un déficit que sólo podría ser paliado con emisiones de deuda en el corto plazo.

En este contexto, podríamos estar ante un punto de inflexión dentro del peronismo, a partir del cual no pocos dirigentes, gobernadores y barones del conurbano comiencen a meditar sobre la conveniencia de continuar atados al kirchnerismo hasta sus últimas consecuencias. La posibilidad concreta de que el ex intendente de Lomas de Zamora Martín Insaurralde pueda pasar a las filas del massismo es sólo un indicador de este proceso de reflexión en el que están embarcados algunos hombres que hasta ahora jugaron en el equipo kirchnerista.

Es conocido, después de todo, que entre la fidelidad que conduce al confinamiento y el oportunismo que permite permanecer en el poder, los peronistas suelen optar por la última alternativa.

El amplio poder que la presidenta Cristina Kirchner le ha conferido a su ministro de Economía, Axel Kicillof , ha comenzado a molestar también a muchos dirigentes oficialistas. No sólo ha sido ungido como uno de los pocos titulares del Palacio de Hacienda con juego propio en la era kirchnerista –el otro pudo haber sido Roberto Lavagna –, sino que además concentra la toma de decisiones en lugares estratégicos del sector público, tales como el área energética, el comercio interior y exterior, y las sillas que ocupa el Estado en los directorios de empresas con presencia de la Anses .

El amplio poder que la presidenta Cristina Kirchner le ha conferido a su ministro de Economía, Axel Kicillof , ha comenzado a molestar también a muchos dirigentes oficialistas

No menos recelos han generado en algunos intendentes de la provincia de Buenos Aires el hecho de que la administración de algunos planes sociales y de empleo que, a su juicio, deberían ser manejados por los municipios, estén quedando en mano de militantes de la agrupación La Cámpora .

Una declaración del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich , en el encuentro del Consejo de las Américas efectuado la semana última, pasó casi inadvertida, pero encierra un significado no menor. Dijo el funcionario que "el resultado de 2011 con el 54% de los votos es irrepetible para cualquier candidato en la primera vuelta" y que "quien surja como presidente de la Nación a partir del 10 de diciembre de 2015 deberá tener la suficiente amplitud para lograr un gobierno de mayor coalición política, ya que ninguno va a tener mayoría en el Congreso".

Capitanich también insistió en que el próximo gobierno deberá caracterizarse por la "capacidad de sumar esfuerzos en el diseño de políticas de Estado", curiosamente algo que en el gobierno de Cristina Kirchner brilló por su ausencia.

Una interpretación de la descripción del futuro escenario político que hizo el jefe de Gabinete podría indicarnos que en los planes del cristinismo no está ganar las próximas elecciones presidenciales, sino refugiarse en el Congreso como una fuerza política con una capacidad de negociación relativamente importante en un contexto signado por la atomización, mientras aguarda el desgaste del sucesor de Cristina Kirchner.

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