Fernández: hay grupos que impiden bajar el gasto

El ministro anticipó a La Nación que habrá un plan de reconversión de la deuda y que intentará evitar la suba del impuesto a los bienes
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1 de septiembre de 1996  

El ministro Roque Fernández consideró que es "una utopía" pensar que se puede reducir drásticamente el gasto público. No sólo porque intentarlo sería afectar la prestación de servicios básicos, sino porque además lo impiden "grupos importantes de poder que controlan áreas estratégicas en el ámbito estatal". En una entrevista con La Nación, el titular de Economía admitió, sin embargo, que se comprometerá ante el FMI a reducir las erogaciones de este año en 1000 millones de pesos.

También anunció que habrá un programa de reconversión de la deuda, para aliviar el peso de los vencimientos de los próximos dos años y confirmó que los trabajadores con salarios inferiores a 1500 pesos mensuales seguirán cobrando asignaciones familiares.

Cansado tras su participación hasta la madrugada de ayer en la Conferencia Industrial que organizó la UIA, en Mar del Plata, Fernández habló de economía y de política. Algunas de sus definiciones fueron las siguientes:

  • No comparte la suba de la tasa del impuesto a los bienes personales. "Pedí a los gobernadores que reflexionen", dijo.
  • No hay una propuesta oficial para privatizar el Banco Nación.
  • La dirigencia sindical no sólo debe proteger a los que tienen trabajo, sino pensar en los que no lo tienen.
  • "Duhalde es un candidato fuerte para 1999. Yo lo votaría."
  • El PBI crecerá este año un 3%.
  • "Cavallo y yo somos diferentes, pero no hay que ver el estilo, sino los resultados."
  • Es una utopía bajar drásticamente el gasto

    Posición: el ministro admitió que cuando llegó al Gobierno advirtió la dificultad de reducir erogaciones; hay grupos que luchan por mantenerlas.

    A las tres de la mañana de ayer tomó el avión de regreso desde Mar del Plata, donde reseñó la historia de las teorías económicas en un discurso que los industriales que lo escuchaban casi no aplaudieron. "No debería haber tres oradores en reuniones como ésas", lamentó Roque Fernández, ya en el Ministerio de Economía, dispuesto a hablar con La Nación del momento actual, y no de tiempos pasados.

    -El Gobierno habla de reactivación, pero en los primeros siete meses la producción industrial cayó un 0,2% respecto de 1995 y muchos opinan que el paquete fiscal es recesivo.

    -El segundo trimestre de este año nos da bien. Vemos que creció el PBI aproximadamente un 2,5%, y estamos transcurriendo el tercer trimestre donde notamos que se sostiene esa tendencia. Las proyecciones para el segundo semestre nos hablan de un 6% de aumento. No vamos a tener un año como fueron del 91 al 94, pero tenemos la posibilidad de crecer un 3 por ciento. Y de mantenerse esto, en 1997 creceríamos un 6 por ciento.

    -Los analistas consideran que estas cifras son demasiado optimistas, porque el ajuste afectará negativamente el consumo, la producción y las exportaciones.

    -No comparto eso. No hay peor impacto sobre la demanda agregada que la incertidumbre macroeconómica sobre la solvencia fiscal del Estado. Si bien algunas medidas suenan como recesivas, están sustituyendo una tremenda rebaja de impuestos, como fue la de los aportes patronales.

    -Pero es un cambio de reglas de juego para el sector empresarial.

    -Diría que es una sustitución de impuestos no tan agresiva. Lo que estamos haciendo es restablecer la solvencia fiscal que se había perdido.

    -El eterno debate es qué está antes: si la solvencia fiscal alienta a los inversores, o si hay que estimular la inversión y la producción para que haya solvencia fiscal.

    -Yo estoy convencido de que es lo primero. En un país que tuvo hiperinflación y desorden administrativo, hay que darle prioridad a asegurar la solvencia fiscal del Estado. Es mucho más grave sobre la demanda agregada la fuga de capitales que produce la incertidumbre macroeconómica, que lo que puede ser un retoque impositivo.

    -Los empresarios piensan que es al revés.

    -Nunca vi a alguien que haya aclamado una suba de impuestos. Se van a quejar los exportadores, los colegios privados, el agro, la industria. A nadie le gusta pagar impuestos.

    -Será porque todos prefieren que se baje el gasto.

    -O todos prefieren que les cobren impuestos a otros menos a ellos. El gasto público para funciones elementales es sólo de 6500 millones de pesos. Si uno dijera vamos a eliminar drásticamente el gasto, tendríamos que dejar de pagar sueldos en muchas áreas.

    -Pero en este paquete no se ven medidas para reducir el gasto.

    -Las hay, y muy fuertes. Por ejemplo, la eliminación de subsidios, como los reintegros y reembolsos.

    -Pero eso, más que gasto es un estímulo, o en todo caso un gasto productivo. No se ve que se actúe sobre el gasto improductivo.

    -Se está atacando también eso. Se está trabajando en el PAMI, en la Anses. Está la segunda reforma del Estado, pero aun esa reforma, si decimos que vamos a reducir 10 o 20% el gasto público, es muy difícil de instrumentar sin que sus efectos se reviertan a las dos semanas.

    -Existe el convencimiento en mucha gente de que el Estado gasta demasiado y mal en compras y contrataciones.

    -Sin duda que hay mucho de eso. Pero hay sistemas de control y procuramos que funcionen.

    -Concretamente, ¿el gasto es inelástico o se puede hacer un corte profundo?

    -Supongamos que le bajamos a la mitad el sueldo a toda la administración pública y a los legisladores. ¿Y qué haríamos? Reduciríamos el déficit del 2 al 1% y desmantelaríamos los planteles más capaces de la administración nacional. Para el caso, también se podrían bajar un 30% los haberes jubilatorios y se ahorrarían 6000 millones. Creo que ser muy ambiciosos en reducir en forma drástica el gasto público lleva a que no se resuelvan los problemas de fondo y que al poco tiempo la situación se revierta.

    -¿Por qué?

    -Uno puede ir y decir en forma voluntarista: cortamos todas las partidas del presupuesto en un 50%. Reducimos el gasto de 40.000 a 20.000 millones pero no atacamos el fondo de las cosas. Entonces, de repente empiezan a faltar cosas como la válvula que da agua a la ciudad de Buenos Aires, o el fusible que da electricidad al conurbano. Lo que hay que hacer es diseñar un plan global, contar con buenos recursos humanos y tiempo para trabajar. Pedir que se reduzca mágicamente el gasto suena a voluntarista y esto lo digo con respeto porque yo he opinado desde afuera que había que producir estos cortes. Ahora, viéndolo desde adentro, con la responsabilidad de gerenciar, creo que estas propuestas son bastante utópicas.

    -Parece poco original cambiar de postura al ingresar en el Gobierno.

    -Es que es más fácil opinar como economista de afuera que asumir la responsabilidad de gerenciar. Sin duda, el Estado debe seguir funcionando y prestando servicios básicos. También hay que tener en cuenta que en el Estado existen grupos importantes de poder que controlan áreas estratégicas.

    -¿Grupos políticos?

    -No, no, tal vez grupos gremiales...

    -¿Mafias?..

    -No, no las llamaría mafias. Es gente que defiende un sector, o que defiende sus intereses. Tengo miles de ejemplos, pero no quiero darlos porque tendría un problema.

    -Debería animarse.

    -Hay gente que ha hecho prácticamente toda su vida profesional en un área del Estado y que va a pelear eso que es su carrera. Le doy un ejemplo del Banco Central. En el caso de la liquidación de entidades, vemos cómo se generan ciertos cuerpos, como profesionales, abogados, etc., cuyo bienestar está relacionado con la no concreción de una liquidación, porque se generan honorarios, puestos de trabajo y otras cosas.

    -¿Cómo se corrige eso?

    -La decisión política no basta. Debe estar seguida de una estrategia operativa para atacar el problema.

    Eduardo De Simone

    Curioso tránsito de la izquierda a la Ucedé

    -¿Se siente respaldado por todo el Gobierno o sus propuestas son muy discutidas en el oficialismo?

    -Me siento respaldado. Todo se debate, claro, pero a la hora de la verdad, no encontré una sola persona en el Gobierno que no acepte nuestro diagnóstico y la necesidad de tomar medidas.

    -Pero ahora Menem debe salir más que antes a defender el plan económico, y eso acaso tenga que ver con su bajo perfil.

    -Para ser claros, Cavallo y yo somos diferentes. Pero no cambió nada fundamental. El Presidente sigue con las mismas convicciones y si antes hubo tensiones con el Congreso, ahora no hay divergencias políticas.

    -Cuando usted conducía el Banco Central, fue acusado judicialmente junto con otros directores de la entidad. En esa oportunidad Cavallo habló de acoso judicial contra el equipo económico. ¿Comparte esa apreciación?

    -No lo veo así. Nosotros liquidamos muchas entidades y hubo ahorristas e inversores que se vieron afectados y, bueno, esto se dirime en la Justicia. Hubo gente que perdió dinero. Que existan denuncias es normal y pasó con todos los gobiernos.

    - ¿Conoce al empresario Alfredo Yabrán?

    -Lo ví un par de veces, porque da la casualidad de que mis hijas eran compañeras de colegio de una de sus hijas.

    -¿Cree que es el jefe de la mafia, como dijo Cavallo?

    -No me consta. No tengo ninguna información para opinar algo así.

    -Se dice que el economista Miguel Angel Broda, que había sido tentado por Menem para el Ministerio de Economía, está preparando un plan. ¿Eso le molesta?

    - No, para nada. El es un muy buen profesional. Lo importante es que el país no debe depender de las personas sino de las instituciones.

    -¿Está afiliado a algún partido político?

    -No, pero pertenecí a la Ucedé, fui convencional fundador en 1982. Hice una buena relación con los jóvenes de UPAU y fuimos a una interna contra Alsogaray y Adelina de Viola, que entonces estaban juntos. Perdimos 10 a 1.

    -¿Y antes de la Ucedé?

    -Simpaticé con el Frente de Izquierda Popular, en Córdoba. Admiraba mucho a Jorge Abelardo Ramos y lo conocí cuando iba a dar charlas.

    -Curiosa metamorfosis, de la izquierda nacionalista al liberalismo.

    -Yo coincido con los que dicen que si uno no fue socialista a los 20 años es que no tiene corazón, pero si lo sigue siendo a los 40, es que no tiene cabeza.

    -Esto no les va a gustar a los socialistas.

    -Bueno, no quiero ofender a nadie.

    -¿Este es un gobierno liberal o peronista?

    -La verdad es que yo pensé que las ideas liberales no iban a tener consenso dentro del justicialismo. Quedé muy impresionado por las cosas que decía el presidente Menem, como por ejemplo eso de que queremos menos proletarios y más propietarios. Yo veo que ahora hay mucha seriedad, tanto en el oficialismo como en la oposición radical. Ni el PJ ni la UCR están pensando en volver atrás con las reformas.

    -¿Cómo ve a Duhalde para 1999?

    - Es un candidato fuerte. La provincia de Buenos Aires tiene un gran peso político.

    -¿Usted lo votaría?

    -Sí, lo votaría.

    -¿Antes que a Ortega?

    -Bueno, digamos que sigo estando más orientado por las ideas que por las personas.

    - ¿Le gustaría que Cavallo sea candidato a presidente?

    -Yo creo que es probable que Cavallo tenga intenciones de participar en política. Es alguien con gran vocación política que tendrá un papel activo en la sociedad.

    -¿Y usted no tiene vocación política?

    - No, a mí me gusta mucho la profesión de economista. De acá me voy a la actividad profesional y a competir con ustedes, porque pienso escribir mucho.

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