La novela autobiográfica, sus verdades y sus inventos

Daniela Chueke
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11 de septiembre de 2014  • 09:55

El primero que usó la palabra "ensayo" en el sentido que le damos ahora - anunciaba textual Gonzalo Garcés en la presentación del master de periodismo cultural que dictó en Orsai y del que fui alumna- fue Montaigne. Se propuso escribir sobre cualquier cosa que se le antojara. No pretendía la objetividad ni el rigor. Dijo: yo, con mis defectos y mis limitaciones, voy a escribir lo que me parece sobre algunas cosas. Nunca le preocupó que los temas fueran importantes o triviales. Uno lee sus ensayos y encuentra una voz amable, que a veces en la misma página te habla de cómo le gusta dormir con los pies afuera de la colcha, de la filosofía de Demócrito y de por qué no conviene confiar en un jorobado.

Conociendo esta especie de manifiesto y habiéndome empapado lo suficiente de sus enseñanzas reconozco el truco en Hacete hombre, una historia personal de la masculinidad, el libro que acaba de publicar con Editorial Marea. Un extracto puede leerse en ADN.

Como a muchas de sus anteriores novelas, El miedo especialmente, Gonzalo comenta que tuvo la necesidad de escribirla, para comprenderse a sí mismo, y para eso busca respuestas universales en la construcción del pensamiento occidental, a partir de los mitos griegos, pasando por la edad media, la modernidad y la economía de servicios. En esta nueva apuesta se pregunta qué significa ser hombre en la sociedad actual, a la que califica de pospatriarcal.

Si yo fuese a aplicar lo que aprendí tendría que desentrañar aquí su libro, desmenuzarlo y explicar por qué lo evidente, lo que él nos quiere decir, no es lo que verdaderamente dice. Tendría que molestarlo un poco, no ser complaciente.

Dudo que lo consiga. Tengo algo que confesar. Hace un tiempo redacté una nota en tono de "conversación entre amigas" con la intención de homenajear a todos los hombres que nos hacen la vida más fácil. Se tituló Cuántos hombres necesitás en tu vida y daba por sentado que se entendería como un guiño humorístico, aunque no todo el mundo lo entendió así.

Más allá de las polémicas que generó esa nota –incluso muchos me tuitearon cosas feas-, lo que quiero contarles es que para el perfil del profesor fue inevitable pensar en Gonzalo. En ese momento estaba en pleno idilio transferencial, al principio muy agradecida por la oportunidad de haber conseguido que me hiciera un lugar en su grupo pese a haberme anotado a último momento, cuando ya estaba el cupo completo. Después, a medida que avanzaban los encuentros, y leía las producciones de mis compañeros, entre ellos Natalia Pecoraro (ex redactora de Ohlala Web y actual de Política), nuestra bloguera verde Karina Ocampo, Pablo Nardi y Verónica Boix, que ya participaron en Club de Lectura, el entusiasmo crecía y la escritura de todos había empezado a fluir y a provocar. Gonzalo nos decía que no nos preocupásemos tanto por cómo escribíamos sino por sostener una posición que nadie hubiese dicho antes, que nos atreviésemos a desafiar los supuestos, que le esquivásemos como pudiésemos al temor a la ignorancia, que la atrapáramos y la transformásemos en un texto, una reseña, en algo publicable.

Ese agradecimiento, esa admiración, seguramente va a teñir todo lo que lean a partir de ahora, el resultado de nuestra conversación sobre Hacete Hombre, que mañana viernes 12 a las 19 hace su presentación en Ghandi (Malabia 1784) acompañado por Maximiliano Tomas.

- ¿Qué lecturas previas tenés que tener para entender este libro?

- Nada porque está todo explicado. Cuando hablo de los griegos te cuento toda la historia cuando te hablo de Cyrano de Bergerac también. Después, si te dan ganas de ir al teatro a ver Cyrano o leer más a los griegos podés hacerlo.

- Sin embargo, te confieso que en muchos aspectos pude seguirte, en otros sentí que si no tenía Wikipedia a mano estaba perdida. Quería todo el tiempo volver a la historia del viaje con tu padre y la chica hacia Mendoza.

- A mucha gente le gustó más la parte de reflexión sobre la construcción de la hombría. Lo que hago es sociología de salvación. Busqué en mi vida modelos para hacerme hombre porque yo no me sentía un hombre. Sentía que era más blando, más indeciso, por momentos un chico, un adolescente.

- ¿De dónde vino esa sensación?

- Yo no sentía que tenía ganado mi lugar en el mundo. Sentía que estaba de prestado como están los adolescentes que viven de sus padres o de sus amigos pero no son una unidad productiva ni tienen un lugar asegurado en la sociedad. Hasta de grande me sentí así. En un momento dado me di cuenta de que quería llegar a tener esa sensación que llamo "ser hombre". Fue cuando me encontré divorciado, pasando las vacaciones con mis dos hijos chicos y tuve que lavarles la ropa, hacerles la cama, vestirlos, bañarlos, darles de comer, tenía que entretenerlos. También tenía que empezar a contestarles preguntas, porque mis hijos estaban cerca de los diez años, muchas de ellas no podía contestarlas. Me di cuenta de que nunca había jugado a pelear con mis chicos porque cada vez que trataba de hacerlo su mamá con la mejor intención decía no jueguen a pelear no me gusta eso.

- Hace rato que se viene hablando de una nueva masculinidad, de la dificultad de los hombres para ubicarse en un nuevo rol. No sos el primer autor que se pregunta por el rol del varón, desde Robert Bly a Sergio Sinay hay bastante literatura de autoayuda que promueve una nueva masculinidad. Tu libro no es de autoayuda, pero tampoco es una novela en el sentido más tradicional de una historia que tiene un comienzo y un final. Hay un mayor componente ensayístico, cierto análisis de la cuestión de la hombría que persigue un descubrimiento de carácter universal. ¿Sentís que lo consigue?

- Sí, porque reivindica ciertos valores del patriarcado como la libertad y la búsqueda del proyecto, que son los que adoptaron las luchas feministas y los que nos llevaron a superarlo. Pero en verdad es mi historia. Yo empecé a preguntarme qué era ser hombre y como estoy grande para que me eduquen mis padres, me empecé a educar solo. Por eso digo que lo que hago es sociología de salvación personal porque me puse a buscar en la historia y en los mitos figuras con las que pudiera identificarme: Cyrano, Lucifer, Don Quijote, Prometeo o Zeus. Son los que me salvaron a mí.

- ¿De todos esos arquetipos mitológicos, héroes de la literatura, artistas y series de televisión que analizás, cuál es finalmente el que te representa?

- Me identifico con el Batman de los años 60, el que hacía Adam West. Tenía pancita, orejas más de gato que de murciélago, una especie de calzoncillo azul brillante y una capa que le llegaba más o menos a los talones, era un poco ridículo pero era un héroe. Un héroe que al revés del Batman moderno y de los superhéroes actuales mostraba todo el tiempo que debajo de la capa había no solamente un ser humano sino un ser humano muy falible. Yo como padre me siento así: soy una persona con muy poca solidez, fui de ánimo inestable, un marido mucho más que imperfecto, olvidadizo, lleno de miedos de terrores, de dudas. Sin embargo me di cuenta de que delante de mis hijos tengo que ser Batman, mostrarme mejor de lo que soy. Es un sacrificio muy grande porque no me gusta mostrar una tranquilidad, una estabilidad y una solidez que no siento, pero vale la pena.

- Hablemos del personaje de tu padre.

- Quizá decepcione pero me invento un padre que me sirve para esta historia, para volcar en él la gran mayoría de mis defectos es una forma de dividirme en la historia en dos, entre el personaje de mi padre y el del hijo. El hijo viene a ser lo que yo pienso de las cosas y el personaje del padre es lo que a pesar de mis mejores intenciones soy.

- ¿Tiene que ser una figura cuestionable porque la hombría se construye desafiando al padre?

- No siempre. Me inspiré un poco en Los hermanos Karamazof de Dostoievsky, la historia de un padre que compite con su hijo por una mujer. Yo acá inventé un padre que para vencer a su hijo se hace débil él, le pide que lo cuide. El hijo ocupado en cuidar al padre no tiene tiempo en hacerse fuerte y ocupar su lugar. Es una historia, no es mi realidad.

- No sé si queda tan claro el descubrimiento de lo que es ser hombre hoy.

- Una idea clave es que en cierto sentido discuto a Simone de Beauvoir, que en El segundo sexo dice que tenemos que definir el lugar de las mujeres porque el lugar del varón es autoevidente. Al citar esa frase, le respondo: ¿autoevidente? Señora de Beauvoir si usted nos viera ahora.

- También analizás muchos personajes de series de televisión. ¿Qué lugar ocupa este formato en la cultura actual?

- Para mí la mejor ficción de esta última década no está ni en la novela ni en el cine ni el teatro, está en las mejores series de televisión. Breaking Bad es una obra de ficción televisiva que no tiene menos complejidad ni calidad dramática que La montaña mágica de Thomas Mann. Lo mismo puedo decir de Mad Men, que es probablemente la obra de ficción que dentro de cien años haya que buscar para entender que pasó entre el siglo XX y el siglo XXI. True detective es como la continuación de la novela psicológica rusa. La mejor ficción está en las series.

Leemos un cuento

¿Pudieron leer La señorita Cora de Julio Cortázar? Un aspecto sobresaliente es que la narración está armada como una sucesión sin transiciones de monólogos y diálogos que se presentan sin anunciarse y pasan de la voz de un narrador a otro, que son al mismo tiempo los personajes de la historia: un adolescente de quince años internado en un hospital para ser operado de apendicitis, su madre y la enfermera que lo atiende. Están el niño que empieza a convertirse en hombre, la mamá que lo cela y lo sobreprotege, la enfermera que es joven, linda, buena y firme como debe ser una enfermera y el que nunca habla, el padre, porque los padres no se meten en esas cosas del cuidado y la salud de los hijos. También está latente cierto grado de erotismo. Según Gonzalo Garcés, ese erotismo infantil puede ser inesperado en un hospital pero no del todo. "Por algo existe el estereotipo erótico de la enfermera. Para una gran cantidad de los varones de este mundo la enfermera es erótica porque representa la oportunidad de ser nuevamente niño y de desear a tu madre sin que sea tu madre y ser tocado sin necesidad de tocar. Todo eso es muy atractivo. La indefensión es algo muy atractivo para hacer en la cama, sea en un lecho de amor, como se dice en las novelas, o en la cama de un hospital. En este sentido Cortázar no está siendo muy revulsivo, está siendo muy clásico". ¿Ustedes qué dicen?

Para la próxima, jueves 25

Les propongo comentar lo que cada uno quiera de Adolfo Bioy Casares. Hoy y el lunes 15 todavía hay tiempo para ir a las actividades de homenaje por los cien años de su nacimiento en la Biblioteca Nacional.

También hoy a las 19 en La Alianza Francesa de Buenos Aires, Córdoba 946, Eterna Cadencia invita a la presentación de Madame Bovary de Gustave Flaubert, con Marilú Marini y Magdalena Campos junto con el traductor Jorge Fondebrider.

Todas las actividades son gratuitas.

Recuerden que pueden escribirnos a clubdelecturaohlala@gmail.com.

Cariños.

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