La plataforma de pagos, antes que el reloj, parece ser el anuncio importante de ayer de Apple

Tim Cook durante la presentación de Apple Pay, la plataforma de pagos móviles de la compañía
Tim Cook durante la presentación de Apple Pay, la plataforma de pagos móviles de la compañía Fuente: Reuters
Apple Pay tiene el potencial para popularizar el concepto de la billetera electrónica
Ricardo Sametband
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10 de septiembre de 2014  • 18:26

Ayer Apple presentó tres cosas. Un nuevo iPhone (en dos tamaños), un reloj (también en dos tamaños) que estará disponible el año próximo y una plataforma de pagos, Apple Pay.

De los teléfonos ya dije acá qué me parece, pero les ahorro el clic: siguen la muy buena línea de los anteriores, serán un éxito de ventas, son una compra recomendable para alguien que tiene un iPhone, o que no quería ir a uno porque era pequeño. ¿Son mejores que el resto de lo que hay en el mercado? No, aunque para un usuario de iPhone no hay un Android que justifique el salto, salvo que necesite alguna función específica, como radio FM o que el equipo sea impermeable. Y viceversa. Con el iPhone 6 y con iOS 8 Apple le da a sus usuarios lo que pedía el mercado; es una paridad que se viene dando hace tiempo, pero que ahora es más notoria. Apple sigue ganando en cierta cohesión que le permite su verticalidad (hace el software, hace el hardware), Android sigue ganando en variedad de opciones y plasticidad. Se podría incluir a Windows Phone en este segundo grupo.

Ron Amadeo, de Ars Technica, lo graficaba así (con humor y algo de malicia, porque no es lo mismo una lista de especificaciones que su implementación):

El reloj llegará recién en 2015, y para entonces, al ritmo que viene manteniendo, Samsung ya tendrá otro smartwatch para sumar a los seis que introdujo en el mercado en 12 meses, y que compiten con los de LG, Motorola, etcétera.

Mis dudas sobre el atractivo por los relojes se mantiene; un texto de Ben Thompson, en inglés, y orientado al Watch, lo resume de la siguiente manera: al reloj inteligente le falta el porqué, la justificación. Pero está claro que es un segmento que crecerá, y al que todavía le falta desarrollo. Apple ya plantó una bandera importante al ponerle precio (349 dólares, más alto que la oferta actual) y una gran variedad de terminaciones y colores. Como en los smartphones, se posiciona en el segmento más alto -y más redituable- de la tabla. Si tiene o no un diferencial suficiente como para dominar el sector -si es algo que es posible, claro- queda por verse.

La billetera es otra cosa

Tim Cook pronunció el "One more thing", que Steve Jobs usaba para presentar sus productos más notables, al presentar el Watch, pero me parece que de los tres anuncios que hizo Apple ayer el que podría tener un efecto similar al iPhone y al iPad es la plataforma de pagos, Apple Pay, que transforma al celular en una billetera electrónica y permite pagos con tarjeta de crédito sin usar el plástico, apelando a un chip NFC dentro del iPhone 6 o del Watch. Se transforma en una tarjeta. La reemplaza.

El sistema de pagos de Apple, como el de sus competidores, usa un chip NFC para pagos sin contacto
El sistema de pagos de Apple, como el de sus competidores, usa un chip NFC para pagos sin contacto Fuente: EFE

¡Pero eso ya existe! Sí, Google, Facebook y otros ya tienen plataformas similares; la de Google es de 2011. En Japón, además, se usan los pagos con una variante de NFC en el teléfono desde principios de siglo. Japón es, ya que estamos, el único otro país donde el iPhone tiene una cuota de mercado similar a la de Estados Unidos. En Africa el celular es una billetera, pero la moneda de cambio son créditos para llamadas (el sistema se llama M-Pesa)

¡Pero entonces Apple no inventó lo de los pagos móviles! No, y tampoco dijeron que lo hicieran. No dijeron que inventaron -ni inventaron, ya que estamos- el smartphone con pantalla táctil, ni la tableta, ni el reproductor de MP3 portátil o la computadora de escritorio con interfaz gráfica, pero siempre se las ingeniaron, para tomar lo que ya estaba disponible, reconfigurarlo y plantearlo de una manera más atractiva que lo disponible hasta entonces. Y lo hicieron de tal manera que trastocaron los mercados respectivos.

¡Pero entonces es lo mismo que los demás! Casi, y ahí está la diferencia. Apple puede sacar provecho de su verticalidad: hace el software, el hardware, controla todo. Y en Estados Unidos tiene una masa potencial de usuarios muy alta, aunque deberá esperar a que adquieran el nuevo iPhone.

El servicio debuta en octubre y ya sumó a las tres tarjetas de crédito más grandes (American Express, MasterCard, Visa) y varias cadenas (Macy's, McDonald's, etc.; según la compañía, son 220.000 tiendas en Estados Unidos) y agrega elementos seguros importantes: uno, Touch ID para validar la compra con la huella digital, fundamental para un dispositivo que es, esencialmente, una billetera; dos, que todas las transacciones son anónimas para Apple (que no almacenará los datos de las tarjetas en sus servidores), aunque cobrará por cada una de ellas ( a los bancos, según Bloomberg).

Apple logró, además, el visto bueno de Softcard, una solución de pagos móviles por NFC que desarrollaron AT&T, T-Mobile y Verizon en Estados Unidos (antes llamada ISIS): será compatible con Apple Pay, un anuncio notable entre otras cosas porque el trío de operadoras bloqueó Google Wallet en ese país en 2011, limitando su expansión.

Y también representa un problema para PayPal y similares, porque permite pagos dentro de las aplicaciones, compra de servicios, etcétera; todo controlado por la compañía que fundó Steve Jobs.

Así, Apple Pay puede servir de catalizador para el concepto de la billetera electrónica: después, quién sabe; Google probablemente se las ingenie para revalidar Wallet (que hace lo mismo que Pay, aunque sin el mismo grado de integración) y logre que sus cientos de millones de usuarios lo aprovechen, y se transforme en la plataforma móvil de pagos más difundida del mundo (algo ciertamente posible).

No son pocos los desafíos que le quedan a la plataforma de Apple: Estados Unidos (donde debuta el servicio) y Japón (donde ya se usa la tecnología) no son iguales al resto del mundo, donde el pago con plástico no corre de la misma manera (aunque sí existe la tarjeta que ya tiene NFC, así que ya hubo una simplificación importante del proceso de pago), y donde el porcentaje de la población que está bancarizado es diferente. Y lo que suena muy bien en una presentación puede terminar en la nada, así que habrá que esperar a ver si el anuncio de ayer es clave en la historia de la compañía o no, pero el contexto en el que comienza es promisorio.

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